Poesía

Catorce poemas de Margarita Belandria

Otros puntos cardinales

*

La yerba de las rosas

Despido sin duelo los festines.

Un aplauso sacude los huesos de mis manos,

las  que retiran la yerba de las rosas

y tiemblan  al rumor de los clamores

maldiciendo al  colmillo  enrojecido

que muerde el dolor de los corderos.

Manos para siembras afanadas,

para tantear oleadas de palomas

que olvidadas de nidos y algodones

muy lejos se alejan arrullando.

(Publicado en Predicado y otras webs)

*

Rumbo al Sur

No es posible desandar mis pasos.

Una corriente de vientos platinados

los arrastra con  fuerza vegetal

al verde territorio de vendimias

que se apresta cuantioso  al agasajo.

Es un trueno que resuella adentro,

relámpagos australes,

festejos de risa enamorada,

temblores en mi mano agradecida.

(Publicado en Predicado y otras webs)

*

Cuando la tarde muera

Mañana cuando llueva miraré a la araucaria con sus viejos temblores.

Cantaré aquella canción mañana mismo cuando la tarde muera.

Entonces, ¿quién estará en la puerta cuando el invierno venga?,

¿Quién en la sala para escuchar del viento su gemido?

Pienso en qué harás con la delgada huella que acomodé en tus manos,

con esa lágrima que saltó de donde tu alma se levanta.

Recuerdo en tus ojos el revoloteo de golondrinas

y en tu boca  el susurro quedo de las abejas errantes.

Voy soñando tus manos imposibles,

y tus pies enrumbados por lugares que ignoro.

(Publicado en Predicado y otras webs)
*

Porfía

Dijo un día que no invitara a nadie a nuestra casa.

Alguien terminaría escribiéndonos un cuento en el corazón,

poniendo en él una canción,

susurrando en él,

porfiando en él.

No escuché nada.

Ahora un piélago separa nuestras casas.

En los potreros solos crecen los abrojos cada vez más altos

y plantas  que despiden al sol de las ventanas.

Las soleras del techo son pasto de termitas;

un polvillo de madera

hace un montón sobre la cama

donde  sólo duerme bajo las cobijas

el recuerdo de una canción

que alguien musitó en el corazón,

cuchicheando en él,

porfiando en él.

(Publicado en Revista Faceta, Ibagué-Colombia,
No.30, p. 2, 30 de noviembre de 2008)
*

Sur

La puerta de mi casa mira siempre al Sur,

donde las aguas escurren a morir,

y los pájaros caen como ceniza.

Oigo el seco crujir de los geranios

por  el silbido que baja de las nubes.

Vivo solamente si me dueles,

si ardes como antorcha entre mi carne.

Ríos que braman siempre al Sur.

Siempre al Sur,

hacia donde la puerta de mi casa mira.

*

Sublevación

Has hecho mis ojos para mirar la nada,

mi lengua incapaz de pronunciarte,

mis oídos sordos a la sinfonía de las esferas.

Abro la puerta por donde salió la ausencia:

los árboles gritan su caída;

las piedras, su silencio.

Los corazones golpean furiosos en los pechos afanados,

y un alcatraz vigila el eco de su corazón dormido.

Mi alma delgada de tristeza se subleva.

Clama en el áspero color de los desiertos,

en el grueso sabor  de la tiniebla.

Como yo aquel día

has puesto un silbido en el roto corazón de la calandria,

y un nidal secreto en cada bosque de la Tierra.

Desde esta tierra querida de la muerte

lenguaradas se alzan en busca de tu nombre.

Callado el cielo oscurece herbolarios tropicales,

borrando de tristeza ciertas tardes,

aquella esquina no mirada.

Por ti los lirios cayeron de rodillas

y una barca ligera se arriesga en profundidades marinas.

En la tarde postrera regresas una nube

a la niña que juega con  zafiros.

*

Velo

Que ande yo como ahora

sin las venas palpitando;

sin un hilo de voz

entre este bosque de alaridos.

Yo, que durante siglos velo

el ronco sonido de la noche,

he mirado con estos pobres ojos

el llanto mudo del parto de las perras,

y la orfandad de cuanto habita

bajo el cielo arrodillado.

Yo, que yazgo sobre tierra fría

oyendo caer la ceniza de los muertos,

me pierdo a las cuatro de la tarde

en sopores estivales

y siento

una enorme punzada

al recordarte.

*

El olor de mi existencia

Huelo mi existencia

y sólo encuentro los gestos

inventados.

