Canal de Panamá: la intimidación de Trump es un arma de doble filo

En 1977, Estados Unidos y Panamá firmaron un acuerdo histórico por el cual EE.UU. le cede a la nación centroamericana el control sobre el Canal de Panamá. 

Ratificado por el Senado al año siguiente, el Canal pasó totalmente a manos panameñas el 31 de diciembre de 1999. Esta vía es la principal fuente de ingreso del país, su principal activo y definitorio de su soberanía nacional. Estados Unidos renunció a cualquier demanda territorial pero retiene el derecho de intervención contra una invasión extranjera. 

El Concord, buque de guerra estadounidense patrullando el Canal de Panamá durante la Segunda Guerra Mundial.

El canal de Panamá es todavía hoy una maravilla de ingeniería. Su construcción comenzó en 1880 por franceses, que no pudieron con las dificultades en aumento. En EE.UU., compró en 1904 los derechos de la Compañía Francesa. Pagó 40 millones de dólares.

Inaugurado en 1914, el Canal de Panamá comunica con sus 82 kilómetros y a través de nueve esclusas al Océano Atlántico con el Pacífico en ocho o más horas de travesía. Recorta 20,000 kilómetros y dos semanas de navegación de las rutas que originalmente y por siglos debían circunvalar el continente pasando por el Estrecho de Magallanes o el Cabo de Hornos o, dependiendo del puerto objetivo, el Cabo de Buena Esperanza al sur de África. 

Cada año lo atraviesan más de 14,000 barcos con más de 172 millones de toneladas de mercancía. Esto significa entre 36 y 40 barcos por día, que transportan alrededor de 450,000 toneladas de carga. 

Más del 40% del tráfico de contenedores de Estados Unidos, valorado en unos 270,000 millones de dólares al año, pasa por el Canal de Panamá, lo que supone que más de dos tercios de los buques que cruzan cada día provienen o se dirigen a puertos estadounidenses. 

El gasto de mantenimiento del canal en circunstancia normales es de más de 2,200 millones de dólares por año, y el ingreso unos 3,500 millones, dependiendo de una serie de factores, entre ellas las condiciones climáticas. 

Con los años, Panamá ha entablado acuerdos comerciales de manutención y operación con consorcios extranjeros, y lo hizo para administrar los puertos en cada océano que componen el complejo con la empresa china CK Hutchison Holdings, con sede en Hong Kong. 

Esta es la excusa que Donald Trump en sus declaraciones en las que reclama la “devolución” del canal y otras demandas. Las repiten sus aliados y él mismo en distintas oportunidades y con diferentes formas. 

Obviamente causaron sobresalto en el gobierno de Panamá y la mayoría de los países de Latinoamérica. 

Esta semana, Trump demandó en Truth Social de manera “inmediata” que los barcos bajo bandera estadounidense, tanto mercantes como militares, pasen por el canal de Panamá, pero también por el canal de Suez, de manera gratuita. Cero costo, como si fuese el dueño. 

El canal de Suez, obviamente, pertenece a Egipto y Estados Unidos no posee intereses en él. Pero es el comienzo de otra odisea, esta vez para El Cairo. 

Las tarifas de navegación del Canal centroamericano aportan aproximadamente el 10% del PIB panameño. Los grandes buques portacontenedores pagan entre $60,000 y $500,000 y más por pasar, dependiendo de varios factores. 

Quien domina el Canal puede controlar una parte considerable del comercio marítimo mundial. 

A las repetidas bravuconadas de Trump el gobierno del presidente José Raúl Mulino en Panamá, respondió insistiendo que su soberanía sobre la vía fluvial es «innegociable». Su canciller Javier Martínez-Acha dijo que es una “conquista irreversible”. Además, el gobierno panameño cedió a las presiones y entabló negociaciones para reducir la presencia china y para acelerar el tránsito estadounidense.  Pero en la arena de las declaraciones públicas, Mullino ha sido contundente y dijo la verdad: que aquí, Trump miente. 

«Rechazo en nombre de Panamá y de todos los panameños este nuevo atentado contra la verdad y nuestra dignidad como nación».

Trump clama falsamente que en la prolongada construcción fallecieron más de 30,000 estadounidenses cuando distintas fuentes aclaran que solo 380 de las numerosas víctimas fueron estadounidenses. Sí hubo muchos miles de muertos durante las décadas de construcción. 

