Una violenta desazón, desesperación, frustración y furia fueron los disparadores que propulsaron el inicio de las presentes indagaciones. Se deben al acecho continuo, desde las redes sociales y los medios de comunicación, de una concatenación de hechos que se sucedieron con intensa violencia y persistencia.

Son constantes revelaciones de horribles asesinatos, abusos, secuestros, violaciones y un sinnúmero de crímenes cometidos contra las mujeres que habitan este mundo mío, este mundo nuestro.

Aparecen como eventos aislados. Pero constituyen sólo la particularización de un fenómeno transversal, vertical, interseccional e histórico. Me refiero al sistema patriarcal que oprime, somete, explota, violenta a la mujer.

Se requiere una transformación estructural

La discusión sobre el sistema patriarcal no es una cuestión cultural, individualizada, personal o que compete sólo a los espacios privados, íntimos. La transformación del sistema patriarcal es un asunto político, público, colectivo y mundial, dice la antropóloga argentina Rita Laura Segato. Añado a su postulado, es también un asunto económico, que obliga a una profunda transformación estructural.

La lucha le exige a la cuarta ola feminista no sólo buscar cómo detener los feminicidios y todas las formas sexuales, físicas, emocionales y psicológicas de violencia contra la mujer. También demanda batallar vertical, interseccional y transversalmente a nivel político, económico, social, cultural, individual, íntimo y privado, en cada país, ciudad, poblado, comunidad, casa y relación interpersonal, por los derechos de la mujer.

El 25 de noviembre, diez días después de mi silenciosa y casi sombría celebración de cumpleaños me sentí conmovida profundamente por una puesta en escena callejera en Santiago de Chile a cargo de un cuarteto de actrices. Las tesis movilizaron a más de cuatro mil mujeres para manifestarse en contra del patriarcado y exigir un alto a los feminicidios y a todo tipo de violencia contra la mujer.

El acto político, público, colectivo, no sólo se viralizó en las redes sociales, sino que tomó cuerpo de mujer agigantado. Ha sido representado, siguiendo los ritmos, rituales, gestos y denuncias en más de treinta y dos países del mundo. Ha convocado a cientos de miles de mujeres.

Sacudida por las manifestaciones, conmovida hasta las lágrimas, con un escalofrío, me preguntaba, ¿por qué me moviliza tanto este canto, esta denuncia? El canto es sencillo, potente, es una denuncia clara que dice:

El patriarcado es un juez
que nos juzga por nacer,
y nuestro castigo
es la violencia que no ves.

El patriarcado es un juez
que nos juzga por nacer,
y nuestro castigo
es la violencia que ya ves.

Es femicidio.
Impunidad para mi asesino.
Es la desaparición.
Es la violación.

Y la culpa no era mía, ni dónde estaba ni cómo vestía.
Y la culpa no era mía, ni dónde estaba ni cómo vestía.
Y la culpa no era mía, ni dónde estaba ni cómo vestía.
Y la culpa no era mía, ni dónde estaba ni cómo vestía.

El violador eras tú.

El violador eres tú.

Son los pacos,
los jueces,
el Estado,
el Presidente.

El Estado opresor es un macho violador.
El Estado opresor es un macho violador.

El violador eras tú.
El violador eres tú.
El violador eres tú.
El violador eres tú.

 

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Las tesistas, una denuncia política colectiva

Me pasaba algo distinto con las tesistas —por llamarlas de algún modo— a lo que me ocurría después de cada nueva revelación bajo la consigna #MeToo.

Ahora, ya no era una mujer sola, dolida, levantando la mano y apuntando el dedo hacia su cuerpo violentado. No era una víctima más de una violación sexual, de un abuso, con su nombre y su apellido, sola, de pie, dando la cara ante el evento de horror, pero donde el criminal, en muchos de los casos queda impune, es anónimo, está muerto.

El #MeToo, en la mayoría de los casos, es un grito a oídos sordos. Donde la sociedad, el estado y todas sus estructuras no escuchan, miran para el otro lado, entienden la denuncia social como una queja ‘histérica’ de otra mujer que no supo darse a respetar. Que no supo contener sus impulsos. Que no supo vestirse adecuadamente, etcétera, etcétera, etcétera.

El #MeToo es un testimonio en tela de juicio en esta sociedad patriarcal que se emite desde el espacio individual, casi íntimo, a una sociedad digitalizada o urbana que accede a las redes sociales o medios de comunicación. En el mejor de sus casos, el testimonio procede a la esfera judicial y al establecer una demanda jurídica, puede o no, proceder a un juicio y al castigo del criminal. La mayoría de las veces no procede y se queda como un testimonio del que se duda y sospecha por ponerse de manifiesto en las redes sociales y no dentro de las estructuras judiciales. Aunque todas ellas están dominadas, regidas y fundadas por los hombres.

