En seguida, frente a una larga fila, Sísifo preguntó quién era el último; luego se sentó sobre el borde de la acera y con los ojos enrojecidos metió su cabeza entre las piernas. Antes de que llegara su turno para el agua, tendría la esperanza de soñar… Porque así podría tener, siquiera, la posibilidad...
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