Un mundo inestable, impredecible y en disputa, con altos niveles de conflictividad [1]
En medio de la crisis global, el rol de gendarme ya no resulta efectivo para los Estados Unidos. El emergente mundo de una gigantesca periferia, que hoy llamamos el Sur Global, avanza sin pausas
La humanidad presencia el genocidio sionista contra el pueblo palestino con indignación y, al mismo tiempo, con impotencia. Sus estructuras jurídicas y organizativas se muestran incapaces de impedir la masacre, las hambrunas, las infamias.
Los genocidas son respaldados por un imperio en acelerada decadencia y a la defensiva, que recurre a la violencia, al chantaje y la amenaza, pretendiendo por la fuerza recuperar espacios e influencia perdidas. Las mismas guerras que Donald Trump prometió acabar cuando estaba en campaña, hoy se multiplican, en un mundo cada vez más convulso, inestable, caótico y violento.
La violencia se traslada al propio territorio de la Unión Americana, donde los crímenes de intolerancia y odio se multiplican, y los homicidios por razones políticas, a manos de fanáticos neofascistas, fortalecen la tendencia hacia una potencial guerra civil.
Hacia el exterior, más allá de la complicidad estadounidense-israelí para colonizar el Oriente Medio en busca de recursos energéticos y la consolidación de nodos geoestratégicos, es necesario apreciar con exactitud estos movimientos para calificarlos adecuadamente y enfrentarlos como corresponde: un hegemón en decadencia que intenta demorar su retirada.
Como todo imperio, su caída no será pacífica. La violencia expresada en cada rincón del planeta es reflejo de aquella debilidad imperial.
Venezuela y el despliegue de la flota imperial en el Caribe, la frontera mexicana sujeta a la permanente observación amenazante desde el Norte; Indonesia, Nepal y el Asia Pacífico azuzadas por el germen de las revoluciones de colores, que dieron resultados al imperio en el mundo árabe y, en su momento, en Ucrania; las ya mencionadas acciones en el Oriente Medio y la región circundante, incluyendo Irán y Türkiye, sin olvidar la continuidad de la guerra en el Este europeo, son todos signos de aquella debilidad y, sobre todo, de la incapacidad de conservar poderes por otro medio que la violencia, el chantaje y la amenaza.
El sistema-mundo colapsa, y con él sus instituciones. Todo está en crisis y en discusión. En medio de ese caos, el rol de gendarme mundial ya no resulta igualmente efectivo para los Estados Unidos.
El emergente mundo de una gigantesca periferia que hoy llamamos el Sur Global, avanza sin pausas, en dos sentidos claramente identificables:
- Acumulando fuerzas a lo largo del planeta a partir de cosmovisiones integradoras y propuestas de relacionamiento entre naciones en igualdad de condiciones y con beneficios compartidos, privilegiando complementariedad a competencia.
- Contribuyendo con su fortalecimiento a la desacumulación de fuerzas del bloque imperial,
Las múltiples crisis simultáneas adoptan un carácter civilizatorio. Solo debemos mirar el inútil papel jugado por el esquema del sistema de Naciones Unidas, desde el Consejo de Seguridad hasta sus agencias humanitarias, pasando por la Asamblea General, ante la realidad del pueblo Palestino, o la irrelevante actitud de la Organización Mundial del Comercio, frente a las arbitrarias medidas proteccionistas de la administración Trump y sus políticas arancelarias.
Cualquier análisis que se haga sobre el panorama internacional actual no puede ignorar la importancia que adquirieron en las últimas décadas actores como China, India y Rusia. Así como tampoco puede pasar por alto el hecho de que, en materia de política imperial, los Estados Unidos siguen considerando a la República Popular China como su enemigo principal y estratégico, su mayor amenaza a la incontenible decadencia de la hegemonía estadounidense en el mundo.
En América Latina esta realidad se expresa a través de las presiones estadounidense contra la presencia china en el continente y el Caribe.
A su vez, no se puede eludir la importancia que tiene la cooperación económica, comercial, política y cultural impulsada por los BRICS, que nuclea a las principales economías emergentes del mundo, suma a más del 40% de la población mundial, representa más del 35% del PIB global, y se plantea como una alternativa multilateral.
El nuevo orden mundial naciente, escenario de luchas en las próximas décadas
Tanto el desarrollo, consolidación y ampliación de los BRICS+, como el avance de jugadores clave, a su vez integrantes de aquel grupo, como China, India o Rusia, señalan una clara tendencia a la multilateralidad de las relaciones internacionales, y un claro desplazamiento de las fuerzas que durante siglos han dominado el mundo a través de la imposición colonial e imperial.
