Una paleta que cobra vida

Una multitud de colores. FOTO: Pixabay

Las vidas secretas de los colores (2017), escrito por Kassia St. Clair, explora el universo de los pigmentos, tintes y matices. Más específicamente, se sumerge en una paleta de 75 tonos, la historia detrás de ellos, sus asociaciones con artistas, diseñadores o marcas, mientras da a los lectores un sabor de lo insondable.

“Los colores deberían ser entendidos como creaciones culturales subjetivas: uno no puede precisar una definición universal para todos los tonos existentes así como uno no puede diagramar las coordenadas de un sueño”.

Historias detrás de la paleta

Mientras el diseño del libro nos permite desplazarnos a través de los tonos, encontramos los secretos detrás de colores como la plata, metal que se creía detectaba los venenos al cambiar de color y por eso era usado en la vajilla. O cómo el rosa Mountbatten, el color que se le daba a los cascos de los barcos para camuflarse mejor. O el curioso dato que los vestidos de novia en el mundo occidental eran coloridos hasta que la Reina Victoria usó raso color marfil adornado con encaje británico en 1840 (elección que también hizo la Duquesa de Cambridge, Kate Middleton, para su boda real).

Tal vez nunca hayan escuchado del “isabelino” o la historia que se le adjudica: mientras el Archiduque Alberto VII de Austria estaba en el sitio de Ostende (1601), su esposa Isabela prometió que no se cambiaría la ropa interior hasta la vuelta de su esposo. Tres años más tarde, el color amarillento de las ropas de la reina correspondían al “isabelino” y hoy se llama “Isabellinism a la mutación genética que transforma plumas que deberían ser negras, grises o marrón oscuras en un color amarillo pálido”.

El morado (Puce) es otro color que se dice obtuvo su nombre de una anécdota pre-Revolución Francesa, cuando María Antonieta (aficionada al tafetán de seda) fue encontrada por su marido probándose un nuevo color que él denominó couleur de puce – el color de las moscas.

Heliotropo, color que lleva un nombre poderoso, aludía a la devoción en el lenguaje victoriano de las flores y era popular para la vestimenta de las mujeres luego de la muerte de un ser querido.

Mientras en la Reforma inglesa, las iglesias y los feligreses usaban el color de cal  (whitewash) como una forma de purificación moral y espiritual y oscurecían murales coloridos y altares que representaban a santos impíos. La expresión en inglés “to whitewash” pudor haber tenido sus orígenes aquí.

El libro expone matices peligrosos como el verde de Scheele, usado en telas y empapelados en los siglos XVIII y XIX, contenía arsénico suficiente para envenenar a las personas viviendo dentro de las paredes verdes y de las prendas teñidas. El color blanco plomo por otro lado, se volvió popular en la forma de una pasta mezclada con vinagre que se usaba como base en el maquillaje. Algunos han sugerido que los bebés que amamantaban estaban ingeriendo el plomo que usaban las madres.

Un dato extraordinario sobre el maquillaje egipcio es que los químicos que se encontraron en el Kohl, estimulaban la piel alrededor del ojo “para producir 240% más de óxido nítrico de lo normal, reduciendo significativamente el riesgo de infecciones en los ojos”. Increíble si pensamos en lo que esperamos de los productos de maquillaje hoy día. También puede sonar sorprendente que hace no mucho tiempo había un pigmento llamado “momia” y estaba hecho de momias reales molidas para producirlo.

Si pensamos en décadas previas, los colores de moda que se venían a la mente para vestir a los niños usualmente se identificaban con el rosa para las niñas y el azul para los niños, una brecha que data de mitades del siglo XX. Antes, el azul se le asignaba a las niñas y el rosa a los niños ya que se consideraba al rosa un color más fuerte y resuelto, y al azul más delicado.

Símbolos de lujo y poder

Cuando pensamos en las famosas marcas de lujo, los colores tienden a ser un factor decisivo para identificarlas. La selección de la gama naranja de la marca Hermès proviene de la escasez de pintura a causa de la Segunda Guerra Mundial. El color signature de la marca había sido en un principio el crema, luego el mostaza y finalmente el naranja, el último color de cartón disponible.

Enzo Ferrari adopta el Rosso corsa, o rojo  de carreras (racing red), el mismo color del auto que se usó para ganar el desafío de Pekín a París. No tan lujosa pero sí globalmente reconocida es el rojo y blanco de Coca-Cola, que viene de la bandera de Perú “donde la compañía sourced obtenía las hojas de coca y la cocaína que contenían sus bebidas hasta 1920”.

Durante la historia, ciertos colores han implicado poder y fuerzas místicas. Se creía que las propiedades de la obsidiana permitían que uno se comunicara con los espíritus y luego se la relacionó con la brujería. También se describe al púrpura de Tyrian, el color de la toga que le dio Julio César a su hijo con Cleopatra, un color que solamente él podía usar como emperador. Mencionado en La Ilíada y La Eneida, el púrpura de Tyrian se producía de dos variedades de moluscos del Mediterráneo y debían representar el poder del emperador.

Ultramarino, un pigmento costoso y valorado por los artistas del Renacimiento, requería una parte del presupuesto dentro de los contratos entre artistas y mecenas, donde se explicitaba la necesidad de una excursión a Venecia para comprar el pigmento (Venecia era la primera ciudad en la cadena europea de abastecimiento), mientras el color sangre del dragón estuvo asociada por muchos años con la historia de la lucha entre elefantes y dragones, y su posterior muerte que daba lugar a la mezcla de los dos tipos de sangre.

De origen desconocido

Luego existen otros colores que están incrustados en nuestras vidas y sin embargo no sabemos nada de sus orígenes, como el cochinilla, un color derivado del jugo del cocci, un insecto que se encuentra en México y Sudamérica. Los escarabajos cocci todavía hoy se harvest para producir el color utilizado en la industria de los cosméticos y de los alimentos (M&Ms, salchichas, la Coca-Cola de cereza, para nombrar algunos ejemplos).

Kassia St. Clair es una historiadora cultural con un portfolio amplio y colorido, se enamoró de los colores mientras se concentraba en otra cosa, como ella describe. Su hobby de “tomar distintas sombras y deshacer sus costuras para descubrir sus misterios ocultos” la llevó a la construcción de un libro tan interesante como informativo.

Un must para todos aquellos amantes del arte y diseñadores o simplemente para personas como yo que disfrutan saborear nuestra hermosa paleta mundial para absorber todo lo que el ojo encuentra.