Bernie, la opción ética

Aunque inicialmente había considerado votar pragmáticamente por un candidato como Joe Biden, finalmente me incliné por una opción ética, coherente con mis principios de justicia económica y social.

El candidato demócrata Bernie Sanders. FOTO: Wikimedia Commons

Mi tremenda frustración con este presidente misógino, racista e incompetente me llevó a un pragmatismo anti ideológico que se tradujo en cálculos matemáticos de las posibilidades electorales de los candidatos demócratas.

Para poder ganar una elección, razonaba, es fundamental capturar el centro del espectro ideológico. O sea, reclutar para nuestras filas a los “demócratas azules” que tienen tendencias conservadoras y que a veces traicionan al partido y votan por candidatos republicanos; a los republicanos ´progresistas´ (¿un oxímoron?) que están desilusionados con las barbaridades de este presidente nacionalista extremo; y, fundamentalmente, a los independientes que van y vienen sin mucha coherencia ideológica.

Por eso inicialmente el centrista  Joe Biden parecía la opción ideal.

Aunque no estaba cómodo con Biden, lo veía como la opción realista que garantizaba una victoria ante el payaso de la Casa Blanca.

Este razonamiento utilitarista,  me alejó de mis ideas de justicia económica y social que son fundamentales en este momento histórico de la nación. Pero me recuperé a tiempo y corregí mi error.

Y por supuesto, esa corrección no me podía llevar más que a las filas de Bernie Sanders. El candidato con la mejor agenda para redefinir a la democracia estadounidense que no solo confronta el mayor nivel de desigualdad económica de su historia sino que sus instituciones democráticas están amenazadas por el autoritarismo trumpiano.

Ya sabemos que para Bernie el futuro no va a ser fácil. Nunca lo fue cuando se trata de cambiar paradigmas nacionales. Ya lo acusan de socialista y sugieren que no tiene posibilidades de triunfar en noviembre.

Bernie ´socialista´

Desde sus victorias en Iowa (voto popular) y en New Hampshire y Nevada, rebrotaron las acusaciones de socialista, comunista y otros términos que buscan herirlo políticamente. No es la primera vez que esto ocurre con un candidato progresista.

En la década del 30, uno de los presidentes más efectivos en transformar social y económicamente al país, Franklin Delano Roosevelt (FDR), también fue acusado de socialista y comunista.

“Roosevelt es un socialista, no un Demócrata”, dijo el representante Republicano Robert Rich en un debate de la Cámara de Representantes de los EEUU el 23 de julio de 1935.

“La ´New Deal´ (el plan económico de FDR) es una forma oculta de socialismo estatal…”, dijo otro Republicano, el senador Simeon Fess.

Barack Obama también tuvo la experiencia de ser acusado de socialista, comunista y otras caracterizaciones que es mejor no repetir.

Por supuesto la mayoría de la gente no tiene la menor idea qué es socialismo, socialismo democrático, comunismo y las otras docenas de variantes de estos términos. Pero saben que estas palabras tienen connotaciones negativas y cualquier asociación con ellas, después de siete décadas de Guerra Fría, es un arma poderosísima para destruir oponentes.

Por eso es que Donald Trump y hasta los contrincantes demócratas de Sanders buscan por todos los medios posibles de estamparle el rótulo de socialista.

Pero Sanders no se deja intimidar y, con su honestidad tradicional, reconoce orgullosamente que es un socialista democrático. Un socialista “a la europea”. No un socialista (o comunista) de los que crearon los Planes Quinquenales y los Gulags en la Unión Soviética.

EEUU ya tiene programas ´socialistas´

Pero aún más clarificador es cuando Bernie nos recuerda que muchas de las políticas económicas que actualmente tenemos en Estados Unidos son, en esencia, producto del intervencionismo estatal y, por ende, manifestaciones de ese socialismo democrático que él propone.

