domingo, octubre 25, 2020
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    Estampas medievales cubanas, libro de Roberto Álvarez Quiñones

    Estampas medievales cubanas, libro de Roberto Álvarez Quiñones 1El huracán de experiencias acumuladas durante décadas, provocó en el periodista y escritor Roberto Álvarez Quiñones la necesidad de escribir un libro sobre situaciones muy particulares de su país, Cuba. Como bien lo define en esta entrevista, de sólo llegar a Estados Unidos Álvarez Quiñones quiso “plasmar en blanco y negro pinceladas de la dura vida cotidiana del cubano de a pie”. Esas pinceladas cobraron vida en el libro Estampas medievales cubanas, que ya está a la venta.

    Es importante destacar que desde la lejana ciudad de Ciego de Ávila de su niñez y su juventud, sus comparaciones durante continuos viajes por Europa y América Latina y sus años como periodista, el autor logró atrapar el sentido local y también universal de muchas “estampas” que narra en su libro, publicado por Alexandria Library.

    En la frontera de los 70 años de edad, 27 de ellos como empleado del diario oficial Granma, en Cuba, nueve años en la Televisión Cubana, en ambos casos como analista económico, y luego 12 años de trabajo en el diario La Opinión de Los Angeles, California, el autor intentó separarse de “la retórica política e ideológica”, pero hablar del cubano de a pie de las últimas décadas, es imposible sin presentar el contexto en el que se ha desarrollado ese cubano. Por eso utilizó en el título la palabra “medievales”. Para Alvarez Quiñones, el proceso histórico que ha vivido la nación cubana desde 1959, ha significado un retroceso a la Edad Media.

    Este diálogo con el autor, revela, entre otras cosas, la sustancia del libro y las razones por las que esperó hasta 2011 para publicarlo.

    JHC.- ¿Qué te propones con este nuevo libro?

    RAQ.- Mira, desde que en 1995 llegué a Estados Unidos yo quería plasmar en blanco y negro pinceladas de la dura vida cotidiana del cubano de a pie, pero alejadas de la retórica política e ideológica.

    No podía hacerlo, sin embargo. Sólo escribí dos o tres viñetas para mi consumo, porque mi esposa y tres hijos estaban todavía en Cuba. Como yo era bien conocido por la “plana mayor” del régimen si las publicaba ponía en peligro la reunificación familiar.

    Vinieron mi esposa e hijo menor, luego mis dos hijos mayores se instalaron en Canadá y fue entonces que me sentí totalmente libre para escribir y publicar estas estampas. Mi propósito es dejar constancia literaria de distintas facetas de la realidad cotidiana que la dictadura se afana en ocultar, y que además son desconocidas para quienes no son cubanos.

    Son páginas testimoniales del modo de vida de la Edad Media que prevalece en Cuba desde hace medio siglo. De ahí el título de Estampas medievales cubanas.

    Por otra parte, soy un amante del costumbrismo. Yo disfrutaba mucho las estampas que escribía Eladio Secades. Antes de 1959 los diarios y revistas de Cuba publicaban viñetas que eran fotografías que dejaban constancia de la vida diaria y el sabor criollo.

    En ellas se ironizaban los males que aquejaban al país y su gente, no sólo en la prensa escrita, sino en la radio. Castor Vispo con La Tremenda Corte lograba una combinación genial de humorismo y costumbrismo. En los años 50, programas humorísticos de la TV como Garrido y Piñeiro, la Taberna de Pedro, y otros, eran costumbristas. Y teníamos a Luis Carbonell, “El acuarelista de la poesía antillana”, un extraordinario cultor del humor costumbrista.

    Como espejo de la sociedad cubana aquellas expresiones costumbristas hacían reír y a la vez sacaban a la luz los “trapos sucios” que afeaban el paisaje social, lo cual permitía a los cubanos conocerse mejor a sí mismos, sin engaños ni falsos orgullos.

    En aquel mosaico cultural uno de los platos fuertes era la sátira política y social. Incluso en las dictaduras de Machado y Batista los medios lograron burlar sutilmente la censura y publicaron pinceladas que dejaban mal parado al gobierno.

    Pero “Llegó el Comandante y mandó a parar”, como decía la guaracha que Carlos Puebla nunca debió escribir, pues falsea la historia de Cuba y alaba al tirano. Muy poco después de su entrada en La Habana Fidel Castro prohibió la sátira política y el humor social del que se alimentaba el costumbrismo. Ningún escritor pudo ya pulsar las injusticias del comunismo, o cómo la cubanía era engullida por la dictadura del proletariado made in Moscú, o dejar constancia del empobrecimiento y el deterioro de la sociedad cubana.

