Poesía
Gardelianas
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- Las pinturas de Matías Montero Lacasa
- Los nombres de la guerra
- La migración en Matías Montero Lacasa: contexto e imagen
- Del ajiaco de los genes a la utopía de la imperfección
- Literatura e Internet, diversidad del mensaje
- Doce poemas de Esteban Moore
- Dos breves reseñas de Jorge Muzam
- Radio Puente
- Nadie encendía las lámparas
- Ya no hay decencia
- El festín de los olores
- La máquina Singer de mamá
- Las sensuales capuchonas
- El último bolero que baile contigo
- Gardelianas
- Admonición al peregrino
- Oración del retorno, un poema de Esther Seligson
- Lejanías (In Memoriam Esther Seligson)
Tango en Montevideo
Me recibe el tango en Montevideo con
La uruguayita Lucía recién regresada del exilio
que lee la prensa en el Sorocabana
Julio Sosa entra a la ciudad por alta mar
Le mira a la muerte su diente leche
Desde la otra orilla porteña llegan
Las misivas de los emigrantes
Que todas las noches ven Montevideo
en la pantalla del televisor
Razzano friega su guitarra en Pocitos
Y Gardel tiene que cantar solo
En el Mercado
Estamos con Francisco Canaro Froilán Aguilar
Alberto Alonso y Matos Rodríguez celebrando
La página en blanco que superó José María Aguilar
En las cenizas de Medellín
Pasa una muchacha por 18 de Mayo hermosísima
como tantas orientales
Es de noche
Cae una lágrima:
Se fue la juventud,
La vejez es un hecho consumado,
Montevideo me dice la verdad
***
Gardeliana I
Me importa poco donde naciste:
Toulouse
Buenos aires
Tacuarembó
o La Habana
porque, para mí,
tú llegaste al mundo en aquel cine de mi pueblo
donde éramos dichosos tú, mi madre y yo,
nadie más.
Salía tu voz en aquella oscuridad
Hacia mis sueños cantando como nunca.
En nuestra fe, nuestra esperanza
Tú no eras un muerto y como tú,
Cantábamos el mañana
con la boca llena de rencor.
Carlitos, ¿qué me importa dónde naciste
si contigo yo entré a la poesía
y ahora eres parte de mis lágrimas sinceras
y cantas en Corrales el Abasto
y de aquellas madrugadas
de mis días feos?
***
Gardeliana II
En medio de la noche sonámbulo,
agarrado a tu recuerdo,
bajo la lámpara del insomnio
cruje la voz de Gardel y me dice
que sólo me queda
de tu mágico recuerdo
el yelmo roto de triste soñador
Se hunde la noche en su tinta,
repaso tus ojos,
me canta Gardel
que estoy vivo,
que mañana te veo
***
Gardeliana III
Hoy estoy para cantar un tango
Mucho mejor que Julio Sosa o Carlos Gardel
Besar a una uruguaya o una porteña
De ojos celestes hablar de La Habana
en el Sorocabana o en Los Inmortales
privatizar para mí sólo Buenos Aires o Montevideo
y regalarla a mis amigos
entrar a la librería y hablar con Beto Bianchi
de los tiempos que corren
por televisión de la esperanza
a pesar de Cambalache
llegar a casa de Diana y Rubén en Rosario
preparar un almuerzo porque estoy para sentarme otra vez
en las butacas del Cine Aída de mi infancia
y escucharle a Gardel un tango a mi locura de sueño infinito
encontrarme a mi madre librarla de harapos
porque hoy señores estoy
para cantar un tango a mi corazón que florece
y aun promete sorpresas
***
Gardeliana IV
Me agita el corazón un tango
aquel el que te hace inmensa en mi boca
el que me quita el miedo a la noche
el que borra tristezas al domingo
que hace menos doliente esta Habana de turistas
viejos boleros que se aroman de Montevideo y Buenos Aires
y respiran tus pechos esta noche junto a mí
y escucho ese tango aquel el que me lleva directo a tu lecho
a pesar de tanta oscuridad
***
Gardeliana habanera
Supe de ti Buenos Aires primero por mi madre
que me trajo al mundo cuando soñaba caminarte.
Yo que crecí escuchándole Madreselva
cada tarde en aquella sala de cine
con Luis Sandrini sentado a nuestro lado
tartamudeando los rituales del pobre.
Heme ahora aquí
caminando Corrientes
con mi madre acurrucada en mi corazón
mientras le describo la miel, la ternura,
el color del otoño en Buenos aires.
Mis poetas del tango
Lo único que tengo es esta poesía
que me dieron los poetas del tango.
suben a mi boca y me consuelan
esta manía de perderlo todo:
Cadícamo
Manzi
Discépolo
Castillo.
Ellos estuvieron conmigo
En la oscuridad
y me enseñaron a vivir en ella.
las dulces tarjetas que la vida a veces reparte
me las traen esos poetas
para mirar el cielo,
hacer este poema.
¿Cómo caminar sin esos poetas del tango?
¿Puede usted decirme?
***
© 2010, Felix Contreras. All rights reserved.








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