Gratitud por lo que nos duele

En este Día de Acción de Gracias agradezco por los oscuros que me dan forma cuando me llega la luz.

Han pasado 2,200 días de mi primer accidente automovilístico y todavía me duele todo. Recuerdo bien ese 16 de noviembre de 2016. Trabajaba en una televisora y acaban de maquillarme para presentar una serie investigativa en la que había trabajado por semanas. Salí rápido por algo de comer y un carro me embistió a exceso de velocidad. Lloré hasta que las pestañas postizas me rodaron por las mejillas inundadas. Duré sin moverme casi tres meses y con un intenso dolor de cabeza por más de 100. Las radiografías mostraron hernias en mis cervicales y desde entonces se me entumen los brazos.

Solía compartir más de mi camino a la recuperación, que parece nunca terminar; lo hice hasta que se me paralizaron los dedos al contar estas historias que son tan mías, que al escribirlas siento que me desnudo. Y fui apagando las letanías y dejé de quejarme, quizá porque me acostumbré a vivir así, en dolor, o porque me autocensuré por aquellos que me juzgaron por ser tan vulnerable en público.

Hoy lo que callo me pesa

Sigo entrando y saliendo de quirófanos. Hay días en los que me cuesta mucho levantarme y subirme al mundo, como hoy, como cuando hace frío, como cuando cargo maletas o niños, como cuando se me duermen los brazos o dejo de sentir las manos, como cuando el dolor de cabeza me levanta a medianoche a vomitar, como cuando la anestesia me tumba o alguien me hace un cariño brusco.

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Si contara los días en los que no me duele nada, me sobrarían dedos.

Sí, insisto, lo más valiente que hago cada mañana es escoger ser feliz, a pesar de tanto, a veces de mí misma.

Y lo hago parecer fácil, pero no significa que lo sea. Hay días, como hoy, que me jode vivir siempre cuesta arriba, demostrando, justificando, explicando y tragando todos los malditos gerundios que me empachan.

Transformar el dolor en fortaleza

Las hernias me destrozan los nervios, los tratamientos me joden el estómago y el hígado, aún no siento los dedos (salvo el fracturado, ironía), me duele el cuerpo y las cuentas del banco… me cala pensar en tantos hubiera. Y este es un camino muy muy muy muy muy solitario.
Luego pienso en lo mucho que he logrado y me siento poderosa y exitosa, porque si esto es lo que he conseguido jodida, sin dolor sería algo menos que humana y mucho más que imparable. Y me gusto así, con mus fisuras y mis múltiples fallas. A veces muy acompañada y otras tan sola. Tengo muchas sombras, pero también soy luz.

Agradecer el dolor

A 6 años del primer accidente y cuatro del segundo, ya no disimulo ni biodecodifico nada, lo siento, lo abrazo, lo suelto, lo guardo, lo callo y lo grito o lo pongo al aire. Porque no hay cura para la humanidad, solo nos queda apapacharla.

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Perfil del autor

Maritza Lizeth Félix es una periodista, productora y escritora independiente en Arizona. Nació en Magdalena de Kino, Sonora, México. La frontera ha sido su hogar y su inspiración por más de 15 años.
Su trabajo ha sido publicado en importantes periódicos de Estados Unidos, México y otros lugares del mundo, así como en las principales cadenas de televisión de habla hispana Univisión y Telemundo. Actualmente trabaja de manera independiente para la Organización Editorial Mexicana, Channel 4, Proyecto Puente, Uniradio Noticias, Telemax y Prensa Arizona. Fue reportera en el documental “Misterios de la Fe”, de Discovery Channel y fungió como productora del documental de la frontera de Estados Unidos y México para la serie televisiva “The Wall”, un trabajo investigativo mundial realizado por Rondo Media, del Reino Unido. También ha sido productora de proyectos especiales como coberturas políticas, electorales y de inmigración para Al
Jazeera y fue la productora de investigación en el galardonado reportaje “Risking It All For America – Riding The Train Of Death”, de Channel 4 en Inglaterra.
En 2011 fue nombrada por Chicanos Por La Causa como una de los “40 Líderes Hispanos menores de 40 años” en reconocimiento a su trabajo periodístico e influencia en el estado. Félix ha ganado cinco premios Emmy y fue la primera ganadora del premio a la “Mejor Crónica Escrita en Estados Unidos”, de Nuevas Plumas. También ha recibido múltiples galardones del Arizona Press Club por sus reportajes. En 2012 y 2013, la revista Phoenix New Times la nombró como la “Mejor Periodista de Habla Hispana” en Arizona.
Maritza está felizmente casada y es mamá de unos mellizos curiosos que retan y alimentan su imaginación todos los días y llenan su vida de alegría, amor y carcajadas.

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