El peso del apellido

Crecí en un pequeño pueblo tradicional del norte de México, donde los patriarcas se preocupaban por quién llevaría el apellido de la familia. No era solo una cuestión de honor; había muchas historias calladas, cargadas de complicidad y silencios, que jamás se pronunciaban en voz alta. Más que la honra, era la reputación, la idea del “abolengo de bien”.

El peso del apellido era distinto para cada integrante de la familia, pero sin duda recaía con mayor fuerza en las mujeres, a pesar de que, al casarse, perdían el nombre del hombre de familia para convertirse “de” otro, como dictaba la tradición. Era una cruz invisible llena de expectativas y responsabilidades. Para las mujeres, las astillas de ese peso eran más dolorosas.

Las cosas han cambiado. Las mujeres se han desnudado de la pertenencia del “de”, del peso de las culpas ajenas y el tan temido qué dirán; ahora se elevan y se empoderan. Solo los más tradicionales las siguen viendo como las hijas, viudas, mujeres y madres de los hombres. Hoy muchas eligen conservar sus nombres y se pueden divorciar de todo, menos del apellido paterno. Ese primer apellido es como el cordón umbilical con la historia, con las familias que se asentaron en este desierto mucho antes de que las fronteras nos cruzaran el parentesco en el acta de nacimiento. Así que aquí pasa lo mismo.

En Estados Unidos, también los apellidos pesan, aplastan o impulsan; a veces son un calvario; pero otras, una bendición… en la política son ambos.

En Arizona, Grijalva es uno de los apellidos con más resonancia y peso político. Raúl Grijalva fue una figura emblemática: congresista por más de dos décadas, conocido nacionalmente por su activismo y compromiso. Se remangaba la camisa y marchaba cerca de la gente, escuchaba, peleaba causas y defendía a su comunidad, especialmente a los migrantes y a los sectores más vulnerables. Su distrito, el séptimo de Arizona, lo admiraba. Su voz era fuerte en el Congreso y su legado se recuerda con respeto.

Pero en marzo de 2025, Raúl Grijalva perdió la batalla contra el cáncer de pulmón. Su fallecimiento dejó vacía una silla que parecía inamovible, un espacio político y comunitario que necesitaba ser llenado. Su legado, sin embargo, no terminó con su muerte.

El liderazgo, la historia y el apellido podrían continuar con Adelita Grijalva, una de sus tres hijas nacida y criada en Tucson, Arizona. Esta semana, Adelita aseguró la candidatura demócrata para el séptimo distrito del Congreso, un paso silenciosamente esperado pero que enfrenta el escrutinio público ineludible. ¿Fue ella quien ganó, o fue el peso del apellido?

Si los votantes la respaldan en las próximas elecciones especiales de septiembre, podría convertirse en la sucesora de su padre, en lo que pareciera ser un destino casi escrito en un distrito mayoritariamente demócrata.

Adelita reconoce abiertamente que llevar el apellido Grijalva a veces le pesa; es un legado fuerte, un apellido que lleva cierta exigencia, una sombra de altas expectativas. Pero lo honra con convicción y trabajo. Sabe que se para sobre los hombros del gigante político que fue su padre. Ella abraza sus valores, pero posee una visión propia, renovada y más moderna para atender problemas que el Congreso ha arrastrado durante años: la migración, la educación pública, la vivienda, temas que son urgencias y que merecen respuestas frescas y comprometidas.

Este peso del apellido que la alienta también la desafía. Es un símbolo de identidad, historia y compromiso que puede abrir o cerrar puertas, generar admiración o presión. En la política, llevar un apellido conocido es un doble filo: te abre espacios gracias a la memoria colectiva, pero también obliga a sostener un legado y aportar algo nuevo.

En el caso de Adelita Grijalva, ese apellido no solo la conecta con su padre, sino que también le brinda una plataforma para continuar las luchas que ese apellido ha simbolizado durante décadas en Arizona. Si logra ganar la elección, será prueba de que, aunque los apellidos pesan, la fuerza también se hereda.

Autor

  • Néstor M. Fantini , M.A., Ph.D. (ABD), es un periodista, educador y activista de derechos humanos argentino-estadounidense que es coeditor de la revista online HispanicLA.com y profesor adjunto de sociología, en Rio Hondo College, Whittier, California. Fantini se graduó de Woodsworth College y de la Universidad de Toronto.    ////.

    Nestor M. Fantini, M.A., Ph.D. (ABD), is an Argentine-American journalist, educator, and human rights activist who is co-editor of the online magazine HispanicLA.com, and adjunct professor of sociology at Rio Hondo College, Whittier, California. Fantini graduated from Woodsworth College and the University of Toronto.

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