Cuba y el Clásico Mundial de Béisbol: ¿qué pasó en Miami?

Cuando el equipo cubano llegó a Miami para jugar la semifinal del Clásico Mundial de Béisbol, de inmediato se supo que aquel no iba a ser un juego cualquiera.

Se trataba de la representación oficial de la isla, jugando pelota, ni más ni menos que en la casa de la mafia anti-cubana.Pero cuando nos enteramos de que el encuentro iba a ser contra Estados Unidos, el morbo alcanzó a todo el planeta.

Sí, es cierto, el equipo llamado por la fanaticada como Team Asere (como se le dice a los amigos en el territorio cubano), perdió por amplio margen ante su rival. La mafia se alegró pues, para tal grupúsculo, Cuba debe perder en todos los ámbitos y qué mejor que ante el país que lo mantiene bajo acecho.

Ni bien la novena del entrenador Armando Johnson ponía un pie en Miami, comenzó el clima hostil. Desde las redes sociales, personajes impronunciables, de esos que cobran en dólares su activismo anti-cubano, llamaron a sabotear la presencia de los “peloteros castristas” en Florida. Movilizaron a sus huestes con dinero, asegurando que harían un infierno la estancia de los jugadores.

Sobre la famosa Calle Ocho de la ciudad, los propagandistas acecharon con bocinas y pancartas llamando al odio. Mas, eso era lo visible. Por debajo de la mesa, lejos de las cámaras de la prensa, la mafia se movilizó. Como pudieron, lograron acercarse a algunos jugadores o personas cercanas a éstos para promover las deserciones. Mucho ruido, con el fin de romper la unidad del equipo y desconcentrar a quienes, con mucho gusto, cumplían su sueño de representar a su país, no importando si vivían dentro o fuera de la isla.

Sabotajes, llamados a desertar, amenazas a la MLB….

Sí, porque, por primera vez, la Mayor League Beisbol (MLB) se ponía del lado correcto de la historia y permitía a los jugadores cubanos acudir al llamado de su selección para representar a su país. Estos se juntaron con atletas que compiten en otros países del orbe como México, Japón y República Dominicana y, al lado de convocados de la liga local, armaron un cuadro sólido, no desprovisto de limitaciones.

Lee también:   Perón, Martín Fierro y ciertas luces que no se apagan

Esto enloqueció a la mafia de Miami que lanzó amenazas contra la MLB por conceder permisos a los jugadores residentes en Estados Unidos para integrarse a la representación de su país. ¿Cómo puede llamarse “patriota” quien atenta contra los legítimos sueños de un jugador de béisbol? Por supuesto, ocuparon las páginas de sus medios para proferir insultos a la organización del Clásico Mundial.

No conformes, el llamado “exilio” anunció que llenaría el Loan Depot Park de Miami con gritos, pancartas y ruido denunciando a la “dictadura” en Cuba. Hasta que se supo que el rival sería Estados Unidos. Sólo entonces, la MLB, la organización del Clásico Mundial y autoridades locales se dispusieron a evitar la politización del evento deportivo.

Algo pasó, aún no se sabe cómo ni con quien dio la orden, pero la mafia le bajó el volumen a sus amenazas. Sin duda, una de las razones que motivó la desescalada, fueron las muestras de apoyo vistas en varios puntos de Estados Unidos en favor del Team Asere. En algunos edifiicios de Nueva York, por ejemplo, se proyectaron mensajes de aliento, y nada más que de aliento hacia la novena cubana.

Además, la prensa deportiva que transmitía en vivo el evento, daba cuenta de que la gran mayoría de asistentes cubanos en el estadio, vestidos con la bandera de Cuba sobre sus hombros o en sus camisetas, habían sido movidos por el placer de apoyar a los suyos, sin política y sin razones para hacer el ridículo que los mafiosos deseaban empujar.

No obstante, no faltaron los obsesionados que continuaron lanzando insultos en las calles de Miami, afuera del parque y dentro del estadio. Pero fue poco, muy poco. Sí, es cierto que Cuba perdió 14 a 2 ante su adversario. Pero la mafia anti-cubana ya había sido derrotada antes del juego.

Complicidad de autoridades de Miami

Las agresiones al equipo de béisbol de Cuba no se limitaron a ellos, sino que trascendió hacia sus familiares y aficionados. Lo peor, es que esto pareció tener la complicidad de las autoridades de la ciudad de Miami a cargo del republicano Francis X. Suárez.

De acuerdo con un comunicado oficial del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba, las agresiones contra jugadores, sus familiares y familiares de la escuadra cubana contaron con la complicidad de ciertos representantes y personal del estadio y de autoridades locales, en particular, de los encargados del orden y la seguridad.

