Esta es la Proposición 50 de California
Pro y contra de un cambio dramático en la cultura electoral del estado. Pero el votante tiene la palabra.

La Proposición 50 de California es – en caso de que fuera aprobada por los votantes en la elección que culmina el martes 4 de septiembre – una revalidación de la Ley de Respuesta al Fraude Electoral (Stop the Election Rigging Response Act).
Qué pasa si se aprueba
De ser aprobada, un nuevo inciso se incorporará a la Constitución del estado. Por el mismo, cesaría de existir hasta 2030 la comisión independiente que decidiría la distribución de distritos electorales con miras a las elecciones de medio término del 3 de noviembre de 2026. La tarea volverá a manos de la Legislatura y el gobernador.
El establecimiento de esta comisión se consideró un avance en la democracia estatal, ya que reemplazaba la práctica de que los distritos electorales eran determinados por la misma Legislatura. Es decir: en lugar de que sea a la inversa, los políticos elegían a sus votantes.
Pero si la Proposición 50 llega a ser aprobada California retrocederá a precisamente esa situación.
Si es aprobada la ley, los demócratas procederán a cambiar los distritos electorales según un mapa que aparece en la boleta electoral, para acumular cinco escaños adicionales a los actuales en la Cámara de Representantes.
Es también importante señalar que los cambios a los distritos electorales se efectúan cada diez años, poco después de hacerse públicos los resultados del Censo de Población nacional y solo para responder a los cambios demográficos que este señale. Este rediseño es, a todas luces, extraordinario.
Por qué lo hacen
Es un contrapeso, explican los autores, a las acciones similares por la legislatura las Texas, posteriormente seguidas por las de Indiana y Carolina del Norte, entre otras, todas controladas por los republicanos, que están cambiando sus propios distritos electorales para favorecer a su partido, porque así lo dispuso el Presidente Trump.
Detallan además que la Legislatura de Florida estableció un comité para impulsar una nueva redistribución, que los republicanos han instado al estado de Ohio a llevar a cabo su propia redistribución de distritos y que los estados de Missouri, New Hampshire, Nebraska y Carolina del Sur también lo están considerando.
En California, los proponentes de la Proposición 50 dicen que lo hacen de mala gana, a regañadientes, contra su conciencia política, y aunque apoyan la selección independiente de los distritos electorales. Pero agregan que se ven obligados a hacerlo.
Por qué se necesita el voto popular
En las dos cámaras de la Legislatura estatal los demócratas poseen una mayoría absoluta: 60 de los 80 asambleístas y 30 de los senadores estatales. Cabe entonces la pregunta: ¿por qué se requiere el voto popular para refrendar una decisión tomada por la gran mayoría de los legisladores?
Es que así lo exige la Constitución californiana y el mismo contenido de la ley exigen que sea refrendada por los votantes.
Todas estas explicaciones y más aparecen en la boleta electoral que muchos votantes ya han enviado y muchos más lo harán el martes 4. Ahí se pueden ver claramente los distritos electorales imperantes ahora y los propuestos por la Proposición.
Qué dice la boleta electoral
En última instancia, el votante debe elegir entre un sí y un no. Citando la boleta electoral:
“Un voto SÍ a esta medida significa: el estado usaría nuevos mapas de distritos del Congreso elaborados legislativamente a partir de 2026. Los nuevos mapas de California se usarían hasta que la Comisión de Ciudadanos de Redistribución de Distritos de California dibuje nuevos mapas después del Censo de EE. UU. de 2030”.
¿Y el NO? “Un voto NO a esta medida significa: Los mapas actuales de los distritos del Congreso elaborados por la Comisión de Ciudadanos de Redistribución de Distritos (Comisión) de California continuarán utilizándose en California hasta que la Comisión dibuje nuevos mapas después del Censo de EE. UU. de 2030”.
Palabras de cierre
El exgobernador republicano y todavía popular Arnold Schwarzenegger explicó la semana pasada firmemente los problemas planteados por la Proposición 50. A sus 78 años se presentó en el programa televisivo de Bill Maher para recoger aplausos y protestar. La Ley es una medida de represalia y el fruto de los intereses creados de los políticos que niega el poder ciudadano en la redistribución de distritos y manipular de esa manera al votante, eliminando las protecciones que aseguran elecciones juntas, dijo. Son los votantes quienes deben elegir a los políticos y no viceversa, agregó.
«Yo no soy un politiquero. No sirvo al partido, siempre sirvo al pueblo«, dijo el ex mandatario.
Los proponentes por su lado aseguran que protegen la voz de California en el Congreso, para garantizar que no se diluya por la manipulación partidista – una manipulación que el estado emula. También afirman que es una oportunidad para evitar una toma de poder nacional que se propone mantener a toda costa la mayoría republicana en el Congreso.
Así, el gobernador Gavin Newsom dijo en una de las entrevistas previas a la elección que «él (el Presidente Trump) está cambiando las reglas. Está manipulando el juego porque sabe que perderá si todas las cosas son iguales… no esperaba que California combatiera el fuego con fuego«.
Todo es gerrymandering
La controversia tiene como principal tema el llamado proceso de “gerrymandering” – palabra creada a partir del nombre del gobernador Elbridge Gerry que lo inició en 1812 para permanecer en el poder. Varios distritos eran tan retorcidos que parecían salamandras. Una práctica notoriamente antidemocrática.
Los mapas de los estados – o los condados, o las ciudades – se dividen para que cada uno tenga la misma población y que contenga una diversidad de opiniones. Pero el “gerrymandering” lo desnaturaliza y pone bajo cuestión la justicia de las elecciones.
Las encuestas predicen la aprobación de la Proposición 50.
La última de ellas, del Instituto de Estudios Gubernamentales de UC Berkeley, copatrocinado por el diario Los Ángeles Times, establece que seis de cada diez votantes votarán SÍ.
Pero no se sabe hasta último momento. Las encuestas pueden fallar, como ya lo hicieron en las elecciones nacionales de 2016.
El votante tiene la palabra.



