COVID-19: No olvidemos a los inmigrantes trabajadores del campo

De pronto la crisis del Coronavirus (o Covid-19) interrumpió nuestras vidas en California y nos enfrentó a la necesidad de reinventar la forma de hacer nuestro trabajo. Incluso antes de que algunos alcaldes nos pidieran quedarnos en casa o de que el gobernador Gavin Newsom declarara la cuarentena a nivel estatal, algunas organizaciones e instituciones educativas empezaban a cerrar y a dar a conocer directivas para trabajar en casa.
Esta situación nos presentó ante nuevos desafíos y contradicciones al tener que adaptarnos a nuevas formas de operar.
Esto es particularmente cierto para aquellos que trabajamos con comunidades vulnerables.
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¿Cómo podemos seguir esas directivas sabiendo que quedarse en casa no es una opción viable para la mayoría de las personas con las que colaboramos? ¿Cómo practicar la distancia social cuando nuestro objetivo es construir comunidad y redes de solidaridad?
Con base en Fresno, el Instituto Pan Valley del Comité de Servicios de los Amigos Americanos, ha estado colaborando con diferentes grupos de inmigrantes y refugiados del Valle Central de California —incluyendo a jornaleros agrícolas— durante más de 20 años. Recientemente nos comunicamos con trabajadores del campo y sus familias para saber cómo estaban enfrentando la crisis del coronavirus.
Muchos nos comentaron que carecen de información básica sobre cómo protegerse, como proteger a sus familias y a sus comunidades de la pandemia del COVID-19. Designados trabajadores esenciales que mantienen viva la cadena alimenticia, tienen que ir a trabajar todos los días. Ponen en riesgo su salud, la de su familia y la de sus comunidades ya que realizan una labor esencial durante esta crisis de salud publica mundial.
Sin embargo, no todos los empleadores están informando a sus trabajadores cómo protegerse o qué beneficios, si los hay, podrían recibir si se enferman o si pierden el trabajo.
Los jornaleros agrícolas inmigrantes se encuentran entre las comunidades más marginadas de California. Tal y como indica una columna reciente del periódico Sacramento Bee, sus condiciones de trabajo son peligrosas. Padecen la pobreza desde hace generaciones. Constituyen una población que envejece y con un promedio de edad de 45 años. Finalmente, un gran número de ellos carecen de seguro de salud.
En este grupo étnicamente diverso de los jornaleros agricolas inmigrantes hay indígenas mexicanos, muchos de los cuales no hablan español sino sus propios idiomas y dialectos. Este dato es importante durante la presente crisis del Covid-19 si es que queremos que los anuncios de salud pública lleguen a a oidos de todos.
El trabajo de los campesinos inmigrantes es esencial para mantener la cadena alimenticia. Ellos garantizan que aquellos que estamos en aislamiento tengamos comida en nuestras mesas. Pero esta población que trabaja en la industria agrícola —sea en el campo o en las empacadoras— es al mismo tiempo la más vulnerable frente a la crisis de salud pública ocasionada por el Coronavirus.
A esto le podemos agregar sus preocupaciones respecto a su estatus migratorio. ¿Van a ser considerados en el paquete de rescate federal que la Casa Blanca y el Congreso han negociado para proteger a los trabajadores? Además de no saber cómo protegerse del contagio de COVID-19, estos trabajadores también enfrentan desafíos con el cuidado infantil y la educación de sus hijos en el hogar, no solo porque sus familias dependen del salario de ambos padres sino también por barreras linguísticas y educativas.
Así como el gobierno federal continúa ayudando a los trabajadores en general y sus familias durante la actual pandemia, se necesitan medidas específicas para ayudar a los jornaleros agrícolas inmigrantes. Tenemos que asegurar que la ayuda económica incluya a estos trabajadores, que las pruebas de Covid-19 y el tratamiento sean gratuitas para todos, sin consideración de la situación migratoria de cada persona, y que los permisos de trabajo se extiendan de manera automática.
Los jornaleros agrícolas están en el frente de batalla de esta epidemia, garantizando que nosotros tengamos comida para alimentarnos mientras nos quedamos en casa. Solicitamos a los empleadores y a los líderes políticos que hagan todo lo posible para asegurar el bienestar de los inmigrantes que trabajan en la agricultura y sus familias.

 

Myrna Martínez Nateras es la Directora del Instituto Pan Valley del Comité de Servicios de los Amigos Americanos de Fresno. Myrna puso en marcha el Instituto en 1998 con el objetivo de proveer un lugar y un ambiente adecuado para que inmigrantes y refugiados puedan participar en la creación de comunidad y aprender a ser líderes en sus comunidades. Desde que inmigró a los Estados Unidos desde México, Myrna a sido una defensora de los derechos de los inmigrantes, de los derechos humanos y de temas de justicia social

 

Robin Maria DeLugan es profesora asociada de Antropología de la Universidad de California, Merced, e integrante del Comité de Programa del Instituto Pan Valley. Es autora de los libros «Reimagining National Belonging: Post Civil War El Salvador in a Global Context» (2012) y «Remembering Violence: How Nations Grapple with their Difficult Pasts» (De próxima aparición).
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Perfil del autor

Myrna Martínez Nateras es directora del Instituto Pan Valley del Comité de Servicio de los Amigos Americanos de Fresno, California. Myrna Martinez Nateras of the American Friends Service Committee (AFSC) founded the Pan Valley Institute (PVI), a popular education center which provides a learning and gathering space for immigrants - Mexican, indigenous Mexican and Southeast Asian - as they strive to participate in the civic, economic and political life of the Valley. Participants focus on women's, youth, family separation and generational conflict issues; cross-cultural relations; and worker and human rights. Myrna also directs the AFSC's Proyecto Campesino in Visalia and Proyecto Voz in Stockton.

Perfil del autor

Robin Maria DeLugan es profesora asociada de Antropología de la Universidad de California, Merced, e integrante del Comité de Programa del Instituto Pan Valley. Es autora de los libros "Reimagining National Belonging: Post Civil War El Salvador in a Global Context" (2012) y "Remembering Violence: How Nations Grapple with their Difficult Pasts" (De próxima aparición).

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