Cuento

La oscuridad de la nada

Por Carlos Ruvalcaba

Hieronymus Bosh, el Infierno (Jardin de las Delicias Terrenales)

***

Es un agujero el que me grita desde dentro, me llama y me dice: “Me duele”, mas yo no quiero ir porque no me atrae el grito del dolor, pero no me puedo ensordecer ante su llamada y afronto la oscuridad y penetro con miedo, sí, reconozco que con miedo, pero no me da vergüenza decirlo. Al principio de la oscuridad no sé qué pensar y quiero recurrir a mi mundo e iluminar esta oscuridad con mi luz, pero lo creo absurdo porque para eso me quedo en el mundo de la luz, es necesario que esta noche penetre en la oscuridad y no pienso recurrir al truco de mi mundo, en donde me aparto de la realidad y todo lo creo yo; esta vez quiero asumir mi miedo y penetrar la oscuridad por donde ahora camino, aunque esté escuchando música de Johann Sebastian Bach, sé que esto me servirá de guía en el camino, sabré al menos por dónde debo regresar, no hace falta regresar, bien podría encontrar otro mundo más adecuado, lejos de mis zapatos rotos y mis problemas para conseguir la comida de mis hijos, quiero esta vez… no puedo querer nada, ni siquiera dejar de tener miedo, esta vez no puedo pedir nada ni crear nada para esconderme y enmascarar mi miedo. Tampoco puedo malgastar palabras ni adjetivos, pero sé que es este miedo el que me hace divagar, no puedo concentrarme y no veo nada, todo está oscuro, como cuando era niño, como cuando estaba a punto de nacer, o como cuando me quedaba solo y nadie acudía a mi llamada en aquel cuarto oscuro, nadie acudía a mi llamada, en aquel cuarto oscuro, sentía miedo como ahora, creo que será mejor que vuelva atrás porque la música de Bach la escucho cada vez más lejana, pero no, no hay adelante ni atrás, no hay infancia ni futuro, sólo miedo que debo afrontar siguiendo por esta oscuridad interna que me aleja y que me da miedo, pero debo afrontarla con toda mi cobardía y mi luz. ¡No! Luz no, esa fórmula aquí es peligrosa. Debo aprender a mirar con los ojos del interior, eso es, con los ojos del interior, ya veo, mentira, no se ve, pero se anda, falso, aquí no se anda, ¿se flota? Incierto, no lo sé, pero es esto lo que produce el miedo, el no saber nada.

