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El poder de la huelga general: Minneapolis nos enseña cómo resistir a Trump

Marcha durante la huelga general en Minneapolis, 23 de enero de 2026 / Wikipedia This file is licensed under the Creative Commons Attribution 4.0 International license

¿Quién nos salvará de Trump? La respuesta es obvia: la clase trabajadora estadounidense. 

No quise adelantar así la intriga de mi artículo; pero no hay tiempo que perder. El mundo se nos va de las manos por culpa del anaranjado ocupante de la Casa Blanca, probablemente hoy afectado con demencia prefrontal.

Necesitamos respuestas a la crisis. 

Las históricas protestas del pueblo de Minneapolis en contra de ICE ―“La Gestapo de Trump”―, podrían asomar la luz al fondo de este oscuro, oscuro túnel.  

Oh, Minneapolis. Gran ejemplo nos estás dando. 

De ahí viene la resistencia y, con suerte, el germen de la revuelta popular que podría enterrar a MAGA. 

Y no, no nació en el status quo

No surgió de Gavin Newsom, el gobernador de California, quien ahogó sus vociferantes críticas a Trump mientras crecían sus ambiciones por ser el candidato demócrata a la presidencia del país. 

No surgió de Bernie Sanders o Alexandra Ocazio-Cortes, trapecistas políticos que un día están con el pueblo y otro con la cúpula de su partido. 

No vino de la política Saturday Night Live de Zohran Mamdani, quien, con su penosa foto junto a Trump en la Oficina Oval, en esa pose de mesero de Applebee’s esperando junto al glotón y blanco comensal, pactó su colaboración institucional. 

No, no sopló desde ahí el viento de rebeldía. 

No nació del halito de esos políticos que se dicen de “izquierda” pero que tiemblan y reculan con la primera bandera rojinegra que se ondea. 

La resistencia vino del pueblo; se está construyendo en las calles; con la gente sencilla, trabajadora y sin ambiciones electorales. 

En Minneapolis ha emergido la unión de todos los sectores populares: sindicatos, iglesias, comités vecinales, asociaciones magisteriales y personas que, en lo individual, han sumado su esfuerzo y creatividad para defender a sus amistades, migrantes, vecindades, amores… seres humanos. 

Incluso, en los días recientes, se reconstruyeron las míticas patrullas de Movimiento Indígena Americano, que tomaron las armas en 1968 para combatir el abuso policiaco y la violencia racial. 

Hoy se les ve de nuevo en las calles de Minneapolis, de la misma manera que, un núcleo del Partido de las Panteras Negras en Filadelfia está amparándose en la segunda enmienda para defender a sus comunidades de la fascista ICE. 

Pero no adelantemos esperanzas

Aunque cuidado: esto no es una guerra civil. 

No se ha disparado ―aún―, ni una bala por parte del pueblo. 

Hacerlo desataría una represión que no podría soportar el país. Entre el gobierno y el pueblo, hay un desequilibro tecnológico brutal. 

Nadie, ni la gente, ni los políticos, quieren convertir a Estados Unidos en un Afganistán. 

Tendríamos que traspasar la frontera de la distopía para comenzar a ver drones ultramodernos navegando por encima de los barrios, detectando con su sistema infrarrojo, o como se llame, a un muchacho que intenta defenderse de la Guardia Nacional con una .22 en un rincón de su cuarto, para luego reventarlo con una bomba al estilo Death from above, tal cual lo atestiguamos gracias a los archivos desclasificados por WikiLeaks. 

Porque, de ser esto una guerra, la gente la perdería en dos días. (¿O no?) 

Afortunadamente, esto no es una película en el Top Ten de Netflix. 

Aquí no actúa ese profesional del grooming, Leonardo Di Caprio, haciéndose pasar como un “revolucionario”, aunque solamente se rebele contra su lighter por no prender bien su churro de mota. 

