Impeachment: Nuestra tarea en el juicio a Trump

No dejemos que las mentiras repetidas tantas veces por las marionetas de Trump en el Congreso se conviertan en verdades. Nuestra tarea es que los votantes abran los ojos y no se dejen embaucar

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Exembajadora en Ucrania Marie Yovanovich presta testimonio; la interroga el congresista Adam Schiff

A medida que avanzan las audiencias en la Cámara de Representantes en el proceso de enjuiciamiento político del presidente Donald Trump (o el juicio a Trump, lisa y llanamente) llama la atención un fenómeno interesante. Sin precedentes en la historia parlamentaria estadounidense.

Son sordos porque no escuchan

Allí donde se esperaba que las revelaciones sobre los crímenes del mandatario, causaran horror, convulsión, confusión, desagrado, rechazo, ofensa, a los congresistas, sin distinción política, en cambio generaron sordera selectiva. En casi la mitad de los políticos presentes. Como si tuviesen tapones en los oídos, sus manos sobre sus ojos, y sus bocas hablaran de algo completamente diferente. Así, no oyen. 

Embajador William Taylor, derecha, en su testimonio, con el secretario asistente de RREE George Kent

Sí, porque cuanto más graves los testimonios, más sordos se volvieron los representantes republicanos. Abiertamente, se negaron a escuchar las verdades. Peor está siendo la reacción fuera del recinto donde se presentan los testimonios.

El senador por Carolina del Sur, Lindsey Graham, que inexplicablemente rinde pleitesía a Donald Trump cuando hasta hace poco lo criticaba, anuncia públicamente y con orgullo que no leerá ni mirará las audiencias. Y así sucesivamente, otros zombies y robots se unen a un espectáculo increíble propio de las épocas más sórdidas del estalinismo.

Y como participan en las audiencias igual que los demócratas, porque son casi la misma cantidad, cuarenta, ahí están. Que están presentes, están presentes.  Pero en lugar de inquirir a los testigos para aprender qué es lo que realmente sucedió, o incluso en vez de hacer preguntas que puedan demostrar sus puntos de vista, aprovechan su tiempo para declaraciones políticas sincronizadas, coordinadas de antemano. 

Dictadas por medio de Twitter por su caudillo.

Y se hacen las víctimas una y otra vez reclamando que son discriminados por los demócratas, que no les dejan hablar, cuando por ejemplo violan las reglas parlamentarias que solo permiten al presidente del comité (Adam Schiff), al líder republicano del mismo (Devin Nunes) y a sus respectivos abogados, hacer las preguntas. Y simulan no conocer las reglas. Solo para indignar a su 40% del electorado.

Siembran dudas, cosechan humillaciones

Así pueden sembrar dudas sobre el proceso, sobre los testigos, sobre quienes llevan las audiencias y finalmente la democracia estadounidense. Lo hacen sin cuestionamientos. Sin conciencia.

Y cuando les queda un minuto o dos para agotar su cuota de tiempo en el juicio a Trump, como si estuviesen dominados por un hechizo, la ceden de manera predeterminada al congresista Jim Jordan, a quien incorporaron exprofeso al comité, para que coordine el ataque contra el presidente del comité Adam Schiff y especialmente para que rinda pleitesía al presidente. Ah, pero preguntas no hacen. En lugar de ello, traen pancartas que presentan como si fuesen explicaciones de sus alocuciones pero que son declaraciones partidistas: “Trump será reelecto”, por ejemplo.

Los líderes del comité, el demócrata Adam Schiff (izq.) y el republicano Devin Nunes.

Pero esto empezó practicamente la semana pasada, cuando iniciaron los debates públicos y los testigos que ya presentaron sus declaraciones y respondieron a las preguntas a puertas cerradas volvieron. Porque cuando las puertas estaban efectivamente cerradas, los congresistas republicanos cumplieron con su deber relativamente y, oh maravilla, hicieron preguntas, y cuestionaron a los testigos, y se confrontaron con los hechos para bien y para mal. Solo para que cuando las audiencias se convirtieron en públicas, ellos a su vez se convirtieron en figuras despreciables. Al grado de  callar cuando Donald Trump tuiteó que los testimonios de las audiencias cerradas son falsos, exigió a los republicanos publicar sus propias transcripciones y que Schiff sea encausado y explique por qué “tergiversó” lo dicho. Mentiras y más mentiras y más mentiras.

Todo el show que están montando los republicanos tiene por objeto desvirtuar las audiencias y convertirlas en un circo y así agradar a Donald Trump. 

Para librarse de esa manera de su furia y la de sus fanáticos, capaces de asegurar o frustrar su reelección en noviembre. 

Mientras que los testigos hablan al público estadounidense, ellos solamente le hablan a “Quien Tú Sabes”, al personaje de la serie Harry Potter a quien la gente temía tanto que no osaba pronunciar su nombre (que era Voldemort), a Trump. 

Llamada de la Casa Blanca

El día del inicio de las audiencias, la Casa Blanca organizó una llamada con un centenar de organizaciones conservadoras para dirigir donaciones a las arcas del mandatario, apoyar las cuentas de Twitter de sus portavoces políticos, circular declaraciones idénticas en los medios sociales, y comprar avisos en los medios para amenazar a los pocos políticos republicanos que expresaron dudas a que se arrepientan y apoyen sin cuestionamientos a Trump.

Porque la principal campaña de intimidación está dirigida a quienes se desvíen de la línea oficial del partido, se quiten los tapones de los oídos y presten atención. Un ejemplo es el trato que le dan a Mitt Romney, senador por Utah y excandidato republicano a presidente.

Su objetivo es hacer naufragar este intento de hacer responsable a Trump de sus acciones. El medio es ignorar el contenido de los testimonios generando una gritería insoportable en donde las verdades no se escuchen.

Porque no quieren escucharlas.  

En lugar de ello, difunden mentiras y las repiten incansablemente, hasta que por incrédulos que ellos mismos sean, las convierten en verdades incuestionables. 

Lo peor: el sabotaje político del “impeachment” probablemente tenga éxito. No es una sorpresa, pero si estas audiencias llegan a su fin de manera ordenada y hay votación, dudosamente habrá un republicano que se aparte de la línea oficial. Estaba anunciado, pero igual es importante decirlo: el impeachment fracasará. Trump cumplirá sus cuatro años de poder.

Pero las mentiras podrían quedar. Y el daño al debate democrático podría perdurar.

No dejemos que las mentiras repetidas tantas veces por las marionetas de Trump en el Congreso se conviertan en verdades.

No dejemos que las mentiras repetidas tantas veces por las marionetas de Trump en el Congreso se conviertan en verdades. Nuestra tarea es que los votantes abran los ojos y no se dejen embaucar (Gabriel Lerner) Clic para tuitear

Nuestra tarea es que los votantes abran los ojos y no se dejen embaucar. Para que miren las audiencias que se transmiten en vivo. Que lean los resúmenes o transcripciones. Que denuncien a los medios que falsean la realidad, que se ponen al servicio de un aspirante a hombre fuerte, a caudillo sin escrúpulos ni principios más que expandir los límites de su poder. Que confronten a quienes tergiversan la realidad o directamente mienten para ocultar los crímenes, porque son cómplices de esta farsa casi interminable, o porque temen que si se desvían de la línea oficial del Trumpismo el mandatario los ataque por Twitter y deban pagar las consecuencias. 

Sí, esta es nuestra tarea. 

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