Levanto la pierna del alma hacia tu infierno, un poema de Maythé Ruffino

Los amantes II 1928 por Rene Magritte
…a Gustavo Ruffino,
el único hombre por quien hoy sobrevivo
y por quien mis palabras no morirán…

Lectura por la poeta

i

para morir un poco bajo tu cuerpo denso
en los barrios donde el carmín sustituye a la sangre
en un enfermizo gesto verde
se invierte el bestial encuentro de las carnes
los flujos de lodo desnombran el vértigo
en la decadencia de estos días tan noches como sus muertos 

me es negado lo nuestro 

huyo a cada encuentro con mi terror de encontrarte conmigo
                                                      dentro de mí sinmigo 

te toco los labios
       hundida
morir un poco bajo tu cuerpo denso
desde mi aleph maldito
                             decadente
sólo el cieno fluye sus caudales cenizos

deseo morir un poco bajo tu cuerpo denso
arrullar en mi entrepierna un canto dulce    humanamente yermo
olvidar acaso el miedo al escenario
el primer roce de tus dedos en mis senos
el temblor de tu mano sobre mis nalgas
las ganas de tu sexo recorriendo mis frágiles venas
tus ronquidos asfixiantes asustando los fantasmas del ocaso
tu abandono al inmutable rumor de los ladridos desorbitados de los perros
el hastío a la palabra profética                inestable
mi gélido insomnio           infante fugaz

y hoy         y jamás
tu nombre no debe pronunciarse
en la noche benigna que aún me doblega
                           como tus duras manos
olvidar todo y morir un poco bajo tu cuerpo denso
recordar todo y morir un poco bajo tu cuerpo denso

                                           ii

insisto
s  u  s    p    e    n     d      i      d      a
en este naufragio dulce de silencio
yo
que no soy tu mujer ni mujer de nadie
ni mujer
apenas remedo
dragón          cardo        ceniza del miedo
me orino sobre mi miedo
más allá del pacto
más allá del silencio
más allá del juego negro de todos los juegos
la sed
la sed y la sangre
yacen insustituibles en mí    en mis ojeras
donde la sangre sustituye a la sangre
porque ni mi sangre      ni mi boca
                                       que siempre es mi sangre
triunfarán sobre el misterio

“La amistad” de Egon Schiele

     iii

corroída por el torpe paso de la noche
que es noche apenas      que no llega a mi paso
levanto la mano
para arrancar un gajo de claridad al vacío
tropiezo con la espina que es mi heredad
la más necia de mis locos muertos

-vuelvo a la espina y no a los locos muertos-

la espina me atraviesa el odio
ensartada en la frescura de mi dedo índice
el señalador de siempre
más allá de la palabra que nombra

la espina atraviesa mi lengua
desde el flaco dedo negro que apunta al silencio
mi torpe dedo señala como recordando
que es de algún modo volver a la espina

índice espinado
            gotita de sangre
mismo que dejó al olvido señalar
el nombre prohibido
           por las mariposas carnosas y negras de tu boca
enmudecido          turbulento
alcanzó el silencio de tu alma en el simple roce de las redes

permanezco
extranjera en el grito de tus ojos
extranjera en tu rito amoratado de siempre tragarte la lagrimita
tuyyo        extraños      ajenos        se      p    a     r      a      dos
hundidos
no hay nosotros
famélicos perros mordisqueando las propias carnes hasta extinguirnos en la fuga

iv

me voy de tu boca
me voy de tu sexo inmensamente mío
me voy de tu silencio rotundamente tuyo
me voy de tu traición que se hace mía
me voy de la urgencia de ser en ti
del fuego        de la pertenencia
del espejo de tu espejo
que es el maldito juego infinito de perderse
dentro mío            dentro tuya
y no eres lo que soy
y no soy lo que quieres
o lo que es lo mismo
he perdido los pétalos de mi narciso entre tus dientes
tallo torcido
he espinado en el vértigo la plenitud de tu cuerpo
mientras gimes bajo mi sexo

y mi mundo no es tu mundo
y mis muertos son sólo mis muertos
y mis muertos son sólo tus muertos
y mis muertos son sólo yo
sin ti
en la noche que no pertenezco
en la paranoica mirada que me abrasa
mientras mis muertos me mueren cada segundo de la noche

 