He tenido que coger papel, el vehículo que me lleva en este viaje que cada vez me horroriza menos, empiezo a divertirme, ¿divertirme? No sé, pero tampoco quiero pensar, ahora soy algo que flota y que no se ve, no se ve, ¿nos vemos? Creo que no nos vemos, no nos veremos jamás, pero no se puede recurrir a viejos recursos, sigamos caminando, ¿sigamos? ¿Voy con alguien? Sí, siento que alguien me lleva ¿alguien? Algo, sí, ¿con quién hablo? Ahora tengo miedo otra vez, es la vida, lo desconocido, odio la vida y sobre todo la muerte, la muerte tiene algo que ver con todo esto, no me interesa pensar en la muerte, las obsesiones no caben en este mundo, aquí  la única obsesión posible es el miedo, miedo por aquí, miedo por allá, miento, estoy mintiendo otra vez, recurro a pensamientos tópicos que me hacen escapar, no quiero huir, quiero sentir el mayor de los horrores, quiero escuchar la música de Bach cada vez más lejana, pero no quiero morir, esto no es la vida ni la muerte,  es la nada… la nada es más que el todo y puedo aspirarla en medio de esta oscuridad, ¿oscuridad? ¿existo? ¿sigo? sigo, sigosigosigosigo, escucho lejanamente la música de Bach, sí, es melancólica, nada de melancolías, nada, cambio de estación, pero no es una estación, es música, es sonido ¿sonido? es… ¿es? No oigo nada, nada, eso es, camino por el camino de la nada, pero no puedo aspirar a saber lo que es la nada en su totalidad.  Tenemos sólo la lejana extrañeza de lo que podría ser el todo, pero también podría ser que el todo fuese una pequeñísima parte de la nada, la nada es… es… la nada es… otra vez escucho a Bach, lo escucho, es por ahí, ¿por dónde? Ah sí, por la nada, la nada, eso es, la escucho, la siento, la vivo, la nada es esta música de Bach que escucho cada vez más lejanamente, porque si el todo es parte de la nada y si Bach es parte del todo, entonces Bach existe sólo dentro del todo ¿o también de la nada? Y qué es el todo entonces, ¿es verdad que es una pequeñísima parte de la nada? Y qué hago aquí entonces, a dónde ir cuando he dejado atrás tantas preocupaciones, hijos, madre, amores, pasados, recuerdos y Bach que vuelve cada vez con mayor fuerza, y este viaje que me parece cada vez más absurdo, no, tienes que reconocerlo, el viaje no es absurdo, es el miedo que sientes el que te impulsa a pensar en los problemas que has dejado allí, en el mundo de la luz, ¿el mundo de la luz? ¿Quién  me habla ahora? ¿Con quién estoy hablando? ¿Es que aquí no existe la gramática? ¿O es que estoy hablando con alguien? No, alguien me está hablando a mí; no, es desde afuera; no, soy yo, sí soy yo, alguien me ordena que escriba esto; no, no le dejaré, seas quien seas no te dejaré, nadie podrá introducirse en mí, sé que existo porque escucho el órgano de Bach, lo escucho, estoy seguro que lo escucho, aunque lejano, su música es alegre, se desintegra en la oscuridad, ¿de dónde proviene ese instrumento que quiere ser alegre pero que no consigue serlo? La nada, el todo, es todo esto una tontería, tengo que dejarlo, no, no es posible la marcha atrás; y ¿qué voy a hacer? Estoy solo, solo. Fuera ideas, no más matemáticas ni lógicas ni agarraderos familiares del pasado, siempre ha sido el todo y la nada mezclados,  ¿¡quién me toca, quién está aquí!? ¡Fuera, no lo conseguiréis, no me poseeréis! No podréis hacerlo, soy fuerte… ¿fuerte? tengo horror, no es verdad nada de lo que estoy diciendo, no es real este mundo de oscuridad que estoy inventando ahora, es falso, falso, es otro agarradero para irme de aquí, de mi mesa de trabajo, de esta habitación y del aparato que está reproduciendo la música de Bach y que repito con ánimo obsesivo; no, no puedo volver de esta manera tan cobarde, debo seguir aunque tenga que hacerlo sin Bach, pero será mejor que me tome un respiro, sí, necesito respirar, necesito escribir, no, escribir no necesito, quiero viajar, quiero ir al fondo del agujero, a desmadejar este hilo retorcido; no, no es eso lo que quiero, tengo que bucear, eso es, bucear, pero tengo miedo, no, no me da vergüenza decirlo, pero… ¡Otra vez estáis aquí!, ¿quiénes sois? Varios sois, siento vuestras presencias, no podéis engañarme, pero os prevengo que tampoco conseguiréis poseerme, no pertenezco ni perteneceré nunca a nada ni a nadie, no puedo pertenecer a nada, es una aspiración demasiado grande para un pobre ser inmundo como yo, estoy ligado al todo y por eso no puedo pertenecer a nada, pero además no quiero, ahí está la vanidad de la impotencia, ¿impotencia, vanidad? Pero que palabrejas son ésas, de eso no se quiere tratar aquí, además esos términos no significan nada aquí, no significan nada… nada…