La cinta negra en los ojos

La protesta política de El violador eres tú iniciado por Las tesis, es distinta. Las mujeres ponen su cuerpo al frente de la denuncia, pero se vendan los ojos con una cinta negra.

Se reúnen en un lugar público frente a las instituciones del estado, las ejecutivas, las legislativas, las judiciales. En los lugares claves de negociación política. Allí donde la sociedad desarrolla sus ritos, construye sus costumbres, regula los cuerpos y las conductas de las mujeres.

Cada cuerpo denunciante, en agencia pública, es una célula viva del cuerpo político de la mujer del siglo XXI, constituida por cuerpos de diversos estratos sociales, grupos étnicos, edades, credos, ideologías, formas de ser, visiones del mundo.

Se cubren los ojos, que revelan la identidad del ser, con una cinta negra porque es una forma de decir que no importa la identidad específica del cuerpo que denuncia, la individualidad adscrita al nombre o al apellido, porque casi la totalidad de las mujeres en el mundo entero han sufrido en su vida un acto de violencia por parte de un hombre, sólo por el hecho de ser mujer.

Lo que importa entonces es el género, el contundente e ineludible hecho de ser mujer, la condición social de mujer basta para ser víctima del patriarcado.

El opresor, el sistema patriarcal

Así, cada mujer y todas juntas constituyen la mujer política, colectiva, unida por una misma causa y contra un mismo opresor: el sistema patriarcal. Sintetizan la opresión en un canto acompañado de movimientos categóricos que simbolizan las formas en las que el cuerpo femenino es doblegado y violado: en cuclillas, con las muñecas atadas sobre la cabeza. Luego cada cuerpo se yergue, impulsado, fortalecido por las mujeres que acompañan y flanquean cada uno de sus lados. Se levanta y señala hacia el frente, con el dedo índice firme e irrevocable, al tiempo que grita con todas sus fuerzas, con todo el horror del crimen que sufrió, con todo el peso de su doloroso recuerdo, con toda la furia que exige justicia: “¡El violador eres tú!”.

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Y el dedo de este ser político que ejerce su agencia en colectivo se contrapone con el dedo individual, aislado y apolítico de la mujer que denuncia, en las redes o los medios, sola, sin que casi nadie escuche su clamor, el de un #MeToo que se entiende casi como una moda, como una atrevida revelación, que se denigra al grado de las notas que aparecen mostrando el color de la ropa íntima o la cama destendida después del encuentro amoroso.

Lo que ocurre con el #MeToo, es que el dedo de la que denuncia apunta hacia su mismo cuerpo de mujer, hacia el cuerpo de la víctima, se hunde en su propio dolor, se ahoga en su pecho, en su experiencia, se hunde en la individualización de su pena y del crimen.

Sin embargo, el dedo de las tesistas, apunta hacia el culpable, que actúa avalado y en complicidad con el estado y sus estructuras reguladoras y normativas. Las que no castigan a los machos opresores que rigen esas estructuras. En cambio, los disculpan, los liberan, los eximen, los perdonan. Y así, en todo el mundo.

El acto de las mujeres tesistas, es una acto político y liberador, de denuncia pública y colectiva. No revictimiza o autovictimiza a la mujer, sino que reclama justicia.

Colectivamente busca que el estado, la sociedad y las organizaciones no gubernamentales y no ligadas a partidos políticos se responsabilicen y hagan justicia. Que transformen las leyes y ejecuten los mandatos. Que castiguen, prevengan, eduquen y que derroquen al sistema patriarcal.

La cuarta ola del feminismo y sus objetivos

La cuarta ola del feminismo es liberadora en tanto que empodera a la mujer como agente político capaz de denunciar y exigir cambios. Está concientizando al mundo, incluidas muchas mujeres, de que el problema de la desigualdad de géneros y de la violencia contra la mujer es un asunto político y colectivo que nos compete a todos.

No es un asunto individual, privado, íntimo y exclusivamente jurídico-criminal aislado, que puede o no ser resuelto con justicia a favor de la víctima. El problema reside en el estado, en las leyes mismas, en su estructura, sus instituciones y esferas de poder. Por lo tanto, las soluciones son políticas, públicas, colectivas y vinculantes en todas las esferas del estado y la sociedad a nivel mundial.