Ese término de “guerra civil” vive en el imaginario del sindicato de guionistas de Hollywood que nos plantaron fantasías sobre la Guerra de Secesión. 

Esto es otra cosa; esto es un movimiento de resistencia. 

El pueblo estadounidense está cansado de las mentiras, del autoritarismo y de la política que le roba dinero de sus bolsillos cada vez que quiere comprarse una docena de huevos. O que ve cómo por 19 dólares ya no compra un litro de detergente, sino menos de 800 mililitros. 

La gente está cansada del ICE que está secuestrando a su gente querida y asesinando a inocentes. 

La gente está cansada de Trump. 

Las cifras demuestran que la gente está conforme con su sistema político

Pero este clima de aversión a Trump no significa que Estados Unidos quiera convertirse en un país socialista.

Su pueblo sólo quiere tener alternativas.

Al menos, eso dicen algunos números.

Una encuesta de Pew Research Center de enero de 2026, demuestra que cuatro de cada diez estadounidenses mayores de dieciocho años, quisiera poder votar por otras opciones que no sean demócratas o republicanos (Many Americans want more political parties to choose from | Pew Research Center). Aunque la tendencia baja conforme aumenta la edad.

Es decir: aún son más quienes en Estados Unidos están conformes con su sistema político; sin embargo, las juventudes opinan un poco distinto. 

Otro dato:  El mismo centro de opinión ofrece una encuesta de 2024 la cual dice que más del 70 por ciento en Estados Unidos cree que su país solía ser un “buen ejemplo de democracia”, a pesar de que “ya no lo es”. Y sólo un 8 por ciento piensa que nunca lo ha sido. (72% of Americans say the US used to be a good example of democracy, but isn’t anymore | Pew Research Center

Estos datos, ¿demostrarían que el pueblo estadounidense no quiere realmente un cambio de régimen sino volver a confiar su viejo sistema político?

Harían falta números actualizados y realmente independientes para saberlo. 

En tanto, sólo tenemos los hechos para especularlo. 

Sí, la resistencia de Minneapolis es histórica porque representa el último gran desafío popular a las fuerzas represivas del régimen. 

Sí, hay gobernantes y políticos institucionales que le han plantado cara a Trump. 

Pero sí, Obama deportó más migrantes que Trump. 

Mientras que Trump ha deportado un promedio de 810 migrantes por día; Obama lo hizo sobre la cifra de 941. (¿Obama deportó más que Trump? Datos y criterios de deportaciones bajo diferentes gobiernos – Factchequeado

¿Entonces por qué no vimos protestas contra las deportaciones de Obama, como sí las vemos ahora contra Trump?

Quizá porque Trump ha puesto fusiles de asalto en las manos de sus MAGA y el KKK se disfrazó de ICE, radicalizado la violencia racial en los arrestos contra los “aliens ilegales”. 

Esto es lo que tiene enojado al pueblo de Estados Unidos. 

De hecho, de acuerdo con Pew Research Center más de 40 por ciento de sus personas encuestadas creen que Trump se está excediendo en su política anti-migrante (On deportations, growing shares say Trump administration is doing ‘too much’ | Pew Research Center)

Pero, ojo: Aún son mayoría quienes están de acuerdo con el obtuso presidente. 

¿Entonces por qué el pueblo estadounidense podría salvarnos de Trump?

Aunque los datos duros y fríos congelen de momento nuestras fantasías antisistema, hace años que algo se está moviendo en Estados Unidos. 

No vayamos lejos en el tiempo. 

No es necesario acudir a ejemplos concretos de rebeldía popular como las manifestaciones y grandes movimientos antirracistas de mediados del siglo XX. 

Mucho menos a las gestas históricas de Haymarket, Chicago, de finales del siglo XIX. 

Más bien, prendamos MTV y tomemos un ejemplo más Millennial.  

Hablemos de las revueltas de la década de 1990. 

