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La toma de Washington D.C. podría ser un preludio del estado policial

Línea del horizonte de Washington D.C. WikiMedia familydestinationsguide.com/

Ayer, el presidente Donald Trump anunció que ponía la policía metropolitana de la capital Washington DC bajo control federal y que enviaba centenares de soldados de la Guardia Nacional a las calles de la ciudad.  

La medida fue diseñada para complacer a su base, sin tomar en cuenta en lo absoluto otras opiniones. Podría parecer justificada – si la premisa principal fuese cierta. 

Pero es falsa. El crimen en DC no es peor que en Bogotá, Ciudad de México o Lima, como pretende el anuncio. De hecho, es el más bajo en los últimos 30 años, según datos del Departamento de Justicia y la FBI. Comparados con los números alarmantes de 2023, los homicidios bajaron en 32%, los robos en 39% y los asaltos a mano armada en 27%. Pero en un documento publicado por la Oficina de la Casa Blanca explicando la medida, se usan los números de 2023 y no los más recientes. 

El anuncio de Trump ni siquiera se refiere a esta estadística. La ignora. 

Lo que sí es un serio dolor de cabeza para las autoridades capitalinas es la persistente delincuencia juvenil. Pero es justamente ese rubro el que requiere tener cuidado al usar la fuerza; es aquí donde es menester luchar contra las causas de la proliferación de la delincuencia entre los más jóvenes, y es algo que el ejecutivo también ignora. 

Trump está criminalizando una vez más a los inocentes. Es algo similar a su insistencia en que los inmigrantes indocumentados secuestrados en las calles, encarcelados, desaparecidos y deportados son criminales, cuando solo un pequeño porcentaje lo es. La misma lógica.

Esta es una patraña más en la larga lista de agresiones del presidente, dirigidas a los focos de gobierno demócrata, como Los Ángeles y Washington, y las urbes con una considerable población afroamericana o latina. Es la segunda vez que Trump ataca usando efectivos militares ciudades de mayoría absoluta demócrata. 

Pero además, la toma de control de Washington D.C., su “federalización”, podría ser ilegal; solo el Congreso puede poner la ciudad bajo el control federal, revocando el Home Rule Act de 1973, que permite que los residentes de la ciudad elijan a su alcalde y miembros del concejo municipal. La sección 740 de esta ley le permite al Presidente adueñarse de la policía Metropolitana en casos extraordinarios, pero solo por 30 días. 

Este es solo el comienzo. El plan del gobierno es seguir apoderándose de los poblados en donde se podrían formar focos de resistencia para prevenir una derrota en las elecciones de medio término del año próximo y las presidenciales de 2028. Fue muy explícito en su mensaje: «Tenemos otras ciudades que son muy malas. Nueva York tiene un problema. Y luego, por supuesto, Baltimore y Oakland… (pero) no vamos a dejar que suceda. No vamos a perder nuestras ciudades por esto. Esto irá más allá. Comenzamos con mucha fuerza con D.C.»

La falta de respeto hacia la ley, las tradiciones democráticas y la opinión pública implicada en el anuncio se pone aún más en evidencia considerando que ni la alcaldesa Muriel Bowser ni los jefes de la policía metropolitanos fueron notificados. Se enteraron igual que el resto del país. 

El Presidente construye una narrativa completa a partir de premisas falsas, llegando al punto de denominar la jornada como un “Día de Liberación”. ¿De cuál libertad está hablando? ¿La de enviar tropas a la capital de la nación, contra la voluntad de sus autoridades y la de sus residentes, que tres veces votaron en grandes mayorías contra Trump? 

Por décadas, cuando los demócratas estaban en el poder, los republicanos los acusaban a cada paso de planificar una toma violenta del poder, de preparar una dictadura, de atentar contra las libertades. Antes de asumir su segunda presidencia, Trump era la voz rampante, ambiciosa, trepadora, implacable. La vacunación contra el COVID-19 era un preludio a la tiranía. Las investigaciones de la FBI por el intento de golpe de estado del 6 de enero de 2021 era el equivalente a un estado policial. Las demandas de la Dirección Impositiva (IRS) contra multimillonarios por supuestamente estafar al fisco eran atentados contra las libertades. Ni qué hablar de cuando la policía buscó – y encontró – documentos secretos que Trump ocultaba en su mansión en Florida, por lo que los acusaron de «comunistas fascistas» o viceversa…

Ni una palabra ahora por parte de los republicanos, cuando a pasos agigantados se impone ese estado policial que falsamente encontraban en el funcionamiento regular del estado. Washington ahora pertenece a Donald Trump.

Ahora Trump impone un nuevo carácter a la experiencia democrática estadounidense, y lo hace mucho más rápido que la resistencia u oposición pueda reaccionar para cambiar la narrativa.

Respecto al impacto que el despliegue de tropas podría tener sobre el crimen en la capital, cabe considerar que sera exiguo o menos que eso. Probablemente las patrullas se den alrededor de los edificios federales – la Casa Blanca, el Congreso, la Corte Suprema, en el centro de la ciudad y no en los barrios donde el crimen ocurre y la atención periodística escasea.

Como tantas otras desventuradas iniciativas, la toma de la capital de la nación pudo estar inicialmente motivada por su afán de ocupar los titulares con cualquier cosa que no sea el escándalo de Jeffrey Epstein. Pero toma vida propia. Si se extendiera más allá de 30 días, si se ampliara a otras ciudades, si se tomara como pretexto para controlar las próximas elecciones, será un hito crucial en el surgimiento de un régimen autoritario y el ocaso del sueño americano. 

Autor

  • Fundador y co-editor de HispanicLA. Editor en jefe del diario La Opinión en Los Ángeles hasta enero de 2021 y su actual Editor Emérito.
    Nació en Buenos Aires, Argentina, vivió en Israel y reside en Los Ángeles, California. Es periodista, bloguero, poeta, novelista y cuentista. Fue director editorial de Huffington Post Voces entre 2011 y 2014 y editor de noticias, también para La Opinión. Anteriormente, corresponsal de radio.
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    Founder and co-editor of HispanicLA. Editor-in-chief of the newspaper La Opinión in Los Angeles until January 2021 and Editor Emeritus since then.
    Born in Buenos Aires, Argentina, lived in Israel and resides in Los Angeles, California. Journalist, blogger, poet, novelist and short story writer. He was editorial director of Huffington Post Voces between 2011 and 2014 and news editor, also for La Opinión. Previously, he was a radio correspondent.

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