    Te pongo un ejemplo. A mediado de los años 80 varios periodistas tuvimos una reunión en la sede de la Unión de Periodistas de Cuba con el presidente del Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT), Nivaldo Herrera, para analizar cómo mejorar el humorismo en la TV nacional, que era pésimo. En un arranque de honestidad Nivaldo nos confesó: “El problema es que ya no podemos hablar del negrito que se burla del gallego, ni del guajiro que viene a La Habana, ni de política”.

    Por eso, burlándome de todo, en primer lugar de los políticos, con estas estampas quise también evocar la rica tradición costumbrista truncada y rendir modesto homenaje a aquellos oteadores de la realidad cubana prediluviana.

    JHC.- ¿Es un volumen de ficción o documental?

    RAQ.- Es ambas cosas a la vez. Es un híbrido de ficción y realidad en el que las vicisitudes de la vida diaria ven la luz envueltas con un mínimo de fantasía. No pude escapar de esa ley que actúa en la creación literaria según la cual la realidad supera la imaginación. Y tratándose de Cuba, ni hablar. Allá la realidad es ella misma surrealista, absurda, kafkiana.

    Por ejemplo, cuando te informas un poco sobre Aracataca, la localidad colombiana en que nació y se crió Gabriel García Márquez, te das cuenta de que ese es Macondo. Soy admirador del Gabo escritor –así como rechazo su perenne adulación de Castro–, pero pienso que si él hubiese nacido y vivido en Bogotá, o no habría podido escribir Cien años de soledad, o la novela no habría alcanzado la dimensión monumental que tiene para la lengua castellana.

    Eso me lleva de la mano a lo Real Maravilloso, la genial definición del cubano Alejo Carpentier, uno de los aportes más trascedentes en la literatura hispanoamericana. Cuando lees Doña Bárbara, Don Segundo Sombra, Doña Flor y sus dos maridos, El reino de este mundo o El siglo de las luces, te parece que la realidad ha sido inventada, que no es real, porque ella es maravillosa por sí misma. La exuberancia de los escenarios naturales , el barroquismo multicolor de la geografía y la integración de la gente a ella con su espontaneidad, su irreverencia, su manera de vivir, de decir, de divertirse; el asombro, lo insólito, lo inesperado, la mezcla de lo histórico con lo imaginario y utópico, todo eso es maravillo y real a la vez, y emerge espontáneamente por todas partes.

    Por eso yo no tuve que inventar nada. Sólo me sumergí en mis vivencias de 36 años bajo el castrismo y las “condimenté”. Estas 14 estampas son una expresión del cataclismo ocasionado en Cuba por una tiranía que convirtió en ruinas a una nación que con un ingreso per cápita que duplicaba al de España en 1958 era una de las cuatro latinoamericanas con más alto nivel de vida y hoy es una de las tres más pobres.

    JHC.- ¿Cómo lo desarrollaste, en cuanto a creación literaria?

    RAQ.- Bueno, ya te dije que soy fanático del costumbrismo. No creo que pasó de moda literariamente, como dicen algunos. Por su gran riqueza humana el costumbrismo no tiene fecha de vencimiento. Es la vida misma, el alma de un pueblo, su cultura, su sabor. Imagínate que tuviéramos estampas costumbristas del antiguo Egipto, Mesopotamia, Grecia, de la China de Confucio o el imperio de Genghis Khan.

    Una viñeta es más gráfica para comprender un pasaje histórico, social o político, que un ensayo. Y no subestimo el ensayo, que me gusta muchísimo. Pero la pincelada atrapa fácilmente al lector por su lenguaje coloquial, relajante, desinhibido, y la desfachatez con la que algunos personajes dicen y hacen las cosas. En el caso cubano tenemos la ventaja adicional del humor.

    Con esa capacidad asombrosa del cerebro de volar a más velocidad que la luz, yo me trasladaba en tiempo y espacio a un escenario cualquiera de mis vivencias, y las vivía otra vez. Entonces tecleaba en la computadora lo que estaba observando, ya fueran personajes reales o los que surgían “al calor” de los hechos.

    Para armar esta viñetas, que evaden la sobriedad político-ideológica, combiné el humor con el erotismo, simbiosis fenomenal que con la musicalidad, vehemencia de carácter y la transparencia comunicativa, constituyen lo más singular de la idiosincrasia del cubano.