Lee también:   Desde Los Ángeles, episodio 14: la crisis climática en California y las posibles soluciones

Sobre las agresiones, el Ministerio cubano enlistó las siguientes:

  • Durante el encuentro se lanzaron objetos contra los peloteros y sus familiares, entre los que se encontraban mujeres, niños y ancianos, así como contra miembros de la delegación y representantes de la prensa cubana, y también contra espectadores que apoyaban al equipo de Cuba.
  • Supuestos espectadores ingresaron en tres ocasiones al terreno durante el partido e interrumpieron el juego, lo que puso en peligro la seguridad y estabilidad de los jugadores del equipo cubano.
  • Se profirieron reiteradas ofensas y amenazas a los atletas, en alta voz, cuando a estos le correspondía su turno al bateo o cuando se preparaban para entrar en el juego, como le ocurrió al lanzador cubano Frank Abel Álvarez mientras calentaba en el bullpen, lo cual atenta contra las reglas de las Grandes Ligas de Béisbol (MLB) y cualquier noción de deporte limpio.
  • Se mostraron constantemente carteles con consignas políticas, lenguaje obsceno y vulgar, irrespetuosos hacia atletas y público en general, que interfirieron en el disfrute del juego. De la misma forma, se utilizó ropa con frases e imágenes ofensivas, de contenido político, no permitidas por las reglas de la instalación deportiva.
  • Se violó repetidamente el Código de Conducta para Huéspedes establecido para el estadio, a partir del consumo de bebidas alcohólicas de manera irresponsable y la violación de los asientos asignados.
  • En la mayoría de las ocasiones en que representantes de la delegación cubana o de las Grandes Ligas de Béisbol se dirigieron a agentes de la policía para denunciar las transgresiones antes descritas, estos no actuaron sobre los transgresores.

El Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba denunció que había alertado, por canales diplomáticos, al gobierno de Estados Unidos sobre lo que podría ocurrir. Pero todo indica que no hicieron mayor caso. De tal modo, las agresiones ocurrieron con la complicidad demostrada por las autoridades locales de Miami que “permitieron y crearon las condiciones para que estos actos tuvieran lugar, de manera abierta y con impunidad”. De la misma manera, señala que políticos locales y funcionarios incitaron a la indisciplina, la agresión y el asedio a los deportistas.

Y un recordatorio: Fueron estos mismos sectores fueron los que en 2018 sabotearon el acuerdo entre la Federación Cubana de Béisbol y las Grandes Ligas de Béisbol para terminar con la discriminación hacia los beisbolistas cubanos que juegan en Estados Unidos a quienes se les prohíbe participar en convocatorias y actividades de su país.

Lee también:   Llega la vacuna y nace la esperanza

Un país bloqueado

El 20 de marzo, la novena cubana aterrizó en el Aeropuerto Internacional José Martí de La Habana. Los recibió el presidente del país, Miguel Díaz Canel-Bermúdez.Era de esperarse, a razón de que ese equipo enfrentó lo que ninguno otro.

Ahí, el entrenador defensivo, Germán Mesa, habló por el grupo. Dijo:

“Fue una etapa bien difícil, desde la preparación hasta el campeonato. Nos abrimos paso. Hicimos lo que pudimos. Derrochamos coraje incluso con el público en contra. Seguimos luchando. (…) Hubiéramos querido ganarle a Estados Unidos, discutir el campeonato. Pero estamos orgullosos”.

Porque, además, debe recordarse que se trata de la representación deportiva de un país bloqueado económica y comercialmente.

Batallaron contra países ricos y sin asedio de Estados Unidos. Batallaron, también, para pagar uniformes, alimentos, por no hablar de los pasajes de ida a Taiwán y luego a Miami. Son atletas que se enfrentan todos los días a las carencias de un país pobre y sancionado. Al que no se le permite adquirir reparaciones para su industria, medicamentos, tecnología y hasta lápices para los niños en la escuela. Un país que, además, es objeto de ataques mediáticos y terroristas ininterrumpidos. Al que Washington le dedica millones de dólares en campañas de sabotaje.

Y, sin embargo, se dan el lujo de ser una potencia deportiva; como lo son en salud, ciencia y educación. Un país bloqueado y asediado que, a puro coraje y placer, venció rivales dentro y fuera del diamante, refrendando su prestigio beisbolero colocándose entre los cuatro mejores del mundo.

Perfil del autor

Luis Alberto Rodríguez (Tizayuca, México, 1983) es escritor y periodista. Autor de “Oficio rojo” (Revolución, 2014) y Eso que se dice hombre (Desde Abajo, 2023) y co-autor de Memoria contra el olvido (Indesol, 2008). Premio Nacional de Periodismo en derechos humanos. Ha divulgado sus piezas de narrativa, ensayo y poesía en diversas publicaciones, incluida Hispanic LA y la revista El Perro, becada por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. Su obra cotidiana puede encontrarse en su blog http://luisalberto.mx/

Escuelas comunitarias de California
Botón volver arriba

Descubre más desde HispanicLA: la vida latina desde Los Ángeles

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo