Los clásicos

La montaña, de Enrique Anderson Imbert

Por Enrique Anderson Imbert

Montaña

El niño empezó a treparse por el corpachón de su padre, que estaba amodorrado en la butaca, en medio de la gran siesta, en medio del gran patio. Al sentirlo, el padre, sin abrir los ojos y sotorriéndose, se puso todo duro para ofrecer al juego del hijo una solidez de montaña. Y el niño lo fue escalando: se apoyaba en las estribaciones de las piernas, en el talud del pecho, en los brazos, en los hombros, inmóviles como rocas. Cuando llegó a la cima nevada de la cabeza, el niño no vio a nadie.

-¡Papá, papá! -llamó a punto de llorar.

Un viento frío soplaba allá en lo alto, y el niño, hundido en la nieve, quería caminar y no podía.

-¡Papá, papá!

El niño se echó a llorar, solo sobre el desolado pico de la montaña.

***

Aparentemente una pieza rara, pues Enrique Anderson Imbert ha sido muy conocido como ensayista e investigador de la literatura hispanoamericana, y, sin embargo, ahora nos muestra su alta calidad en el cuento. Y, amigos, ¡qué cuento! Esta mínima narración abarca toda una infinitud de sugerencias. Al menos, lo que sí queremos destacar es que con esta economía de palabras, el autor nos da una inmensa ambigüedad: ¿un relato realista?, ¿un cuento fantástico?, ¿qué es lo cierto: el niño en la montaña o el padre dejando que la criatura se encarame sobre él?, ¿la incertidumbre?, ¿la soledad?… Sólo cada lector tiene su versión… Recordemos que la ambigüedad es una de las más altas connotaciones del hecho literario.

Manuel Gayol Mecías

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Enrique Anderson ImbertEnrique Anderson Imbert: (Córdoba, Argentina, 1910 – Buenos Aires, 2000) Narrador y crítico literario argentino, autor de un ensayo fundamental, Historia de la literatura hispanoamericana (1954) y de cuentos breves reunidos en diversas antologías. Estudió en la Universidad Nacional de Buenos Aires y fue discípulo de A. Alonso y P. Henríquez Ureña. Inició su labor narrativa con Vigilia (1934), que fue reeditada con su novela Fuga en 1963. Ejerció la docencia en las universidades estadounidenses de Harvard y Michigan, como profesor de literatura hispanoamericana, y destacó por sus ensayos y críticas. Sus cuentos se sitúan en una zona entre lo fantástico y el realismo mágico: El gato de Cheshire (1965), La locura juega al ajedrez (1971) y La botella de Klein (1975). Recopiló sus ficciones en El mentir de las estrellas (1979). Entre su producción ensayística cabe citar Tres novelas de Payró con pícaros en tres miras (1942), La crítica literaria contemporánea (1957), Crítica interna (1960), La originalidad de Rubén Darío (1968), El realismo mágico y otros ensayos (1976) y El arte del cuento (1978).
(Tomado de la página web Biografias y Vidas)

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