Está bien, nada, nada puedo hacer y no sé porqué he decidido venir al mundo de la nada, de la oscuridad, pero la verdad es que estoy aquí, ¿verdad? Y qué es eso de verdad, que falsa suena esa palabra, tendrás que perdonarnos pero aquí no se comprenden esos términos, son palabras que habéis inventado en vuestro mundo, ¿con quién hablo? ¿estoy hablando con alguien, o es que alguien me habla a mí? Está bien, puede que exista la nada y puede que el todo sea una pequeña parte de la nada y entonces la nada exista, pero afirmo y reafirmo y grito cuantas veces sea necesario que mi miedo existe y que tengo mucho miedo, pero claro, es un miedo sin sentido porque, a fin de cuentas ese miedo pertenece al todo y por lo tanto no existe ¡Que sí existe! Lo siento yo, está aquí, dentro de mí, ¿existe algo dentro de mí? Desde dentro no se escucha nada, Bach, no escucho más a Bach, pero qué es esa música extraña. Si realmente estoy en el mundo de la nada, puede existir también la música, y si la música existe en la nada entonces mi miedo tiene una razón de ser estando yo aquí, aunque al final exista yo, y mi miedo, y esa música extraña que escucho ahora y que se prolonga y que me pone la piel de gallina, estoy aquí, si estoy aquí, todo es mentira, lo estoy inventando todo para escaparme, para escabullirme de aquí, del todo, y no quiero pensar más en la nada, quiero sólo el todo, quiero todo, deseo tenerlo todo, llenarme de todo incluyendo la mierda de vuestros lujos y tentaciones, quiero tenerlo todo para perder este horror que me persigue, claro, a eso no tenemos miedo, a lo que está fuera y que es superfluo no le tememos y lo de adentro nos aterroriza, nos causa pánico, horror, como esta música que escucho, ¿con quién hablo?

Ya está , la solución está en Malher ahora que esa música ha dejado de existir, no escucho nada, no oigo que mi mujer se quiere ir a dormir y que le molesta que escriba a máquina, no estoy aquí, me niego a dejar de escribir, a dejar de sentir este miedo que me produce deseos de vivir, quiero negarlo todo sin método, quiero… quiero, pero como veo esos ojos, si son ojos, pero no sé si son ojos, no puedo creer en nada, aquí no existe ninguna creencia, aquí no se conoce la palabra Dios, es un rincón del universo que Dios no ha explorado… ¿con quién hablo? La realidad sí existe y la mejor manera de comprobarlo es que me llama, sus ojos me llaman, pero no sé si hacia adentro o hacia el infinito, sería terrible encontrarme frente a frente ante su mirada, me desharía, me horroriza sólo pensarlo, prefiero escapar a mi desfiladero y mirar cómo la tormenta eléctrica ilumina un mar que se escucha abajo, pero que no se ve, se adivina sólo por los efectos de los relámpagos, no, estoy usando una metáfora para explicar este mundo de la oscuridad en relación con la realidad; hay cosas que existen pero que no las vemos, o que no queremos verlas. La metáfora no la he inventado he recurrido a imágenes que he visto en la realidad porque las personas con las que vi los relámpagos sentían miedo ante los estruendos de los rayos que se estrellaban contra el mar nocturno, pero no veían el mar que se escuchaba abajo, ellos no podían ver el mar porque estaban ocupados sintiéndose vivos a través de sus miedos y el miedo cambia la realidad aunque la realidad esté allí porque no puede ser igual para todos, pero entonces no podéis hablarme de certezas y de verdades y principios, ¿con quién estoy hablando?, no me dejo ir, no me lo permito, porque tengo miedo, tengo miedo, ¡no me poseeréis nunca!

