La ocupación militar de Estados Unidos
Buscan intimidar a la población con una presencia militar que en pocos meses podría ampliarse a todo el ámbito nacional
Después de haber ocupado militarmente a Los Ángeles y poco después a la capital del país, Washington, DC, el presidente Donald Trump se prepara para enviar a la guardia nacional, tropas regulares y efectivos de ICE a las calles de Chicago, Illinois. De hecho, y según el Washington Post, el Pentágono tendría ya preparados los planes de guerra para ocupar esta ciudad.
Después de esta ciudad, ya anunció que viene el turno de Nueva York y de Baltimore, Maryland. Rechazó una invitación del alcalde de visitar esta última ciudad y agregó, “en cambio, mandaré las tropas”.
Todas ellas son ciudades y estados bajo gobierno demócrata. Y sus alcaldes son afroamericanos. No en vano dijo el líder de los derechos civiles Al Sharpton «Esto está plagado de intolerancia y racismo».
Trump lo hace bajo el triste pretexto de que el nivel del crimen allí es inaceptable, que la presencia de estos contingentes fuertemente armados pacificará el área y que las autoridades poco y nada hacen actualmente para luchar contra el crimen.
Pero en ningún momento se trató de la lucha contra el crimen. De por sí, las ciudades ocupadas militarmente por el gobierno federal han visto mejoras sensibles en el nivel de delincuencia, y especialmente una baja en sus tasas de homicidios.
En Washington, bajó en 32%, llevando el crimen a su punto más bajo en 30 años.
Es un intento de acumular puntos políticos, reprimir a la oposición, propiciar su proyecto de gobierno a largo plazo, eliminar las ciudades santuario, y perseguir a su población inmigrante.
En ese contexto, el discurso pronunciado en público por el gobernador de Illinois Jay Robert (J.B.) Pritzker merece atención por lo firme de su oposición al mandatario y la alarma que comunica respecto al futuro de nuestro país.
“Señor Presidente, por favor, no venga a nuestra ciudad”, dijo el gobernador. “Ni lo queremos ni lo necesitamos aquí”.
El problema es que Donald Trump está usando al ejército de Estados Unidos para ocupar ciudades y aplastar a sus disidentes. Es una peligrosa toma de poder, que arranca a los integrantes de las fuerzas armadas de sus tareas naturales y los pone a su servicio incondicional.
El crimen no tiene partido, ni demócrata ni republicano, y entre las motivaciones para delinquir la pertenencia partidaria de las autoridades no es la decisiva.
Por otra parte, de las 10 ciudades (de al menos 100,000 habitantes) con las más altas tasas de homicidios, ocho están en “estados republicanos”, como Mississippi, Alabama, Missouri, Tennessee, Ohio y Louisiana.
La ciudad con la mayor tasa de homicidios en todo el país es Jackson, Mississippi, con 78 por cada 100,000 habitantes, 15 veces más que la media nacional, seguida por Birmingham, Alabama, St. Louis Missouri y Memphis, Tennessee.
Pero Trump parece ignorar estos datos. Él busca atacar a los gobiernos demócratas e intimidar a la población con una presencia militar que en pocos meses podría ampliarse a todo el ámbito nacional. No se puede descartar que las tropas permanezcan en nuestras ciudades para las elecciones de noviembre próximo y que para supuestamente protegerlas se establezcan a la entrada de los recintos de votación.
De esta manera, tal como hemos advertido en este foro, lo que comienza como una ofensiva contra la inmigración indocumentada rápidamente se convierte en un ataque general contra la población con el propósito de someterla.



