El relanzamiento del PAN: ¿renovación real o retroceso?, por María Luisa Arredondo

Para revitalizar su presencia política y sacudirse el estancamiento que ha marcado sus últimos años, el Partido Acción Nacional (PAN) mexicano anunció una serie de reformas que buscan modernizar su estructura y hacerlo más competitivo de cara a las elecciones de 2027.

Entre los principales cambios está la simplificación de los requisitos para afiliarse y la apertura a nuevos mecanismos de selección de candidatos, como las elecciones primarias y encuestas abiertas. Estas medidas, sin duda, apuntan en la dirección correcta: democratizar al partido, hacerlo más accesible a la ciudadanía y sacarlo del encierro cupular que tanto lo ha dañado.

Permitir que cualquier persona interesada pueda participar en la vida interna del PAN sin una burocracia excesiva podría contribuir a oxigenar su militancia y reconectar con sectores sociales que hoy lo ven como un partido obsoleto, elitista y desconectado de las preocupaciones reales de la mayoría. Asimismo, el uso de encuestas y elecciones primarias para definir candidaturas rompe con las prácticas de imposición y negociaciones en lo oscurito que han minado su credibilidad.

Sin embargo, junto a estos pasos positivos, el PAN ha decidido adoptar un nuevo lema: “Patria, familia y libertad”, lo cual despierta más preocupaciones que entusiasmo. Esta tríada de palabras, aunque en apariencia inofensiva, carga un peso histórico e ideológico que no puede ignorarse. No es casual que evoque inmediatamente consignas de la derecha más radical en Europa. De hecho, recuerda peligrosamente al lema del fascismo italiano —“Dios, patria y familia”— promovido por Benito Mussolini, así como a retóricas similares usadas por partidos ultraconservadores actuales como Vox en España.

Utilizar esta frase, en lugar de proyectar una imagen moderna, plural o progresista, sitúa al PAN dentro de un discurso reaccionario que ha sido utilizado para justificar la exclusión de minorías, la imposición de valores religiosos en la vida pública y la resistencia a derechos civiles fundamentales. En lugar de abrirse al siglo XXI, el partido parece estar coqueteando con fantasmas del siglo XX.

¿Es esto coherente con su propósito de renovación? ¿O estamos ante un intento de captar el voto conservador más duro, en un contexto donde la derecha populista está ganando terreno en distintas partes del mundo? El PAN haría bien en preguntarse si este es el camino que quiere tomar: uno que, lejos de abrirlo a nuevas generaciones, lo atrinchera en una visión nostálgica, moralista y excluyente del país.

Renovar estructuras, democratizar procesos y abrir el partido a nuevas voces son pasos necesarios y valiosos. Pero si el PAN quiere ser una verdadera alternativa para el México plural y diverso de hoy, necesita repensar no solo sus formas, sino también su fondo. Y eso incluye el lenguaje que usa para definirse. La patria, la familia y la libertad no deberían ser banderas de nostalgia autoritaria, sino valores que se entienden en clave de inclusión, respeto y derechos humanos. Si el PAN no logra dar ese salto, su relanzamiento podría quedarse en un simple maquillaje con aroma a pasado.


María Luisa Arredondo es directora de Latinocalifornia.com y autora del libro “La vida después del cruce”.

Autor

  • Maria Luisa Arredondo

    María Luisa Arredondo nació en la ciudad de México y es egresada de la carrera de Comunicación de la Universidad Iberoamericana.
    Es Directora Ejecutiva y fundadora del portal Latinocalifornia.com. Escribe la columna política "Enlace" para el diario La Opinión de Los Angeles y es directora del Comité de Comunicación y Relaciones Públicas de la Asociación Mexicana de Tecnología, Empresariado y Cultura (TECMA) del condado de Orange, creada para promover inversiones entre México y Estados Unidos.
    Trabajó durante 16 años para La Opinión, donde fue reportera y editora de varias secciones, entre ellas la primera plana. Fue también productora de noticias para la estación de radio La Voz en el condado de Orange y presentadora del programa "Contrapunto" para la cadena Telemundo.
    En México fue jefa de redacción de la Revista Latinoamericana Visión y de la Revista Económica Progreso.
    Ha ganado numerosos reconocimientos, entre ellos el Premio Frank del Olmo a la Periodista del Año de la National Association of Hispanic Journalists (NAHJ), el premio a la mejor columna editorial de New America Media y el premio a la mejor serie educativa de California Teachers Association, así como varios primeros lugares de la organización National Association of Hispanic Publications. También está considerada por PR Newswire como una de las 100 periodistas hispanas más influyentes de Estados Unidos.

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