El #MeToo no se contrapone o anula ante el acto político y colectivo de quien grita El violador eres tú. Ambos caminos, el individual socio-jurídico y el colectivo político-social se complementan y retroalimentan. Lo individual y lo colectivo, son, ambos, caminos hacia un mismo objetivo.

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El objetivo es hacer justicia y castigar al violador, al criminal. Es transformar de raíz el sistema patriarcal para detener la trata de niñas y niños, la prostitución, la pornografía infantil, la desigualdad de los derechos de la mujer y de género. Todas las formas de violencia que sufre la mujer.

No hay un solo camino, ni una sola clase social, ni un solo grupo ideológico, ni étnico, ni político que deba enarbolar la lucha, sus tácticas y su estrategia.

Hay billones de mujeres y una sola causa: derrocar al patriarcado desde la base misma de su estructura y construir una sociedad basada en la equidad, la justicia y el respeto a la diversidad. Es obligación de las mujeres de la cuarta ola feminista deconstruir estos conceptos fundacionales de las democracias patriarcales modernas y de sus constituciones, leyes, poderes y redefinirlos. Debemos hacer expresa, equitativa y cualitativamente la participación de la mujer en la transformación de las estructuras reguladoras y regidoras del estado y la sociedad.

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FAQ

¿Son contrarios “El violador eres tu” y #MeToo?

El #MeToo no se contrapone o anula ante el acto político y colectivo de quien grita El violador eres tú. Ambos caminos, el individual socio-jurídico y el colectivo político-social se complementan y retroalimentan. Lo individual y lo colectivo, son, ambos, caminos hacia un mismo objetivo. El objetivo es hacer justicia y castigar al violador, al criminal. Es transformar de raíz el sistema patriarcal

¿Por qué en “El violador eres tú”, las mujeres señalan a todos?

El dedo de las tesistas, apunta hacia el culpable, que actúa avalado y en complicidad con el estado y sus estructuras reguladoras y normativas. Las que no castigan a los machos opresores que rigen esas estructuras. En cambio, los disculpan, los liberan, los eximen, los perdonan. El acto de las mujeres tesistas, es una acto político y liberador, de denuncia pública y colectiva.

¿Qué diferencia a “El violador eres tu” del movimiento #MeToo?

La protesta política de El violador eres tú iniciado por Las tesis, es distinta. Las mujeres ponen su cuerpo al frente de la denuncia, pero se vendan los ojos con una cinta negra. Se reúnen en un lugar público frente a las instituciones del estado, las ejecutivas, las legislativas, las judiciales. En los lugares claves de negociación política. Allí donde la sociedad desarrolla sus ritos, construye sus costumbres, regula los cuerpos y las conductas de las mujeres.

¿Qué hace la cuarta ola feminista?

La lucha le exige a la cuarta ola feminista no sólo buscar cómo detener los feminicidios y todas las formas sexuales, físicas, emocionales y psicológicas de violencia contra la mujer. También demanda batallar vertical, interseccional y transversalmente a nivel político, económico, social, cultural, individual, íntimo y privado, en cada país, ciudad, poblado, comunidad, casa y relación interpersonal, por los derechos de la mujer.

 

 

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Maythé Ruffino
Poeta, escritora mexicana. Profesora universitaria de California State University. Egresada de la Universidad de California de Los Ángeles donde cursó las Licenciaturas de Ciencias Políticas, Estudios Latinoamericanos y Literatura Hispanoamericana. Recibió su maestría de California State University, Los Ángeles y actualmente cursa el doctorado en la Universidad de California de Santa Bárbara. Ha impartido talleres literarios, dado conferencias y participado en la vida cultural, literaria y poética en México, España, Canadá, Argentina y EEUU. Ha publicado en varias revistas y diarios en las ciudades de México, Managua, Los Ángeles, Miami, San Francisco, Washington, Madrid, Montreal y Argentina. Antologada por el Fondo de Cultura Económica en Anuario de poesía mexicana 2004 (como Maythé Rueda) como una de las mejores poetas mexicanas. De su creación los poemarios: Trenas de Bruma, Discrepancias, Singladuras de arena, Rasgando oscuridad, Poemas transitorios, Alas de Pájaro, De sal y ceniza, Dislorcaciones y Closed blinds. Miembro del concejo editorial de las revistas Monóculo, La Hoja y La Luciérnaga. Ganadora del premio de poesía de la Casa de Cultura de Long Beach, California 1999 y Premio de poesía Cal State LA 2006. Fue cronista y crítica literaria del diario La Opinión de Los Ángeles, además de dirigir talleres de literatura.

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