Por ejemplo, Medicare y Medicaid, los planes de salud para las personas de más de 65 años y para los de menores recursos, son programas ´socialistas´. La educación pública de K-12 es un programa ´socialista´. Los subsidios al sector agrícola, al sector energético, son programas ´socialistas´. El salario mínimo, las 8 horas de trabajo y todas las otras regulaciones son intervenciones del estado en el mercado que, en última instancia, son programas´socialistas´.

O sea que Estados Unidos ya tiene una economía mixta en la que instituciones ´socialistas´, aunque no sean reconocidas como tal, garantizan derechos económicos, laborales y sociales a amplios sectores de la población.

Por supuesto, como algunos han sugerido, estamos atrasados medio siglo respecto a Europa Occidental. Y eso se refleja en las tremendas desigualdades económicas que experimentamos (la mayor de la historia, de acuerdo al economista Thomas Piketty) e indicadores socioeconómicos como la mortalidad infantil, expectativa de vida, horas de trabajo por semana, que siempre nos colocan al final de la lista entre los países industrializados.

Y aunque ya tengamos instituciones ´socialistas´, cuando Bernie Sanders propone ampliarlas (para que Medicare cubra a toda la población o haciendo gratuita la educación universitaria), los mutimillonarios de este mundo como Mike Bloomberg y los representantes del ´establishment´ como Joe Biden, ponen el grito en el cielo y anuncian el arribo de una Apocalipsis bolchevique.

Una estrategia de la oposición que no tiene fundamento racional y que, además, es claramente mal intencionada. Tan mal intencionada como cuando sugieren que Bernie Sanders no tiene posibilidades de triunfar en las elecciones nacionales frente a Trump.

Posibilidades de Bernie en la elección nacional

Aunque algunos críticos traten de ignorarlas, las últimas encuestas son claras. Bernie está a la cabeza sin duda alguna. No hay ningún candidato demócrata que cuente con tanto apoyo del electorado como él. Y no solo del electorado demócrata sino que también del electorado nacional.

Los números de RealClearPolitics.com del 25 de febrero, que se basan en el promedio de todas las encuestas nacionales, le adjudican un 29% de los votos a Bernie Sanders, 18% a Joe Biden, 14% a Michael Bloomberg, 12% a Elizabeth Warren, 10% a Pete Buttigieg, 5% a Amy Klobuchar, 2% a Tulsi Gabbard y 2% a Tom Steyer.

Más significativa es la encuesta de CBS News y YouGov del 23 de febrero que indica que no hay ningún candidato demócrata que pueda ganarle a Donald Trump con mayor diferencia que la que tiene Sanders. El senador prevalece, por el momento, con una diferencia de 3 puntos.

En un artículo publicado en The Atlantic (“Cuando aprenderán los moderados su lección”), Ibram Kendi refuta la idea de que un progresista no pueda triunfar en la elección nacional. Nos recuerda que, para muchos, la derrota del progresista George McGovern en 1972 se transformó en el ejemplo clásico de la falibilidad electoral de los candidatos progresistas. Sin embargo, recuerda Kendi, candidatos demócratas moderados perdieron elecciones nacionales, no una sino cuatro veces desde 1980 y eso, intencionalmente, casi no se menciona. Perdieron en 1980 con Jimmy Carter (más moderado que Edward Kennedy), 2000 con Al Gore (más moderado que Bill Bradley), 2004 con John Kerry (más moderado que John Edwards) y 2016 con Hillary Clinton (más moderada que Bernie Sanders). Entonces, los demócratas moderados pierden tantas o más elecciones nacionales que los candidatos progresistas.

Sanders es tan socialista como líderes europeos que respetamos y son nuestros aliados. Defiende programas ´socialistas´, como Medicare y el Seguro Social, que todos defendemos. Sanders es el candidato demócrata con los porcentajes más altos en las encuestas que le permitirían derrotar electoralmente a Donald Trump. Sanders tiene la agenda, honestidad, preparación, convicciones y vitalidad que Estados Unidos necesita en este crucial momento de su historia.

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