Anthony wiener: pecados del poder

 

Desde que el mundo es mundo los hombres de poder –y los que no tienen poder también- han tenido sus pecadillos sexuales. Algunos han hecho cosas horrorosas, otros medio pervertidas y el que más, ha sido simplemente un hombre, con todas esas hormonas agresivas y esa crianza que les dice que ser asertivos con su sexualidad es ser ¡un hombre de mundo, atractivo, triunfador, un machote!

No digo que las mujeres no hagamos lo nuestro también, pero ¿cuándo fue la última vez que se reportó que una congresista mujer mandaba fotos íntimas por twitter? ¿Será que somos menos tontas?

Traigo este tema a colación porque estoy un poquito hasta la coronilla de las manifestaciones de asombro, puritanismo y oh horror, ¡usó las toallas del gimnasio del Congreso en una foto impúdica! ¡Y mintió! Una cosa terrible, porque todos sabemos que los políticos jamás mienten, sobre todo en temas de su vida sexual privada ni tampoco en dejar de cumplir promesas de campaña, cambiar de posición como quien cambia de interiores, etc.

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Todo esto me huele a un poquito más que hipocresía: también me huele a que estamos husmeando donde no es. O buscando la honestidad de los políticos en el lugar equivocado: sus pantalones.

Aún no sabemos qué fue todo lo que hizo el congresista Anthony Weiner, el más reciente político de alto rango en estar bajo la mira por comportamiento sexual inadecuado. Por el momento, no hay pruebas de que haya hecho nada ilegal, aunque sí anti-ético y probablemente inmoral a los ojos de muchos. A mí personalmente me da pena volver a comprobar que muchos representantes del sexo masculino, por inteligentes que sean, tienen más peso en los calzones que en el cerebro.

Y sobre todo, porque como suele suceder, Weiner tiene de esposa a un portento de mujer: brillante y exitosa. Y que además trabaja en la Secretaría de Estado con Hillary. ¡Quién hubiera podido escuchar las consejos que seguramente Hillary le dió!

Es una pena, porque Weiner es un tipo valiente. Me refiero a su desempeño político: era de los pocos demócratas con pantalones, que llamaban al pan, pan y al vino, vino y luchaba por lo que creía. Es decir, al estilo republicano, que para eso son buenos, pero en demócrata. Lástima que no todo lo que tenía en los pantalones era tan bueno mostrarlo, algunas cosas mejor se las hubiera guardado dentro.

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Lo peor: muchos ciudadanos mostraron que les horroriza más un pecado sexual de uno de sus políticos, que el que sean malos gobernantes, hagan guerras inútiles, sean corruptos o no respondan a las necesidades de la mayoría, sino del dinero. Así nos va.

 

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