    Así, para explicar por qué el periódico Granma se vende como pan caliente hasta agotarse, no por su contenido impreso sino por su función de papel sanitario, mejor decirlo humorísticamente que en una fría descripción. Por cierto, en esa crónica de Granma —en el que trabajé 27 años— Kike soy yo, que tenía a mi cargo la columna Minienciclopedia Económica ahí mencionada.

    También influyó mi afición por el diálogo. Un coloquio a veces es más auténtico y digerible que la narración del autor, especialmente cuando el asunto es tan dramático como la realidad cubana y es necesario disminuir la carga emocional con esa formidable válvula del léxico popular y la comicidad natural criolla.

    La escena de la carnicería en la que a Candito se le va de entre las mano el medio pollo “de dieta” que iba coger para su anciana madre, sin humor resultaría muy triste. Pero al reproducir una escena habitual en cualquier carnicería de Cuba te compadeces del infeliz cartero jubilado y a la vez te ríes. Y la risa prolonga la vida.

    Muchos personajes son reales. Por ejemplo, en el corte de caña, Fernando soy yo, aunque a veces soy Pablo, o Sixto. La Adelaida a la que un vecino que abrió su correspondencia le da la noticia de que le llegó la visa para viajar a EE.UU. es mi suegra. Quien se alumbra con el televisor es un vecino del edificio en que yo vivía en el Vedado, a quien mi esposa y yo le dimos un bombillo de nuestro apartamento.

    Sí cambié o creé nombres, mezclé y mudé escenarios. Algo que sucedió en Pinar del Río puede que aparezca en Camagüey. Abordé escenas tempranas, intermedias y tardías de la eternidad castrista. Y le eché a todo un poco de salsa fantasiosa criolla, esa que desborda —sin darnos cuenta—, a quienes en esa soleada isla nacimos.

    Para definirlas en una palabra, estas estampas son “agridulces”. Me gustaría que cuando el castrismo haya desaparecido mis hijos, nietos o biznietos pudieran releerlas y que encontrasen en las tribulaciones que aquí se asoman huellas que aderezadas con sonrisas y tristezas congelaron en el tiempo la horrible pesadilla cubana.

    JHC.- ¿Dónde se puede comprar?

    RAQ.- Desde hace varios días se puede comprar en el sitio online www.alexlib.com/estampas/.  Se puede pagar con tarjeta de crédito y pienso que el precio es asequible: $12.95, más $2.90 para el envío por correo. O también me lo pueden pedir a mi por email a robertofalvarez2008@gmail.com, me envían la dirección postal y un cheque por $14.80 (ya incluye el envío por correo).

    JHC.- ¿Algún otro proyecto literario próximo?

    RAQ.- Hablar de proyectos literarios futuros siempre es difícil. Tengo cinco, en algunos de los cuales he trabajado años. He avanzado en mis memorias y anécdotas de mis vivencias como periodista en Cuba, la manipulación de la información en los medios cubanos, mis encuentros con “pejes gordos” de la política, mis recorridos por los países comunistas, y mis experiencias de mozalbete que se subió como protagonista en el tren equivocado, hipnotizado por una utopía que se desinfló con un trágico saldo.

    Otro, de ficción, consiste en estampas sobre la vida en mi pueblo natal cubano, Ciego de Avila, a mediados del siglo XX, a las que quiero agregarle pinceladas habaneras de 1959. A mi, como a Cabrera Infante, La Habana me parecía deslumbrante, fascinante.

    Los tres proyectos más ambiciosos son ensayos. Uno sobre el asombroso saldo inútil —socialmente hablando— que han tenido casi todas las revoluciones sociales en el mundo en los últimos 300 años, todas nadando en océanos de sangre. Otro es algo así como una desmitificación del marxismo como “megateoría”; un análisis teórico e histórico.

    Y el tercero es sobre la gran paradoja de que el comunismo se estableció en Cuba, el país más anticomunista y con mayor influencia norteamericana en América Latina, y donde incluso no había siquiera una izquierda fuerte y estructurada con peso político y sólo contaba con una muy reducida —rechazada popularmente— militancia marxista cuyo partido se apedillaba Socialista Popular para evitar el estigma que significaba el vocablo comunista.