Siento que me llama, me está llamando, me dice ven y me sonríe su rostro que sale del fondo del mar, gigante, muy grande y sé que no debo ir, no debo, pero quiero ir. Sí, ella existe, y si existe todo es verdad, pero ¿y la nada? La nada existe, lo veo en su cara, ella me lo dice, su mirada me llama, la veo ahí, sonriéndome, llamándome con cara de mujer y la amo, pero no debo acudir a su llamada, he visto pasar una sombra, la he visto, era blanca y transparente.  Mi mujer ha venido a decirme con su presencia que la nada existe. Le he pedido que al salir me encendiera la luz y cuando salió me encendió la oscuridad.  Bach no se escucha más, ahora es una flauta que imita un viento ligero que se mece entre las ramas del espeso bosque de sauces y una voz femenina canta a la melancolía, ¿melancolía? Quiero volver a casa, quiero que sea verdad que mi mujer me encendió la luz al salir pero no consigo entender cómo me quedé en la oscuridad desde que se fue… ¿a dónde se fue mi mujer y por qué esta voz femenina le canta a la melancolía?

Sí, estoy aquí y ya no tengo miedo, no, no me da vergüenza decirlo, ahora mi cobardía se ha hecho fuerte, la voz de la flauta se aleja diciendo ”me voy muurienndoooo”.

Confieso que otra vez siento miedo, estoy vivo, existo ¿existo? Siento melancolía por el mundo de la luz, no quiero melancolía, ya la he padecido bastante, pero debo reconocer que siento melancolía cuando la rechazo, la rechazo, echo de menos la melancolía cuando… no me importa, quiero escribir lo que yo quiera… no me importa…¿con quién estoy hablando? Miedo ven a mí, estreméceme, llévame a la oscuridad, introdúceme, aléjame de aquí, Bach, a dónde te has ido, tócame, dime que esto es mentira porque somos parte del todo, dime que la nada existe, si la nada existe entonces todos los planteamientos humanos y las culturas y las religiones y las ideologías y todo quedaría en evidencia, por eso los mortales no quieren ver las cosas como son, por eso existe la objetividad, el hombre no se quiere dar cuenta que la nada existe y si existe entonces es verdad que el todo es una pequeña parte de la nada, pero también puede ser cierto que lo que es, exista, y que ese todo sea falso, irreal, porque nosotros lo hemos construido falso e irreal, como las medidas del tiempo y el calendario, el valor del dinero y los metales, las religiones con sus dogmas y  morales. Al hombre no le interesa reconocer que su todo es parte de la nada, pero el todo es tan sólo el todo del hombre que es infinitamente inferior a la gran nada, por lo que la cultura del hombre es apenas casi nada, más pequeña todavía que una mierda de mosca, es casi nada, casi nada, nada… la nada existe y si existe es, está, no es nada de nada de nada, sino todo lo contrario… es todo de todo de todos todos lo único que existe y el todo es nada, casi nada, pero es, sí, es, y seguirá siendo aquí, en esta oscuridad en la que me he metido sin saber por qué…

