Armas de fuego: a un año de la masacre, a 13 semanas de las elecciones

Fue hace un año: 30 personas fueron asesinadas en dos ataques racistas por personas que compraron libremente armas de fuego letales. Puede volver a pasar

De armas de fuego fácilmente adquiridas a masacres hay solo un trecho.
Duelo en El Paso

Fue hace un año. En el transcurso de un solo fin de semana, 30 personas fueron asesinadas y docenas heridas en dos ataques racistas por personas que compraron libremente armas de fuego letales.

Puede volver a pasar.

Tiroteos masivos y el silencio

Las matanzas casi simultáneas en Dayton, Ohio y en El Paso, Texas despertaron por un momento la indignación general por lo despiadado y cruel, lo letal de las armas usadas, la conexión indiscutible con ideología nazi y el supremacismo blanco. 

No fueron los únicos “mass shootings”, tiroteos masivos, definidos por al menos tres víctimas fatales. No. De hecho los antecedieron treinta, en los primeros ocho meses del año.

Un pistolero publicó en los confines extremistas de la red un manifiesto racista y violento, culpando a los inmigrantes de los males de la nación. Luego viajó 657 millas de Allen a El Paso, ciudad fronteriza de absoluta mayoría latina, y masacró a 23 personas en la tienda Walmart. Confesó que su objetivo era matar mexicanos. 

Su juicio recién comienza. 

Trece horas antes, otro pistolero en Dayton, Ohio, se había disfrazado de soldado, con armadura corporal y cargadores de 100 balas para armar su rifle de alta potencia. Afortunadamente, 32 segundos después del inicio de su ataque fue eliminado por la policía. Lamentablemente, en esos 32 segundos, alcanzó a matar a nueve personas y herir a 20.

No los respetaremos mencionando sus malditos nombres.

El presidente Trump expresó que condenaba el odio “en todos sus matices” y agregó, como otros  apologistas de la tenencia de armas, que la culpa era de los enfermos mentales. 

Sin embargo, las tasas de enfermedad mental en Estados Unidos son similares a las de otros países. Pero la cantidad de matanzas de civiles por pistoleros es mucho mayor, y eso se debe a la disponibilidad legal de armas de fuego, que no tiene parangón en ningún otro país. 

De modo que es un argumento falso, nocivo, malvado.

No es el momento

Fue hace un año nada más. Se recordará que se levantó una protesta generalizada por el control de armas y contra quienes dentro de la Administración Trump se le oponen, respaldados por el poderoso lobby del NRA.

De todas las personas, fue Ivanka Trump, hija y consejera del Presidente, figura grotesca como hay pocas, viva imagen de la corrupción en la Casa Blanca, quien tuiteó: “El supremacismo blanco, como todas las otras formas de terrorismo, es una perversidad y debe ser destruido”. Y de todos los medios, fue el conservador New York Post el que llamó a prohibir la libre venta de armas de asalto.

Ya se habrán olvidado de lo que dijeron.

Millones de voces pedían un cambio: cierren el acceso a las armas. El mismo loco, si es que era un loco – ¿y quién no lo es a la hora de matar a alguien? – sin arma de fuego hubiera devenido en un incidente totalmente distinto.

Pero aquellos en el poder nos acallaron. Dijeron que era el momento para velar a los muertos, y no de criticar. Compitieron entre sí en la comunicación de “thoughts and prayers”, pensamientos y oraciones que reemplazaran toda acción, y que suenan tan cínicos como realmente lo son.

Ahora no, después tampoco

Ahora no es el momento para nada más, insistieron con fiereza.

Y pidieron que esperemos. 

Y que esperemos más. 

Pasó un año y nada se ha hecho. La indignación de los gobernantes, si la hubo, duró un momento. 

Si antes aprovechaban el duelo para demandar el silencio, ahora aprovechan el silencio para empujar al olvido. 

No será así. 

Recordaremos los hechos y seguimos demandando una solución.

La realidad es que los estadounidenses se están armando a un ritmo nunca visto. 

Hasta ahora, cada vez que estaba por tomar el poder en un estado o nacionalmente, los republicanos atizaban a su público a comprar armas “antes de que las prohiban”. Trump ha llevado esta paranoia a sus lógicas consecuencias asegurando en 2018 que “los demócratas les quitarán las armas”.

Más armas de fuego

Trump tiene indudables dotes histriónicas. De hecho, es su principal dote y aptitud para la presidencia y la cuida como la niña de sus ojos. Aunque cuando Trump ensaya sus payasadas frente al público que lo adora y lo adula y festeja cada insulto y cada grito y mentira, no puede compararse por su falta de talento con el actor Charlton Heston. Este era en 2000 presidente de la NRA.

Pasó la Segunda Guerra Mundial a bordo de una lancha en Alaska. Y atizó la paranoia de que si un demócrata llegase al poder quitarían las armas al pueblo, lo que no conseguirían porque él, junto con otros “patriotas”, se opondrían, al grado que ni siquiera podrán arrancarle las armas de sus manos frías e inertes. 

Todo esto viene a raíz de que el amor por las armas está superando al amor por la vida, y desde hace mucho al amor por el prójimo. De ahí las millones de solicitudes de permisos para comprar y portar armas de fuego.

Pero no porque pudiese venir un cuco, un malo, un hombre de la bolsa y llevarse las armas como se infundaba miedo en la niñez de que se llevasen a los niños si se portan mal.

Ahora no. Ahora es porque lo que prevenía que esta sociedad se convirtiera en una pesadilla de las películas, la cohesión humana, el respeto por el contrato social, tambalea. Subsisten el peligro, la escasez. Y el pronóstico de más escasez y más peligro. Ármese quien pueda, entonces. 

El hecho es que en julio de este año, la FBI llevó a cabo más de 3.5 millones de verificaciones de antecedentes de armas de fuego. Uno por cada cien residentes del país. Un mes antes, fue de 3.9 millones. El doble que hace 12 meses, cuando sucedieron los ataques homicidas, terroristas, que en este texto tanto lamentamos.

A punto de votar

Todo esto es crucial, porque faltando menos de tres meses para las elecciones más importantes de nuestra era, los ánimos caldean y Donald Trump se dedica más que nunca a sembrar divisiones y rencores, mediante mentiras y falsas pretenciones de poder. 

Es por eso importante prevenir que se repitan las masacres de hace un año atacando simultáneamente el fácil acceso a armas de fuego, contrarrestando el odio con mensajes de reconciliación y asegurando que el gobierno de Trump sea solo un breve episodio en la historia de Estados Unidos haciendo que pierda en las elecciones.  

 

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