Niños de crianza como enemigos

Niños de crianza como enemigos

Por una decisión anunciada el lunes 14 por el Tribunal Federal del Noveno Circuito de Apelaciones nos enteramos que la compensación que el gobierno de California otorga a  las casas de crianza es tan reducida que viola la ley federal, el Child Welfare Act de 1980.

A través de esta resolución,  que se puede leer aquí, podemos ver una realidad que abarca no solamente a California. En todos lados los gobiernos se están dedicando alegremente a desmantelar el estado social establecido luego de incontables luchas populares décadas atrás. Esto comenzó mucho antes de la actual crisis económica.

Niños de crianza como enemigos
Niños de crianza como enemigos

La consigna: como no hay dinero y los impuestos recaudados no alcanzan, recortar al máximo aquellos gastos del presupuesto a los que designan por distintos nombres cargados de ideología, como despilfarros de la burocracia gubernamental, dinero gratis a quienes no trabajan, estímulo de la pereza, conspiración para destruir el país entregándoselo a los delincuentes y drogadictos, o a los inmigrantes, o directamente a los pobres [1].

Bajo ese lema desaparecieron billones de dólares de los presupuestos de ayuda social, educación pública, entrenamiento vocacional, vivienda popular, financiamiento de pequeños negocios, fondos para clínicas populares, etc.

Niños de crianza como enemigos
Niños de crianza como enemigos

En su lugar crecieron los presupuestos para cárceles y en el ámbito nacional, los recortes de impuestos para los que sí pueden pagarlos. Todo justificado en nombre de proteger a la población de la violencia y hacer justicia con quienes se ganaron su dinero con el sudor de sus frentes.

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California ha sido un epicentro de estos acontecimientos, en parte porque es de lejos el estado de mayor población, en parte porque aquí existe (o existía) un componente importante de compromiso social en la educación y la salud,  y en parte porque quienes más requieren los servicios son, ¿cómo decirlo?, “extranjeros”: inmigrantes legales e ilegales. Gente de otro color de piel, otra cultura, otro nivel de educación. En suma, para quienes manejan el cuchillo de recortes, los otros[2].

Por eso, California es hoy el primer estado del pais en gastos en cárceles y el último en gastos en educación per cápita.

Niños de crianza como enemigos
Niños de crianza como enemigos

Lo que me permite volver al tema del comienzo, la reciente decisión judicial respecto a la demanda de la Alianza de Servicios para Niños y Familias de California, entidad encargada de casi 10,000 chicos menores de 18.

Para los miles de  niños que por orden judicial fueron separados de sus padres o familiares, California posee un sistema de cuatro niveles. Primero, el niño es emplazado en casa de familiares bajo supervisión y ayuda del gobierno. Segundo, lo envían a una familia de crianza que puede mantener hasta seis niños y recibe compensación por cada uno de ellos. Tercero, casas de crianza certificadas con más niños y más involucramiento oficial, y cuarto, el llamado Group Care, que con personal pago puede albergar hasta 100 niños.

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Hasta ahora, California le pagaba a los del Group Care el 80% de sus gastos (números de 1986 tomando en cuenta la inflación). La corte lo halló insuficiente e ilegal[3]. Pero me dicen que los padres de crianza están peor, porque reciben el 60% de lo que gastan por sus 75,000 niños, aproximadamente unos 550 dólares por mes por niño. Por eso, ellos también demandaron al estado, aunque perdieron.

¿Y el resto del gasto? Ah, que se arreglen.

Un dato muestra la estupidez de un régimen que quiere ahorrar a toda costa, especialmente cuando viene a expensas de quien no tiene ni poder ni voz.

La cantidad de niños asignados a familias de crianza ha caído de 16,000 en 2001 a 5,000, según un artículo de Carol Williams en el Los Angeles Times.

La caída vertical se debe, como dijimos, principalmente a que el estado no paga lo suficiente para mantener a los niños.

¿Entonces, adónde se van estos chicos? Los mandan a los Group Care, donde cada uno de ellos le cuesta al estado mucho más.

Irónico, ¿no?

Ilógico también. Parecería, por el orden de prioridades de nuestros políticos, que los niños en el sistema de acogida o crianza no son nuestros. Que son el problema de otros. O que son, al menos en potencia, el enemigo.

Notas:


[1] Tanto republicanos como  demócratas se dieron alegremente al juego. Los primeros, porque en eso creen, eso beneficia a sus financistas y eso es lo que contenta a su bases electorales. Los segundos, por temor a lo que dirán los republicanos, sus financistas y las bases electorales de aquellos. Para dar un ejemplo, la destrucción de la ayuda social (“Welfare as we now it” fue promovida por el presidente Bill Clinton en 1996 después de años de promover una imagen negativa de las “reinas del welfare”: madres solteras negras o latinas que aprovechaban sin verguenza del estado.
[2] La institución prioritaria del estado son las prisiones, dice el conservador Orange County Register. Este año, sigue el artículo de Brian Joseph y Tony Saavedra, se gastarán 8,200 milllones de dólares en cárceles (sin contar los gastos en prisiones de los condados), contra 5,000 millones en todas las universidades públicas (es decir, las 9 del conglomerado Universidad de California y las 21 del Universidad del Estado de California). Cada habitante del estado paga cada año casi 300 dólares para mantener las cárceles, contra menos de 200 para Nueva York. Y cada estudiante universitario, si es que encuentra un lugar disponible, pagará 35% más por mucho menos que el año pasado.
[3] Este año otro juez, dice el California Courthouse News Service, decretó ilegal un ulterior intento del gobierno estatal de reducir esta compensación en otros 10%.
Gabriel Lerner
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Editor en jefe del diario La Opinión en Los Angeles. Fundador y co-editor de HispanicLA. Nació en Buenos Aires, Argentina, vivió en Israel y reside en Los Ángeles, California desde 1989. Es periodista, bloguero, poeta, novelista y cuentista. Fue director editorial de Huffington Post Voces entre 2011 y 2014 y anteriormente editor de noticias, también para La Opinión.