¿Qué destino ha tomado el autor de las hechuras

que revuelve sangre, barro, vida, yerba y muerte?

¿Soy del llanto que llevo en las pupilas?

Despertar quisiera en otra hora,

hilar minutos de otra orilla

y estas lágrimas saberlas mías.

*

Destino

A Gladys Portuondo

Salí una tarde

por la rendija más angosta;

puertas y ventanas

habían sido clausuradas.

Vago sin memoria,

derramando una brisa diminuta

sobre geranios

que ya no olerán para nadie.

Algo me convoca

a descifrar los presagios,

pero yo sólo conozco

los bramidos

de las calles descalzas.

Hoy prefiero

pagarle al mundo

cada una de mis deudas,

echarme toda la tierra encima

y borrar los horizontes

del destino que me asedia.

*

Agua calma

Como agua calma

miro las tardes alumbrar.

Ovillando los recuerdos

asoman mocedades

en los resquicios del tiempo.

Desempolvo el espejo

que guarda mi memoria,

y sólo consigo mi nombre

y este destino inexplicable.

*

Sin nombre

Entró igual que un águila

volando a través de las cornisas.

Enrumba alas y memoria

hacia las casas agachadas

en la cresta del barranco

que antes fuera la colina más alta.

Otea.

Escarba el hedor de los corrales

despeñados hace tiempo.

Muy lejana se oye la voz de un campanario.

Con el mismo impulso

sale en estampida a buscar otros aires,

y su rastro sólo queda

en los ojos aguados

de los perros sin nombre.

*

Con la tristeza al hombro

Quise despedir

tristemente a mi tristeza.

Vagué por calles grises

en busca de un lugar

para tirarla.

Pero ella

acarició mis ojos,

se enroscó en mis labios

y, como gota de hiel,

se instaló en mi garganta.

*

Mis ranas

A Pedro, Miguel y Leo

Noches lejanas, eterna letanía,

detenida y doliente en los rosados del alba.

Croando su tristeza sajaron mi corazón

al filo de su canto.

Con esa cicatriz desafié mi mundo de verdugos

que osaron mudarnos la esperanza.

Mis viejas ranas

de plateados charcos,

lectoras de la lluvia,

maestras del pantano.

Mérida, 1984

*

Brizna diminuta

La tarde acaricio con mirar sereno,

el alma dulce por el llanto,

las aves amorosas en los cielos.

Emergen flores de sus trazas verdes

en tono celeste con la tierra.

Y el gorjeo de la vida

en la brizna diminuta que mueve a las espigas

y al polvo levantado por los pies pequeños

nublando los ojos y los vientos.

A partir del poema “Sur”, éste y los que le continúan pertenecen a su libro Otros puntos cardinales, Mérida, Venezuela, Coedición de la Asociación de Escritores de Mérida y el CENAL, 2006*

Margarita_Belandria4Margarita Belandria. (Canaguá, Estado Mérida, Venezuela). Escritora de novela, cuento, ensayo y poesía. Abogada y Magíster en Filosofía, profesora de la Universidad de Los Andes, Mérida, en el área de Filosofía del Derecho, Lógica y Hermenéutica Jurídica. Distintos autores han realizado estudios sobre su obra en la IV Antología de la Asociación de Escritores de Mérida (AEM) Escritoras venezolanas ante la crítica, 2007.  Entre sus publicaciones se destacan: Qué bien suena este llanto (Novela), Mérida, Venezuela, Coedición del CENAL y la AEM., Mérida, 2006 (Mención de Honor otorgada por la AEM en el Concurso de Narrativa “Antonio Márquez Salas”, 2004) y ha sido objeto de estudio en el “Seminario de escritoras iberoamericanas” de la Maestría de Literatura Iberoamericana de la Universidad de Los Andes (ULA), 2008; Otros puntos cardinales (Poesía), Mérida, Coedición del CENAL-AEM, 2006 (Mención de Honor por la AEM en el Concurso de Poesía “Simón Darío Ramírez”, del 2005). Otras selecciones de poemas suyos han sido publicadas en: “Al Pie de la Letra” del Diario Frontera, 12 de junio de 2004; I Antología de Poesía, AEM, 2005; III Antología de Poesía, AEM, 2006; revista La Palabra, Barinas, Venezuela, No. 8, Instituto Barinés de la Cultura y Bellas Artes (INBCYBA), 2006; y en Revista Faceta, Ibagué, Colombia, No.30, p. 2., 30 de noviembre de 2008.

*

© 2009, Margarita Belandria. All rights reserved.

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