El Presidente estadounidense también afirma sin evidencias que los “soldados chinos” pululan en el canal, a lo que Mulino respondió que “no hay chinos”. 

Se puede entender que en las condiciones de rivalidad con China exista en Washington una sensibilidad respecto a la presencia de intereses comerciales chinos en zonas estratégicas. Para eso las empresas estadounidenses podrían aumentar su competitividad para llegar a acuerdos comerciales similares y sin dejar de cumplir los acuerdos bipartitos y las leyes internacionales. 

 

Así, en enero se anunció que el conglomerado estadounidense BlackRock compraría la mayor parte de los intereses de Hutchison Holdings. Posteriormente, el gobierno chino bloqueó la transacción  al no haber sido consultado. 

Esta pudo haber sido una legítima rivalidad comercial. Pero la táctica de intimidación del gobierno si Panamá no acepta que los barcos bajo bandera estadounidense no paguen la desvirtúan. 

Los términos del tratado de 1977, firmado por el expresidente Jimmy Carter, especifican que Panamá no puede cobrar a EE.UU. menos que a otros. Es el espíritu mismo de la neutralidad a la que aquel país se comprometió. 

Es su manera confrontativa y despectiva de la independencia de la nación centroamericana al conducir diplomacia lo que causa temor en las capitales latinoamericanas. La consecuencia es que inician un alejamiento del apoyo a los intereses de Washington y una búsqueda de alternativas estratégicas. Entre ellas un acercamiento más estrecho a China a través de acuerdos comerciales y concesiones de construcción. 

Esta alarma es justificada y la reacción a la política del tuit de Trump debilita aún más la posición estadounidense en el mundo. 

Generalmente, cuando terminan las confrontaciones pierden los “bullies”, quienes abordan las relaciones internacionales con arbitrariedad, mentiras y presiones diplomáticas, comerciales o financieras y hasta militares. Por alguna razón ignota – más debido a su personalidad que a una lectura de la realidad geopolítica – Trump está convencido de su invencibilidad. Se cree invulnerable. Esta semana le concedió una entrevista a una publicación que es parte de su colección del odio, The Atlantic, en la que dijo con característica humildad que él «dirije al país y al mundo». Es triste que ya no haya en su entorno nadie que le diga la verdad, porque Trump enmascara su debilidad con sus gritos. 

La actitud de Trump – en materia de política exterior en este caso – corresponde más a un matón en un barrio que la del presidente de la primera potencia mundial. Y cuando sus fantasías sobre las dos principales vías de navegación del mundo – Suez y Panamá – se aúnan a las demandas territoriales en Canadá, repetidas el mismo día de las elecciones allí, y Groenlandia, Trump lleva al aislamiento de Estados Unidos, empuja el forjamiento de alianzas alternativas que lo excluyen y lleva a un daño económico de magnitudes aún insospechadas. 

Por de pronto, trascendió que Trump había encargado al Pentágono que diseñe opciones militares para la ocupación del Canal. Pero también que ya en febrero, el gobierno panameño en negociaciones secretas había aceptado no cobrar el «peaje» a los barcos estadounidenses. Al menos los militares.

Y ni se han cumplido todavía los cien primeros días de su presidencia de cuatro años.

Autor

  • Fundador y co-editor de HispanicLA. Editor en jefe del diario La Opinión en Los Ángeles hasta enero de 2021 y su actual Editor Emérito.
    Nació en Buenos Aires, Argentina, vivió en Israel y reside en Los Ángeles, California. Es periodista, bloguero, poeta, novelista y cuentista. Fue director editorial de Huffington Post Voces entre 2011 y 2014 y editor de noticias, también para La Opinión. Anteriormente, corresponsal de radio.
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    Founder and co-editor of HispanicLA. Editor-in-chief of the newspaper La Opinión in Los Angeles until January 2021 and Editor Emeritus since then.
    Born in Buenos Aires, Argentina, lived in Israel and resides in Los Angeles, California. Journalist, blogger, poet, novelist and short story writer. He was editorial director of Huffington Post Voces between 2011 and 2014 and news editor, also for La Opinión. Previously, he was a radio correspondent.

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