Navidad: Las estrellas que me llevan a casa
Cuando era pequeña pinté los tragaluces de mi cuarto con figuras de lunas y estrellas. Era imposible no despertar al amanecer cuando tu habitación no tiene ventanas, pero sí una vista directa al cielo. Así que quise matizar la rudeza del sol sin pensar en lo mucho que significarían para mí después esas figuras irregulares.
Hoy desperté y fue lo primero que vi. Mi universo sigue casi intacto. Algunas estrellas han perdido las esquinas y las lunas se han eclipsado con el polvo; pero están ahí como hace más de 30 años. Y el olor del café recién hecho, el pavo en el horno y mi mamá estrellando (o así suena) las alacenas me hicieron sentir que se había regresado el tiempo, a esas mañanas de Navidad en las que me despertaba espichadita para ver qué me había dejado Santa debajo del árbol. Sentí una nostalgia profunda.
Mi cuarto no es el mismo. No hay peluches, Barbies ni ese poster de Michael Jordan mal pegado en la pared. No queda nada de mi infancia en estas cuatro paredes. Ahora tengo un clóset gigantesco repleto de ropa y recuerdos de mi madre; una cama King y la foto de mi generación de la Universidad. Pero aún conservo el escritorio que era de mi padre, ya viejo y traquinado, desde donde escribo esta columna, el mismo en el que escribí mis primeras poesías a mano, los ensayos de mi imaginación, la literatura fantástica en mis discos de cinco un cuarto, mis diarios -que aún escondo-, mi solicitud universitaria y tantas palabras importantes que me han llevado más allá de los sueños que se cocinaban en este laboratorio de verbos.
Siento que este es mi epicentro. Siempre digo que tengo echadas las raíces en un pueblo mágico y estoy segura de que debajo de este escritorio está la semilla que lo empezó todo. Puedo sentir que cuando planto los pies en el piso y pongo las manos sobre el escritorio viejo y la corona de mi cabeza da al tragaluz, que tengo una línea directa a mi pasado, mi presente y mis sueños. Es como si me atravesara una luz invisible que me acaricia el alma y me hace cosquillas en el espíritu. Sé que estoy en casa.
Este espacio que era tan mío ya es nuestro. Hay momentos en los que logro atrapar a mis mellizos para que veamos juntos las estrellas. Jugamos a encontrarles forma, como si fueran nubes pasajeras, y pedimos deseos. Ellos son siempre el mío. Les platico de las mil historias que se han escrito entre estas cuatro paredes, los secretos reales o imaginarios que he plasmado en hojas, les desnudo mi corazón, creamos cuentos nuevos, y la mera idea de convertirnos en los fantasmas guardianes de esta galaxia nos hace morirnos a carcajadas. Estas son las estrellas que siempre me traen de vuelta al vientre, a casa, a mi madre, a mis muertos, a mis sueños… a mi infancia.
Hoy me doy cuenta de que la verdadera magia de la Navidad no está al fondo del pasillo debajo del árbol, sino aquí, entre mis brazos, despeinados y preadolescentes. Y se extiende hasta la cocina donde mi mamá desmenuza el pavo y mi familia celebra entre bromas bailando con un acordeón imaginario. Soy una mujer muy afortunada.
Muy feliz Navidad para ti, que hoy me lees y quizá estás también saboreando la nostalgia. Que tus estrellas te abracen, te sanen, te conforten y te lleven a casa. Mis mejores deseos.




feliz Navidad amigos, quiero ver si ustedes están interesados en hacer una entrevista conmigo. Soy un músico de 59 años en la industria de música y especialidad. S