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¡Que se vaya Bobby Kennedy!

De los daños que está causando al país y su población la administración del Presidente Donald Trump, los que quizás tenga más alcance y sean más duradero son los causados por Bobby Kennedy – Robert F. Kennedy Jr. – al frente del Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS).  

En los primeros meses de su ejercicio el Secretario Kennedy se dedicó a purgar el ministerio de voces disidentes; eliminó  consejos de asesoría médica compuestos por expertos; acató y replicó con entusiasmo los dictámenes del equipo de Elon Musk de reducir la planilla en 20,000 empleados, de ellos la mitad despedida de un día al otro y el resto alejados mediante indemnizaciones y jubilaciones anticipadas. Quedaron poco más de 60,000 empleados en toda la nación, de ellos 20,000 temporarios y cuya situación es inestable. Kennedy, además, desestimó conocimientos médicos demostrados por el método científico y tomó decisiones sin fundamento alguno o con base dudosa desde un principio e inaceptable para quienes saben del tema. 

Lo hizo permaneciendo detrás de las bambalinas, cediendo el lugar a los otros personajes que constituyen este gobierno liderado por Donald Trump. Hasta ahora. 

Pero lo que Kennedy y sus allegados están haciendo ahora parecería un ataque activo y sostenido, en varios frentes, contra la salud de la población. Una ofensiva guiada por creencias anticientíficas, teorías de conspiración, afirmaciones irresponsables y quizás lo peor, pretender que las decisiones se basan en estudios médicos cuando no lo son o estos escasísimos estudios son incompletos, erróneos y de dudosa procedencia. 

Esto comenzó con su tendencia a dejar a nuestros niños y mayores vulnerables a una serie de enfermedades antes controladas al reducir la disponibilidad de vacunas y cambiar las directrices y recomendaciones al respecto. El cambio involucra a HHS y a los Centros de Control y Prevención de Enfermedades (CDC) y deja las decisiones de vacunación en varios casos en manos de cada individuo, cuando sabemos que la vacunación es solamente eficiente cuando el grueso de la población la adopta. Requiere que una masa crítica de los residentes la adopten para ser exitosa. Este sentido de responsabilidad no existe en el imaginario de Bobby Kennedy.  

Causó asombro cuando el mes pasado, el Secretario estableció un vínculo entre el analgésico Tylenol (acetaminophen) y el autismo, lo que está provocando confusión en las familias del país. Por su parte, tanto la Administración Federal de Alimentos y Medicamentos (FDA) y los principales grupos de médicos siguen recomendiendo el acetaminofen. 

Y el jueves pasado, en una sesión del gabinete, Kennedy declaró que además, la circuncisión podría ser responsable por el crecimiento al doble de casos de autismo, tratando de dorar la píldora al agregar que “es seguramente porque les dan a los bebés Tylenol contra los dolores”. Más confusión, más controversia, más palabras huecas al aire. 

Además, y según fuentes, la semana próxima, Kennedy dará a conocer nuevas directrices que alientan el consumo de alimentos que antes se consideraban no saludables, incluidos aquellos con alto contenido de grasas saturadas

La organización Children Health Defense creada por Kennedy llama a las madres a rechazar la vacunación contra Hepatitis B, entre otras enfermedades, y agrupa este tema junto al del autismo, la circuncisión y el consumo de carne y mantequilla (que alientan) como partes de una supuesta conspiración de grupos anónimos y las farmacéuticas. 

Tristemente, las encuestadoras revelan que existe un fuerte vínculo entre las opiniones de la gente sobre estas afirmaciones y su pertenencia partidista. Familias de republicanos tienden a aceptar estas ilusiones, por escandalosas que sean. Eso significa que más de ellos van a adoptar prácticas que está recomendando y serán más perjudicados por los resultados médicos.

La plataforma programática publicada por el Departamento de Salud bajo el sello de Make America Healthy Again no es sino una engañifa de la que la gente y en especial los miembros de nuestra comunidad deben alejarse.

En el mundo retorcido de Kennedy y Trump la ignorancia es preferible al conocimiento científico, la opinión particular fluctuante del Presidente se convierte en dogma y las decisiones se toman a las apuradas e ignorando las consecuencias.  

En este contexto, no nos cabe sino unirnos al nutrido y creciente grupo de organizaciones médicas, psicólogos, medios de comunicación y expertos que demanda la renuncia de Kennedy. Su alejamiento del poder, de su capacidad de dañar la salud de la población es urgente. Que se vaya. 

Autor

  • Fundador y co-editor de HispanicLA. Editor en jefe del diario La Opinión en Los Ángeles hasta enero de 2021 y su actual Editor Emérito.
    Nació en Buenos Aires, Argentina, vivió en Israel y reside en Los Ángeles, California. Es periodista, bloguero, poeta, novelista y cuentista. Fue director editorial de Huffington Post Voces entre 2011 y 2014 y editor de noticias, también para La Opinión. Anteriormente, corresponsal de radio.
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    Founder and co-editor of HispanicLA. Editor-in-chief of the newspaper La Opinión in Los Angeles until January 2021 and Editor Emeritus since then.
    Born in Buenos Aires, Argentina, lived in Israel and resides in Los Angeles, California. Journalist, blogger, poet, novelist and short story writer. He was editorial director of Huffington Post Voces between 2011 and 2014 and news editor, also for La Opinión. Previously, he was a radio correspondent.

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