El beso en la cama, por Toulouse Lautrec

v

por qué digo todo esto
sólo para morir un poco bajo tu cuerpo denso
caminar las calles de esta otra ciudad nueva que odio tanto
           que ya no será tuya ni mía de otro modo
aquí vago con la lengua del alma por fuera
lamiendo todo con mis diminutos ojos cansados
como un ciego palpa el espanto en el aire
lo arrastra en el pecho y lo vuelve a respirar
como sedienta perra esquinada      suave y oscura
olfateo carroña        huyo tras el líquido preciado

me asombro a tu lado porque el chorro de agua sorprende
no se repite jamás
sonrisa de chiquillos en cruel algarabía que vaticina
lloras junto a la profética fuente invertida odiándolo todo
mientras un niño reza una plegaria inocente
que remonta al crecimiento de lo primigenio
mis oídos ciegos no logran descifrar
sólo miro tus lágrimas que lo tocan todo
mis manos sordas
sólo escuchan el golpe de sangre contra mi pecho

no te toco
          te dejo ir en la niebla azul
busco morir un poco bajo tu cuerpo denso
sonreír las calles de esta ciudad
que también fue tuya y mía de otro modo
           mohosa         innombrable
incrustada en el tiempo
una yo                que no se irá por siempre recoge tus pasos decadentes
recorro la eternidad a ciegas entre rascacielos y callejones insomnes
aferrada a tu cintura          me dejo
damos tumbos en las espirales infinitas del tiempo
damos tumbos en sacrificio humano jamás redimido
los ángeles extraviados y los cuervos
atestiguan mi ascenso al espacio siniestro de tu arrogancia
desnudo mis pies para ascender las erizadas escaleras que me acerquen a vos
asalto tu cuello hasta el hartazgo       pendulo de tu aliento

vi

ven     acércate de nuevo al rito que aún no es recuerdo
ven     ensártate en el instante que aún no es palabra
tócame los senos llenos de leche agria con tu lengua
envenénate del mal de mis miedos
recogeré alcatraces de tus ojos
cuando entre niebla y silencio
me reces como a tu diosa ausente

ven          no te vayas siempre tan tieso tan enmudecido
se atora tu muerte por dentro
en fuga la comisura de tus labios
tus párpados de oscuridad
evocan mi más íntimo desconcierto
sorpresa de la abrupta bocanada desde mi pesadilla
la vigilaste con tu tercer ojo
el que lamí con la humedad de mi lengua para sanarlo

en fuga tu sexo        tu angustia
evoca la mirada más helada al ventanal de nuestro reencuentro
el gemido animal de mis entrañas derramadas en tus ojos
tiernísimos ojos
los acaricié con el aliento de la noche
vigilante sonámbulo de lo innombrable

vagabundo desde mi miedo
enfermo ya de mis odios
embarrado de este mal interno que halla boca y veneno
en el reflejo de tus suavísimos ojos transparentes
no te vayas siempre
porque soy yo la que levantó la pierna del alma hacia tu infierno
en el vértigo insensato
       finalmente
presiento morir bajo tu cuerpo denso
                                                    caminó llorando el mío
en el rumor de los ángeles descendidos
que pueblan su profecía entre nuestros labios

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Maythé Ruffino
Poeta, escritora mexicana. Profesora universitaria de California State University. Egresada de la Universidad de California de Los Ángeles donde cursó las Licenciaturas de Ciencias Políticas, Estudios Latinoamericanos y Literatura Hispanoamericana. Recibió su maestría de California State University, Los Ángeles y actualmente cursa el doctorado en la Universidad de California de Santa Bárbara. Ha impartido talleres literarios, dado conferencias y participado en la vida cultural, literaria y poética en México, España, Canadá, Argentina y EEUU. Ha publicado en varias revistas y diarios en las ciudades de México, Managua, Los Ángeles, Miami, San Francisco, Washington, Madrid, Montreal y Argentina. Antologada por el Fondo de Cultura Económica en Anuario de poesía mexicana 2004 (como Maythé Rueda) como una de las mejores poetas mexicanas. De su creación los poemarios: Trenas de Bruma, Discrepancias, Singladuras de arena, Rasgando oscuridad, Poemas transitorios, Alas de Pájaro, De sal y ceniza, Dislorcaciones y Closed blinds. Miembro del concejo editorial de las revistas Monóculo, La Hoja y La Luciérnaga. Ganadora del premio de poesía de la Casa de Cultura de Long Beach, California 1999 y Premio de poesía Cal State LA 2006. Fue cronista y crítica literaria del diario La Opinión de Los Ángeles, además de dirigir talleres de literatura.

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