El juez John Roberts es un reflejo del Trumpismo

John Glover Roberts, Jr., aka John Roberts, is the 17th Chief Justice of the United States Supreme Court. This caricature of John Roberts was adapted from a photo in the public domain from the US Supreme Court

En un sistema democrático, la estabilidad de las instituciones radica en diversos factores: una constitución, precedentes legales, la libre expresión y el lugar de la prensa libre, o la posibilidad para cambiar un gobierno por vía electoral.

Un pilar adicional e imprescindible es el respeto de la ciudadanía al poder judicial. La confianza de que la justicia se ajusta a las leyes, y viceversa. Y que no participa en el debate público más que a través de sus deliberaciones y decisiones. Que es, en pocas palabras, “objetiva”, aunque sea casi una mala palabra, porque en el fondo, eso no existe.

Dentro de este marco de pensamiento, el presidente de la Suprema Corte, John Roberts, acaba de violar las bases de ese pilar y de contribuir al declive de la confianza pública en la neutralidad de su institución.

Roberts, en un gesto extraordinario, publicó una declaración de repudio a expresiones del líder demócrata del Senado, Chuck Schumer, quien a su vez había criticado a los más radicales miembros de la Corte Suprema, Neil Gorsuch y Brett Kavanaugh, ambos nombrados por Trump.

Al unísono, el Presidente Trump envió desde su plataforma de propaganda favorita, Twitter,  una crítica similar, con la demanda de que Schumer “pague un serio precio” por sus declaraciones.

Lo cual encontró, naturalmente, eco en miles de propagandistas que amplifican las opiniones de Trump, de sus huestes incondicionales para las cuales él es caudillo indiscutivo  y quienes exigieron el enjuiciamiento, encarcelamiento, etc., de Schumer.

Roberts se encontró en medio de este debate partidario. Y tomó parte en él. Mal.

Pero no hizo lo mismo cuando el propio Trump atacó en público a cualquier juez federal que no estuviese sometido a él. Ni defendió a la corte de los ataques del mandatario contra las juezas Ruth Bader Ginsburg y Sonia Sotomayor, de quienes demandó que se recusaran de cualquier caso que tenga que ver con él mismo.

Ni dijo nada cuando Trump atacó en público a la jueza Amy Berman Jackson previo a su  sentencia de su aliado Roger Stone. Roberts no defendió a sus jueces.

Ni se escuchó ningún comentario de Roberts cuando el mismo Kavanaugh, durante sus audiencias de confirmación en el Senado, expresó dirigiéndose a los senadores demócratas:

“Desde mi nominación en julio, ha habido un frenesí en la izquierda para encontrar algo, cualquier cosa, para bloquear mi confirmación”.

Básicamente, Kavanaugh, miembro de la corte que Roberts preside, hizo lo mismo que Schumer. Pero ni una palabra.

Además, Roberts eligió hacer pública su crítica a Schumer a través de un comunicado público y no por canales privados.

Con sus declaraciones y con sus silencios, el presidente de la Suprema Corte ha elegido un bando en el debate político que nos consume desde la elección de Donald Trump. Y se insertó en ese debate. Si alguien aún abrigaba la esperanza de que Roberts detuviese a Trump en su carrera por debilitar la democracia, este incidente sirvió para desilusionarse. Roberts no será ese héroe. Y fue un escalón más en el descenso de nuestro país a la confrontación.

Finalmente, es un triste recordatorio que incluso si Trump perdiese las elecciones de noviembre, incluso si entregase el poder (cosa que muchos dudan) quedarían tras él los jueces que nombró y cuyo ejercicio es vitalicio. Y quedarían los añicos de nuestra tradición democrática.

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