    [Tomado de la revista Contacto Magazine, febrero de 2011]

     

    ***

    Roberto Álvarez Quiñones (Cuba). Periodista, economista y licenciado en Historia. Cuenta con 40 años de experiencia como columnista, primero en Cuba en el periódico Granma (1968-1995), en el que era columnista económico y cronista histórico. Simultáneamente trabajaba en la TV Cubana como comentarista económico en la Revista de la Mañana. Autor de seis libros, publicados en La Habana y en Caracas, que son ensayos e investigaciones económicas e históricas, y crónicas. Ha obtenido 11 premios nacionales de periodismo y ha integrado jurados en concursos literarios y periodísticos. Vino para Estados Unidos en 1995. Desde junio de 1996 trabajó en el diario La Opinión, de Los Ángeles, hasta agosto de 2008. Allí fue editor y columnista de las secciones de Latinoamérica, El Mundo, El País, Negocios y Tu Casa (bienes raíces). Fundó y tuvo a su cargo las columnas “Macroeconomía”, “El arte de comerciar”, “Ventana al Sur” y “Ecos del mercado”. Es analista económico de Telemundo (TV), y escribe para medios de EE.UU. y España. Fue profesor de periodismo en la Universidad de La Habana y en el Instituto Internacional de Periodismo José Martí; y de historia de las doctrinas económicas en el Instituto Superior de Relaciones Internacionales (ISRI). Ha impartido cursos y conferencias en universidades e instituciones de varios países de Europa, y en México, Venezuela y Nicaragua. Reside en California, Estados Unidos.

    Jesus Hernandez Cuellar
    Jesus Hernandez Cuellar
    Jesús Hernández Cuéllar. Editor, reportero y articulista cubano, actual director y editor de Contacto Magazine, comenzó su carrera de comunicador social con la agencia internacional de noticias EFE en La Habana, Cuba, en 1981. En 1983 continuó con EFE en San José, Costa Rica, y entre 1984 y 1990 trabajó para la misma agencia en Los Ángeles, California, mientras se desempeñaba como editor metropolitano del diario Noticias del Mundo, entre 1984 y 1987, y de Diario de Los Ángeles, en 1988. A finales de 1988 ingresó en el diario La Opinión de Los Angeles, como reportero. En 1989 fue nombrado jefe de información de la sección metropolitana de ese diario, y en 1990 ocupó el cargo de editor de esa sección, en la que trabajó hasta su salida de La Opinión en julio de 1995. Entre 1991 y 1993 impartió tres cursos de periodismo en español en la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA). En Contacto Magazine, revista que fundó en julio de 1994, ha tenido la oportunidad de hacer un periodismo de fondo sobre temas hispanos de Estados Unidos, y sobre conflictos latinoamericanos, estadounidenses e internacionales. Entrevistas exclusivas, reportajes, análisis de sucesos importantes y ensayos han caracterizado el trabajo periodístico de Hernández Cuéllar como director y editor jefe de Contacto Magazine. Desde las páginas de Contacto ha desarrollado varios proyectos especiales sobre las contribuciones de los latinos a la sociedad y a la economía de Estados Unidos, y tuvo a su cargo la cobertura de los atentados terroristas de septiembre de 2001 en Estados Unidos, que ocurrieron el mismo día del cierre de la edición de septiembre de ese año. La guerra contra el terrorismo lo llevó a desarrollar varios articulos de fondo sobre el Islam, Israel, la organización terrorista Al-Qaeda, el líder de la misma, el saudí Osama Bin Laden, y el entonces régimen extremista afgano conocido como el Talibán. Ha realizado numerosas entrevistas a importantes personajes de la política y de la cultura.

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    5 COMENTARIOS

    1. He leido las cronicas de Alvarez Quinones en Palabra Abierta y las he disfrutado todas. Este libro de estampas supongo tiene ese mismo estilo criollo y “jodedor” (como decimos en Cuba) y a la vez muy serio en lo que dice, una combinacion fascinante que no todos los escritores logran. Este libro debe ser bien atractivo.

    2. Será un libro muy bien escrito, sobre temas duros pero con un toque ligero y encantador lleno de humor como suele ser lo de Quiñones

    3. Formidable entrevista y felicito a R Alvarez Quinones por haber escrito estas cronicas que como el dice son basadas en una realidad que supera a la ficcion que pueda haber en ellas, en medio de una tirania ya demasiado prolongada en el tiempo. Excelente la presentacion que hace el propio autos de esta obra, y lo voy a leer.

    4. Felicidades a Álvarez Quíñones por este libro que espero leer y reseñar con gusto, pues el humor es lo único que nos calma en medio de tanta tragedia cubana. Y gracias a Hernández Cuéllar por difundirlo. Un abrazo desde España. Alberto Lauro

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