La correlación de fuerzas mundial representa así una oportunidad para que tres cuartas partes de la humanidad pueda frenar la dinámica agresiva y belicista, de relaciones de dominación y subordinación hacia potencias centrales a base de la fuerza, el chantaje, la amenaza y la coacción.
El nuevo orden mundial que empieza a gestarse lo hace sobre las ruinas de formas de dominación cada vez más obsoletas.
Ese nuevo mundo nace con contradicciones, con estertores y violencia. Estamos en presencia de fuerzas imperiales en retroceso y heridas que, por eso mismo, se vuelven aún más peligrosas. Un punto del planeta donde esa agresividad imperial se hace patente es América Latina y el Caribe.
América Latina y sus desafíos
En nuestro continente, registramos una fuerza de derecha que pretende consolidarse como bloque, con posibilidades de crecer y con capacidad para obstruir iniciativas unitarias (Argentina, Perú, Paraguay, Panamá, Costa Rica, Ecuador, República Dominicana, El Salvador, y ahora deberemos incluir a Bolivia).
Ante esta realidad, la defensa de la Soberanía Nacional, el respeto a las fronteras, el trato digno a los migrantes, la lucha sin cuartel por mantener a América Latina y el Caribe como territorio de Paz (CELAC 2014) y libre de armas nucleares (Tlatelolco 1967) constituyen puntos de confluencia potencial para nuestros pueblos en la conformación de alianzas continentales de nuevo tipo.
La agresividad imperial es particularmente violenta contra los procesos revolucionarios de carácter nacional, popular y socialista de Cuba, Nicaragua y Venezuela. Puntos álgidos de la geopolítica continental y mundial, en la medida que representan obstáculos objetivos a la estrategia imperial de retomar el control hegemónico sobre lo que considera su histórica área de injerencia y dominio.
Es precisamente la defensa de la República Bolivariana de Venezuela la que nos convoca, de sur a norte del continente, porque simboliza el enfrentamiento directo contra un proyecto de recolonización imperial, despojo y opresión que, de tener éxito, marcaría posiblemente el destino del resto del continente.
Venezuela y su pueblo, representan para la dignidad de los pueblos de Nuestra América, la línea Maginot que el imperio no debe cruzar.
Derrotado en múltiples frentes del planeta, particularmente en Eurasia y África, el imperio y las fuerzas retrógradas que aglutina, como las del sionismo genocida y las de los supremacistas y fascistas estadounidenses y europeos, ven en Nuestra América su refugio.
Esperan que, si cae Venezuela, sus riquezas naturales y su petróleo, luego caigan Cuba y Nicaragua, para subordinar definitivamente un continente rebelde que necesitan sumiso y entregado a sus designios.
Es la hora de conformar un solo frente latinoamericano y caribeño, no de palabra sino en los hechos. No serán las instituciones en crisis, ni siquiera las que desde América Latina emiten declaratorias solidarias, las que impedirán las agresiones imperiales, como no son las estructuras jurídicas y políticas internacionales las que impiden las atrocidades en Gaza.
Serán los pueblos, nuestros pueblos, con el bolivariano a la vanguardia, pero todos en un solo pie de combate, desde las calles, en movilización permanente, quienes podremos derrotar al imperio agresivo y asesino.
Hoy, más que nunca, dos llamados deben acudir a nuestros oídos. La antigua apelación del romano Publio Flavio Vegecio, que advertía. “Si quieres la paz prepárate para la guerra”; y, sobre todo, aquel llamado del Che que sigue interpelándonos cuando, ante el heroísmo del pueblo vietnamita, nos llamó a “Crear dos, tres, muchos Vietnam” hasta derrotar al imperio.
Esos llamados tienen hoy más vigencia que nunca ante las amenazas a nuestra hermana Venezuela.
Venezuela y Gaza son hoy los paradigmas de la defensa de la humanidad, de la vida, de la paz, de un futuro para todos. Pero, ante asesinos deshumanizados, como los genocidas sionistas o los supremacistas neofascistas de Trump, Rubio y compañía no bastarán, sin duda, las palabras. Se requiere un mundo en pie de lucha para enfrentarlos y derrotarlos.
[1] Extracto de la ponencia sobre coyuntura internacional presentado en el XXIX Seminario Internacional, los Partidos y una Nueva Sociedad, México 25-27 de septiembre de 2025



