La noche del 15 de septiembre de 2025, el Zócalo capitalino no solo fue testigo de la conmemoración de la Independencia de México, sino de un momento histórico que resonará más allá de las campanas y los fuegos artificiales.
Por primera vez, una mujer encabezó la ceremonia de El Grito. Claudia Sheinbaum, enfundada en un traje morado, color del feminismo, salió al balcón del Palacio Nacional no solo como mandataria, sino como símbolo de una transformación largamente postergada en un país marcado por el machismo.
El simbolismo del acto fue poderoso.
La escolta oficial estaba conformada exclusivamente por mujeres de las Fuerzas Armadas, un gesto que no fue casual ni superficial. En un país donde las mujeres siguen luchando día a día contra la violencia de género, la impunidad y la desigualdad estructural, ver a una presidenta gritar los nombres de las heroínas de la patria —Josefa Ortiz, Leona Vicario, Gertrudis Bocanegra— fue una reivindicación histórica y una declaración de principios.
Pero la emoción no puede ocultar la realidad.
Sheinbaum gobierna un país en condiciones críticas. Pese a sus esfuerzos para combatir al crimen organizado, éste sigue ganando territorio y está infiltrado incluso dentro de su propio partido, como lo demuestra el caso de varios gobernadores, del exsecretario de Marina, Rafael Ojeda, y del senador Adán Augusto López, que han sido señalados de tener vínculos con el narcotráfico.
La presidenta, aunque respaldada por una mayoría política, enfrenta el reto de no ser vista como una simple continuidad del lopezobradorismo, que se sospecha cobijó a esos personajes, sino como una figura con liderazgo propio, capaz de corregir el rumbo donde sea necesario.
A eso se suma el desastre económico que heredó. Aunque el gobierno anterior sacó a millones de la pobreza, dejó una economía estancada, con inversiones a la baja y sistemas de salud y educación deteriorados. Sheinbaum deberá demostrar que su proyecto no es solo una extensión ideológica de su antecesor, sino una visión pragmática y realista capaz de responder a las urgencias del país.
Y como si no fuera suficiente, persiste la amenaza de Donald Trump, quien ha dejado claro que castigará México con fuertes aranceles si este país no combate a fondo al crimen organizado y detiene la migración irregular a Estados Unidos. Sheinbaum tendrá que defender la soberanía nacional sin caer en el servilismo ni en el nacionalismo vacío.
El Grito de Independencia fue emocionante, sin duda. Pero más allá del simbolismo, la historia no se escribe con discursos, sino con hechos. México celebra hoy a su primera presidenta, pero le exigirá resultados mañana. El país espera justicia, seguridad, crecimiento económico y un gobierno que sea diferente.
Claudia Sheinbaum ha hecho historia. Ahora tiene que mostrar su independencia para gobernar.