Sobre la visa TN

Después de la visa de turista, la siguiente que llegó a mi vida fue la TD. No era un pase para trabajar, sino un permiso migratorio temporal que me permitió cruzar la frontera y vivir en Estados Unidos como esposa de un portador de la visa TN. La TN, ese documento que para muchos mexicanos es la llave a una vida profesional exitosa en el extranjero, nació de acuerdos entre gobiernos: primero el NAFTA, y ahora el T-MEC, que reemplazó al anterior tras ser renegociado durante la primera administración Trump

En teoría, el trámite parece sencillo: cumplir con los requisitos, una cita en el consulado o embajada y, si todo sale bien, uno a tres años para trabajar, vivir y cruzar sin restricciones. Pero la realidad, como suele pasar, siempre es más compleja.

Yo recuerdo, desde el 2006, las mañanas de cita en Nogales o Hermosillo. El estómago apretado, los documentos revisados una y otra vez, esa incertidumbre -o nervio- de saber que llevas todo, pero aun así estás a merced de la discrecionalidad del entrevistador.  La TN es en realidad una visa generosa, aunque siempre ha traído consigo la sombra de la temporalidad. No hay promesa de residencia permanente, solo la posibilidad de renovar y renovar, año tras año, mientras la vida y el trabajo sigan alineados con los requisitos de un tratado que, a veces, parece tan frágil como el papel en el que se imprimen las visas o tan voluble como la política que las dicta.

A diferencia de otras visas, como la H1B (que también tuve en mi largo camino migratorio), la TN no tiene un límite máximo de renovaciones, pero tampoco ofrece un camino claro para echar raíces. Es un acuerdo entre países, sí, pero también entre sueños y realidades. Solo mexicanos y canadienses pueden aspirar a ella, siempre que demuestren que son los profesionales exactos que el tratado exige.

Pero con los muchos cambios migratorios, este permiso temporal también ha sentido el impacto de la segunda administración Trump. La visa TN como tal no ha desaparecido a pesar de las muchas publicaciones en las redes sociales y algunos medios de comunicación, solo que las reglas se han endurecido, las puertas se han estrechado.

De acuerdo con las cifras del Departamento de Estado, en el año fiscal 2023 se emitieron más de 32 mil visas TN para mexicanos. Los canadienses tienen reglas distintas y no requieren una visa, solo una admisión en el puerto de entrada.

El Servicio de Ciudadanía e Inmigración de Estados Unidos (USCIS) ha puesto lupa en cada solicitud: ya no basta con tener un título, ahora el empleo y el diploma deben encajar como piezas de rompecabezas, no hay cabida para títulos “relacionados o similares”. El autoempleo, el trabajo remoto y algunas consultorías independientes quedaron fuera de la ecuación y solo una oferta de trabajo o contrato con una empresa estadounidense puede abrir la puerta.

Pero entre los que ya tienen la visa, muchos miran hacia el futuro con incertidumbre: analistas, programadores, consultores, técnicos y hasta oficios como soldadores o electricistas podrían quedarse fuera en la próxima renovación. Los médicos, que antes encontraban en la TN una vía para ejercer, ahora solo podrán hacerlo si se dedican a la investigación o la enseñanza.

Estos cambios, que entraron en vigor en junio, no afectan a quienes ya tienen la visa… todavía. Pero la inquietud está ahí, como esas largas y agonizantes horas en una sala de espera. Algunos temen que esto sea apenas el primer paso hacia una fricción mayor en el tratado comercial, una antesala de la indeseada desaparición de la TN.

Autor

  • Néstor M. Fantini , M.A., Ph.D. (ABD), es un periodista, educador y activista de derechos humanos argentino-estadounidense que es coeditor de la revista online HispanicLA.com y profesor adjunto de sociología, en Rio Hondo College, Whittier, California. Fantini se graduó de Woodsworth College y de la Universidad de Toronto.    ////.

    Nestor M. Fantini, M.A., Ph.D. (ABD), is an Argentine-American journalist, educator, and human rights activist who is co-editor of the online magazine HispanicLA.com, and adjunct professor of sociology at Rio Hondo College, Whittier, California. Fantini graduated from Woodsworth College and the University of Toronto.

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