Kennedy y Trump en plena ofensiva contra la salud pública
Tanto los planes del Secretario como la moción de presupuesto nacional recortan programas esenciales

El Secretario de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos Robert Kennedy generó la semana pasada titulares con su llamamiento a crear una base de datos de los residentes estadounidenses que sufren autismo para hacerles seguimiento. Simultáneamente el Instituto Nacional de Salud anunció que cumplirá su orden de suministrar una solución a las causas de este trastorno en septiembre.
Kennedy creó fuertes reacciones adversas por expertos y padres de autistas.
Es solo un ejemplo de muchos de las acciones desdichadas del político – el ataque contra las vacunas es otro caso. Parecería que al igual que su presidente Donald Trump, Kennedy está embarcado en una cruzada para destruir las instituciones de salud pública y la investigación médica. Empiezan por lo fácil: eliminar, destruir, cancelar.
Esta semana, los fiscales generales de 20 estados, entre ellos Nueva York y California, demandaron a la administración Trump por el desmantelamiento de agencias dentro del Departamento (HHS por sus siglas en inglés) que encabeza “Bobby” Kennedy. Se trata del intento más importante hasta el momento en la tarea de detener o al menos ralentizar la destrucción de nuestro sistema de salud.
El plan de reestructuración de HHS, dado a conocer en marzo, implica el despido de 20,000 empleados federales, básicamente como parte de la reducción de gastos presupuestarios para con los fondos ahorrados pagar por los recortes de impuestos que está procesando el Congreso. Se trata por ejemplo de 3,500 empleados de la Administración de Alimentos y Medicamentos. En el Centro de Control y Prevención de Enfermedades (CDC) se despiden 2,400 empleados. Y en el Instituto Nacional de Salud (NIH), 1,200.
En total, se eliminarán 13 de las 28 agencias que componen este gigantesco ministerio.
Se trata, como alega la fiscal general de Nueva York Letitia James en una declaración, de los “científicos que investigan enfermedades infecciosas, los médicos que atienden a embarazadas y los programas que ayudan a los bomberos y mineros a respirar o a los niños a prosperar”.
Como si este plan fuese insuficiente, el viernes 2 de mayo la Casa Blanca dio a conocer la solicitud del Presupuesto nacional que debe aprobar el Congreso.
El documento agrega a los recortes promovidos por Kennedy y recorta 33,300 millones de dólares de la financiación discrecional designada a HHS, una reducción del 26% respecto al año anterior.
Trump tiene mayoría en ambas cámaras, y por ahora las protestas por parte de los republicanos fueron por el congelamiento de programas del gasto militar y no por la salud de los estadounidenses.
Así, NIH sufre un recorte de $18,000 millones, lo que implica la desaparición del Instituto Nacional sobre Minorías y Disparidades en la Salud, el Instituto Nacional de Investigación en Enfermería y el Centro Nacional de Salud Complementaria e Integral, entre otros, así como programas como el Programa de Asistencia Energética para Hogares de Bajos Ingresos, cuyo personal ya había sido despedido en su totalidad en abril. Del CDC se recortan $3,600 millones y mientras en el Congreso se buscan maneras adicionales de eliminar Medicare y Medicaid, que totalizan el 14% del presupuesto nacional, este presupuesto les resta $676 millones de dólares.
Por otra parte, la moción de presupuesto contiene un regalo para Kennedy: 500 millones de dólares para su proyecto de crear la comisión MAHA (Make America Healthy Again)
Con la complicidad de los republicanos en el Congreso, la administración Trump está eliminando los beneficios sociales que generaciones de estadounidenses lograron en los últimos 100 años. Esta ofensiva no puede quedar en la oscuridad, y se deben hacer públicos los daños que los recortes traerá a la población, en estados rojos y azules por igual, para que la población esté al tanto del ataque contra su salud.
La demanda de los 20 estados llega en buen momento y tiene posibilidades de imponerse en corte.