Ya no escucho a Bach… voces lejanas habitan afuera, escucho el ir y venir de la gente, sus voces todas las escucho bombardeadas, sus risas también y sus coches… y yo aquí, sentado en esta oscuridad a solas, ¿a solas? ¿sentado? Oscuridad, sí, oscuridad de nada, de nuestro pequeño todo tan lejano, como si hubiese sido vivido en alguna realidad ajena, lejana… Debo volver a la luz… ahí está la luz… veo un resplandor que ilumina el horizonte… colores dorados con seres que se mueven, hay batallas, incendios, un mar al fondo con barcos incendiados, batallas, parece una guerra, me acercaré, empiezo a tener miedo otra vez, ahora veo más claro, sí, es una batalla aunque no hay soldados, será mejor que vuelva a la oscuridad porque este mundo de luz me horroriza más aún, pero no queda tiempo, el teatro humano ya ha comenzado, los saltimbanquis se retuercen por los suelos, se estremecen en su agonía, el asesino acecha… un olor putrefacto atormenta mis sentidos… un espadachín se defiende cuando se disponía a comer junto a la mesa todavía humeante, nada pudo hacer por su dama arrastrada por un esqueleto viviente… su sirvienta también fue llevada… el escudero ya está en el suelo, su señor caballero acude en su ayuda, el caballero también es vencido, de nada le sirvieron sus armaduras, en el suelo le deben pesar más que nunca, o quizá ya no le pese nada… nada… el esqueleto ataca con su guadaña, pero no está solo, es un ejército asesino que vence a los mortales, los mata a todos ellos, a los curas y poderosos, a los miserables y ostentosos… un perro esqueletudo devora un cadáver infecto de un ama de casa embarazada… un huesudo carga contra un campesino robusto vencido por el vaguido fétido de la agonía, una moza radiante se retuerce de dolor cuando va a ser pisada por una apacible mula huesuda que arrastra un carro de calaveras mientras un insolente rumia, un cuervo y un esqueleto montan su lomo… una monja pide clemencia al cielo, una montaña de muertos infectan el ambiente, un caballo huesudo derrocha sus últimas energías cabalgando por encima de la montaña de cuerpos con su mirada mongólica y su desvarío mortecino… en el lago flotan más cuerpos mientras otros se resisten a ser ahogados… al fondo el gran incendio y los barcos incendiados, en la hendidura del árbol un cuerpo asaeteado, en la fogata un chamuscado, en el travesaño un ahorcado, en la montaña un guillotinado, en el castillo millares de calaveras, en el ataúd de ruedas un cadáver blanquecino… una virgen desnuda intenta escapar, aves de rapiña sobrevuelan el calor del fuego… la visión se desvaneció… se apagó el rumor de los mundanos… el silencio se hizo oscuridad mientras yo remiendo el camino aquí, asustado, sin escuchar más a Bach, sin poder llegar a la realidad que espero. No es un recurso, reconozco negar mi realidad, la desapruebo, la desconozco conscientemente, la rechazo, estoy bien aquí, metido en el armario entre los vestidos de mamá, con las puertas cerradas y la angustia de mi madre que me busca, y gozo haciéndola pensar en mí, me agrada que se preocupe por mí, aunque al salir me tire de las orejas por darle el susto… ahora se ha ido a la cocina llamándome a gritos… me estará buscando debajo de la mesa o en el trastero donde me encontró otras veces… debo salir de aquí antes que descubra mi nuevo escondite.

***

Carlos RuvalcabaCarlos Ruvalcaba nació en Zamora, Michoacán (México). Publicó su primera novela Vida crónica en Ediciones Alfaguara de Madrid, España en 1982. En 1996, Santillana USA publicó La mariposa bailarina, un best seller infantil que se distribuye sólo en USA. Alfaguara USA ha reeditado múltiples veces ese libro. En diciembre del 2006, la Secretaría de Cultura de Michoacán publicó su novela Los novenarios. Su más reciente novela, La cita, se encuentra actualmente en imprenta y está programada para presentarse en la Feria del Libro de la ciudad de México, a celebrarse en febrero del 2010 en el Palacio de Minería, bajo la firma de la Secretaría de Cultura de Michoacán. Ha traducido del inglés al español los libros infantiles La boda de la ratoncita y La princesa y el pintor para Santillana USA, además de otros libros de negocios.

© 2009, Carlos Ruvalcaba. All rights reserved.

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2 comentarios to “La oscuridad de la nada”

  1. Carlos M. Paz

    AmigoRuvalcaba: Nos alegra saber

    #38
  2. Carlos M. Paz

    Bravo, Ruvalcaba. Aplaudimos tu regreso al mundo literario. Pensabamos que te habias prdido definitivamente. No hemos olvidado el “desayuno literario” que nos reunio alguna vez con unmismo empeno. Bienvenido. Carmen y yo hemos disfrutado “La oscuridad de la NaDA.” ESPERAMOS VER MAS, pronto. No todo el tiempo puede ser para Maru, aunque nos alegra saber que has formado un hogar. Bienvenida ella tambien. No te pierdas. Nosotros seguimos aqui, en la marcha. Carmen escribe y yo, bueno, ella dice que soy “editor.”
    Un abrazo de los dos para los dos. Carlos

    #47

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