De la rebeldía desatada en Los Angeles por el asesinato de Rodney King en 1991; o la esplendorosa, edificante y masiva organización de protesta y boicot a la sede de la Organización Mundial de Comercio de Seattle, en 1999, la cual inspiró al movimiento Occupy Wall Street, en 2011. 

Hablemos de toda esa inercia rebelde que parecía perdida luego de la represión orquestada por la Ley Patriota y el shock causado por el atentado del 9/11. 

Rebeldía que hoy parece tomar un segundo aire, acumulado por una seguidilla de injusticias, desde el asesinato de George Floyd hasta el crimen contra Renee Good. 

Así, Minneapolis ―y Minnesota en total―, ha experimentado un poder pocas veces visto en Estados Unidos: el poder de la huelga general.

El pueblo de Minneapolis convocó y ejecutó una huelga general este 23 de enero en contra de Trump. 

Participó todo el pueblo trabajador, desde gente obrera hasta comerciantes. Fue inspirador verlo. 

Así pues, a diferencia de otros años, el enemigo de la clase trabajadora no está disperso. 

 

Ya no sólo es la policía de Los Ángeles, o los capitalistas de Washington. Esa geografía de por medio atomizaba las luchas. 

Ahora, hay un enemigo en común de costa a costa: Trump. 

Ahora, el 99% apunta a un solo objetivo y a un representante específico del 1% restante. 

Y también ahora, la estrategia es distinta y podría tener resultados distintos. 

No basta con las manifestaciones; no basta con subir un video a Tiktok;

Agentes de ICE disparan con armas no letales contra manifestantes en la Avenida Nicollet de Minneapolis, el 24 de enero de 2026, despues de la muerte a tiros de Alex Pretti/ Chat Davis, Wikipedia, By Chad Davis – https://www.flickr.com/photos/chaddavisphotography/55059058300/, CC BY 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=182364997

no basta con sentarse pacíficamente a las afueras de un edificio. 

Minneapolis le está enseñando a Estados Unidos cómo resistir a Trump.

Mentes revolucionarias como Mijail Bakunin o Rosa Luxemburgo hablaron sobre la efectividad de la huelga general para enfrentar un contexto de opresión e injustica económica (y lo demostraron) . 

La razón es muy simple: ataca el corazón del sistema; es decir, el gasto y la producción económica. 

Dicho de otra manera, lo que hace fluir el dinero. 

¿Y no es esto lo que más les importa a las élites? Que los dólares caigan en sus cuentas. 

Bakunin, anarquista, estableció que la huelga general es un proceso espontáneo y sin jerarquías que surge del “instinto de rebelión” de la clase trabajadora y le prepara para un proceso más amplio de revolución social. 

Luxemburgo, marxista, consideraba que la huelga general es un proceso que es espontáneo en principio, pero que debe articularse para conseguir un cambio social. Combina tanto demandas económicas (salarios justos, por ejemplo), así como demandas políticas (libertades civiles, democracia…). En todo caso, coincide en que su efectividad depende del pueblo trabajador, no de jerarquías y burocracias políticas. 

Sin embargo, Luxemburgo puntualiza que la huelga general no es un proceso constante, sino de altibajos, el cual puede durar años o décadas. 

Es un instrumento, para algo más. Pero uno de los instrumentos más poderosos. 

Minneapolis lo está descubriendo y ejecutando. 

Si la huelga general se expande a la mayoría de los Estados Unidos, asestaría un golpe en las fauces del monstruo que se alimenta del consumismo desenfrenado.

¿De dónde sacaría Trump los impuestos que engordan a la economía de guerra?

¿Quién le serviría sus Big Mac?  

Una huelga general derrotaría a Trump; pero haría algo más: pondría en jaque a todo el sistema estadounidense. 

Provocaría un infarto en el corazón del imperio. 

La gran pregunta es: ¿Querrá el pueblo de Estados Unidos hacer caer a Roma?

 

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