La paradoja del antisemitismo en Estados Unidos

Nuevo estudio de ADL compara las acciones de los 50 estados

El antisemitismo, en nuestro país, crece y se desarrolla en dos vertientes, o dos fuentes. Por un lado, el advenimiento del nacionalismo blanco y archicristiano que llegó al poder desde la toma de posesión de Donald Trump en enero de este año junto con el crecimiento de las facciones tradicionalmente antisemitas en la extrema derecha, el nativismo y el fascismo manifestado en la militarización de la política y la persecución de los indocumentados más allá de la cuestión migratoria. Por el otro, las acciones represivas del gobierno de Israel en Gaza, que lograron lo insólito: ayudaron a muchos olvidaran los ataques terroristas de Hamas contra población civil israelí el 7 de octubre de 2023. Ambas son acciones que incurren en la filosofía de los crímenes de guerra. El resultado en este caso es la proliferación del antisemitismo – con o sin el disfraz de antisionismo. 

Porque es antisemita, al grado que judíos que se oponen ferozmente al actual gobierno de Biniamín Netanyahu  se contienen, se abstienen de unirse a la protesta porque se les exige abidcar su identidad y se les desafía a pruebas que pocos otros deben demostrar para ser aceptados. O sea, son culpables a priori y sin discusión. Con el agregado del riesgo de ser anatemizados en su propia congregación. Este antisemitismo no conoce matices y es absolutista. 

Pero un tercer elemento que induce a la confusión y el error es el simulacro de lucha contra el antisemitismo con que el gobierno de Trump ataca la educación superior, en su afán de destruir la independencia académica, comenzando por las universidades más prestigiosas, con el pretexto de supuestamente proteger al estudiantado y cuerpo docente judío. 

El 1 de junio, un terrorista atacó con un lanzallamas improvisado y un dispositivo incendiario una pequeña manifestación de judíos en Boulder, Colorado, al grito de “free Palestine”. El horror se vistió de tragedia, porque el acto que atacó, del pequeño grupo “Run for Their Lives”, era por la liberación de los rehenes en Gaza, un objetivo abandonado por el gobierno de Israel. Eran opositores, que con su acción pretendían presionar a ese gobierno, y que en circunstancias normales deberían haber protestado juntos contra la guerra. 

Manifestaciones multitudinarias organizadas por los familiares de los rehenes aún en poder de Hamas – algunos vivos, muchos muertos – tienen lugar a diario en Israel. Protestan contra el gobierno y piden a gritos el fin de la guerra. 

Ocho judíos sufrieron quemaduras, uno de ellos en estado crítico. ¿Sus edades? Entre 52 y 88 años. 

El atacante es Mohamed Sabry Soliman.

¿La respuesta de la Casa Blanca? Stephen Miller, el arquitecto de la política migratoria del gobierno y rechazado por su familia y comunidad judía, aprovechó para adelantar sus ataques: “La administración Biden le otorgó una visa de turista y luego él ilegalmente prolongó esa visa”. Virtió gasolina sobre el fuego del odio y el resentimiento. 

Parece una locura. 

Fue una tragedia similar a la del 7 de octubre, cuando los terroristas de Hamas asesinaron y se ensañaron con activistas por la paz, entre ellos quienes por años ayudaron a familias gazatíes, contra miembros del movimiento kibutziano, los escasos restos de la izquierda israelí. 

Los ataques antisemitas pueden venir entonces de los antijudíos “tradicionales” – los neonazis – de la izquierda, o directamente de inmigrantes palestinos que erróneamente dirigen su furia contra el blanco equivocado. 

Para aclarar el panorama, para ayudar al interesado a conocer la actitud hacia el antisemitismo, estado por estado, en Estados Unidos, ADL, la Liga contra Difamación (Anti Defamation League) anunció el 8 de agosto el lanzamiento de su  Índice de Políticas Judías (JPI), una herramienta interactiva en la que informa las acciones de cada uno de los 50 estados contra el antisemitismo en los campos de la legislación, la educación y políticas públicas.

“En un momento en que los incidentes antisemitas en EE. UU. han aumentado un 344 % en los últimos cinco años”, dice el comunicado de ADL, “incluyendo ataques recientes en Boulder y Washington D.C.—, el JPI revela que sólo nueve estados lideran con acciones legislativas significativas, mientras que la mayoría muestra avances parciales o esfuerzos limitados”.

Estos estados son Arizona, California, Colorado, Florida, Illinois, Nueva York, Tennessee, Texas y Virginia.

Los únicos tres estados con una estrategia coherente son demócratas: California, Nueva York y Virginia. 

De la misma manera, los estados con menores “calificaciones” o “acciones limitadas” en priorizar la lucha contra el antisemitismo, educar sobre la experiencia judía y proteger a sus comunidades judías son los estados del Sur, los baluartes de MAGA: Mississippi, Luisiana, Alabama, Georgia, Oklahoma, Carolina del Sur. 

El índice mide el grado de alineación de las leyes estatales con las estrategias de lucha contra el antisemitismo.

Para ADL, el índice debe ser considerado como una herramienta para que los estados avancen en la puesta en marcha de su política declarada de protección de la comunidad judía. 

“Creamos el Índice para impulsar las políticas, dotar a los defensores de datos y exigir responsabilidades a los legisladores”, dijo Daniel Barefoot, director del Instituto de Calificaciones y Evaluaciones de la ADL, a cargo del estudio. 

“La lucha contra el antisemitismo requiere algo más que indignación: exige acción”, finalizó Barefoot. 

Una acción que se ve difícil cuando los mismos que se designan como baluartes en la protección del pueblo judío se convierten en generadores de odio y resentimiento, lo que podría durar por generaciones. 

La nueva herramienta de ADL está a disposición de todos, aquí. 

Autor

  • Fundador y co-editor de HispanicLA. Editor en jefe del diario La Opinión en Los Ángeles hasta enero de 2021 y su actual Editor Emérito.
    Nació en Buenos Aires, Argentina, vivió en Israel y reside en Los Ángeles, California. Es periodista, bloguero, poeta, novelista y cuentista. Fue director editorial de Huffington Post Voces entre 2011 y 2014 y editor de noticias, también para La Opinión. Anteriormente, corresponsal de radio.
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    Founder and co-editor of HispanicLA. Editor-in-chief of the newspaper La Opinión in Los Angeles until January 2021 and Editor Emeritus since then.
    Born in Buenos Aires, Argentina, lived in Israel and resides in Los Angeles, California. Journalist, blogger, poet, novelist and short story writer. He was editorial director of Huffington Post Voces between 2011 and 2014 and news editor, also for La Opinión. Previously, he was a radio correspondent.

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