Las decisiones financieras, desde los presupuestos gubernamentales, los balances de las grandes corporaciones, hasta las compras de alimentos de una familia promedio, se basan en la percepción de la situación económica y las fluctuaciones de diversos parámetros. Estos a su vez están cuantificados en informes gubernamentales y de instituciones de prestigio.
El análisis de la situación económica es clave para el funcionamiento de la sociedad y especialmente para su futuro desarrollo. Determina desde inversiones a largo plazo hasta el viaje de vacaciones que tanto anhelamos.
Los gobiernos tienen, como principal tarea, velar por el bienestar de la población. Eso involucra reconocer los problemas y atacarlos, solucionarlos.
Todo eso implica que existe un pacto de fidelidad y crédito entre gobernadores y gobernados. Es parte del contrato social en el que vivimos desde hace siglos.
Ese pacto se derrumba cuando los números reales son tergiversados, cuando las mentiras son pregonadas como verdades y las exageraciones son tan extremas que parecen absurdas.
Lamentablemente, el Presidente Donald Trump prefiere vanagloriarse con números falsos o incorrectos en vez de reconocer los problemas, que es la condición sine qua non para solucionarlos.
Así, en agosto pasado prometió que de ganar los comicios «reduciría los precios de la energía y la electricidad a la mitad en un plazo de 12 meses, con un máximo de 18 meses», y el 23 del corriente dijo que «bajo mi liderazgo, los costos de energía han bajado», cuando la realidad es que la electricidad casera cuesta hoy 6.2% más que hace 12 meses y el gas natural ha subido en 13.8%.
También afirmó que los precios de los comestibles han bajado, cuando, si bien no tanto como durante el COVID, subieron en 2.7% en los últimos 12 meses. Parte de los aumentos se deben a los nuevos aranceles a las importaciones establecidos por su gobierno.
Y la semana pasada dijo que “la inflación ha sido derrotada” y “ya no existe”, cuando según economistas, se está acelerando y el índice de precios al consumidor subió en agosto en 2.9%, frente a 2.7% en julio y ha aumentado durante cuatro meses consecutivos.
Entretanto, hay menos empleos en manufactura que hace un año. Solo en agosto, los empleadores eliminaron 12,000 puestos, y 42,000 desde abril.
En el último mes se crearon 73,000 puestos laborales, por debajo de los 115,000 previstos por los analistas, y la economía creó 911.000 empleos menos de lo previsto en un año.
Trump afirma que la economía está «en auge» y desestima los decepcionantes datos de empleo como «falsos» y «manipulados».
La verdad es que no hay crisis, ni los números son tan alarmantes. Estamos en el inicio del ciclo presidencial y parte de los resultados se deben a factores externos o a las políticas de la administración anterior. Pero tampoco existen esos logros extraordinarios que pretende debidos a sus acciones, y elementos como los aranceles, la ausencia de la fuerza laboral migrante en el campo y los gastos de seguridad interna aún no han reverberado negativamente en la economía, pero lo harán.
Cuando se pierde confianza en la dirigencia del país porque se tergiversan los números, es más difícil tomar decisiones, la economía pierde un timón y el país todo se encuentra a la deriva y a merced de factores sobre los que se pierde el control.
En pocas palabras: Trump, o los funcionarios que hacen su voluntad y tanto se esmeran por halagarlo, deben dejar de ocultar la verdad y en lugar de vanagloriarse de logros ajenos o inexistentes, ponerse a trabajar en aras del bienestar de la población. ¿Lo harán?