Nerón y el  incendio del coronavirus en los Estados Unidos de América

Mientras los contagios y las muertes se desparraman en el mapa estadounidense, la inacción del presidente Trump parece una burla incalificable

Desde su balcón, Nerón admira la belleza del rojizo de las llamas. Es la noche de un julio del 64 AD y las incontrolables bailarinas pulverizan furiosas los templos y edificaciones en el Aventino, una de las siete colinas de la Roma antigua.

El emperador siente su grandeza, su poder inmensurable, su capacidad de construir… como de destruir. Y saborea ese momento en esa noche de colores de lo que pasaría a llamarse como el Gran Incendio de Roma.

Donald Trump

Dos mil años más tarde, en una Casa Blanca de la potencia económica y nuclear más poderosa de todos los tiempos, Donald Trump disfruta esa sensación de hombre todopoderoso que pocos llegan a tener en la historia.

Aquí también hay un incendio. Es el coronavirus que se desparrama como pólvora a lo largo de la gran nación de Washington, Lincoln y Roosevelt. Arde Florida con 170,000 infectados, arde Texas con 176,000 y arde California con 240,000.

Y este hombre, que se siente más cómodo en un reality show y comiendo hamburguesas de McDonald´s que incursionando en una exploración intelectual que le ayude a comprender la complejidad de los problemas de la nación, evidentemente no tiene ni la capacidad intelectual ni la preparación para liderar en un momento de crisis.

Los expertos de la Organización Mundial de la Salud le advierten sobre la gravedad de la situación epidemiológica, pero él los ignora y con cierta rebeldía adolescente se refiere al coronavirus como si fuera un resfrío. Casi paranoico, ve enemigos y conspiraciones en todos los rincones y ataca rencorosamente a quien se atreva a cuestionar su visión bien miope de la realidad.

Parece sentirse un dios omnipotente, intocable. Está rodeado de mortales frágiles, intrascendentes, e instituciones inertes que poco o nada pueden hacer para frenar sus caprichos.

Sale provocativamente sin mascarilla, promueve aglomeraciones que contagian, protege estatuas confederadas teñidas de odio, prioriza al Mercado sobre las vidas y hasta parece sentir cierta satisfacción cuando un supremacista racial le grita solidariamente ¡White power!

Narcisismo

En Roma, algunos como el general Suetonius Paulinus, habían sugerido que el maniático emperador habría intencionalmente provocado el incendio.

Aparentemente detrás del siniestro, estaba el interés inmobiliario de Nerón de deshacerse de la antigua arquitectura romana que tanto le desagradaba y así poder construir su Domus Aurea, un colosal palacio en 300 acres, con bosques, un lago artificial y una gigantesca estatua de 30 metros de sí mismo.

¿Suena familiar? ¿No se parece a nuestro egocéntrico presidente que ha dedicado su vida a erigir Hoteles Trump en tantas capitales del mundo para satisfacer ese narcisismo que lo consume?

Un presidente, vale la pena recordar, que no tiene límites morales, ni legales, ni políticos. Nacido en cuna de oro, como Nerón, se siente con el derecho de insultar a mujeres, discapacitados, mexicanos, africanos. Tiene la osadía de decir que podría matar a alguien en la populosa 5ta Avenida de New York y que, gracias a su poder, nada le pasaría.

Trump es Nerón

Arde Florida, arde Texas, arde California… y el maniático observa desde su colina en Washington, DC, rodeado de su guardia pretoriana, y no atina a hacer nada substancial.

¿Queda alguna duda que es una copia mediocre de Nerón?

Y mientras los contagios se multiplican y las muertes aumentan, ¿qué es lo único que se le ocurre al comandante de los camisas negras, al ídolo de republicanos oportunistas, evangelistas hipócritas y neofascistas intolerantes? Pues nada más ni nada menos que organizar un gran festejo frente al monumento a los presidentes en Rushmore, South Dakota.

Una fiesta que, como lo sugieren los médicos e epidemiólogos, ayudará a desparramar aún más el virus que está causando estragos en la nación. Una fiesta que incluirá los tradicionales fuegos artificiales que se lanzan al aire para festejar. Que se lanzan, por cierto, cuando hay motivo para festejar. Pero en el actual contexto de coronavirus y recesión, ¿qué es lo que quiere festejar este desequilibrado? ¿Los casi 3 millones de infectados? ¿Las más de 130,000 muertes?

La leyenda dice que Nerón tocaba la lira y recitaba sus poemas, mientras a lo lejos las villas ardían en la noche romana. Un poeta anónimo alguna vez escribió el Romance de Nerón y el Incendio de Roma  que en parte dice:

Mira Nero de Tarpeya
a Roma cómo se ardía:
gritos dan niños y viejos
y él de nada se dolía;
………………………………
vestido en cénico traje
descantaba en poesía.
Todos le ruegan que amanse
su crueldad y porfía…

Trump no tiene nada de poesía, no tiene lira, pero tiene mucho de crueldad y porfía. Este 4 de julio, el niño caprichoso nuevamente se saldrá con la suya y tendrá sus fuegos artificiales… Mientras tanto, no importa que ardan con fiebre, pulmonía y muertes, Florida, Texas, California y tantos otros estados de una nación cercada, atacada, confundida. Una nación sin líder.

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