“Hay que encontrar los cuerpos”: la incansable tarea de Graciela Geuna, sobreviviente de La Perla

Se encuentran restos óseos en las inmediaciones del campo de exterminio cordobés por el que pasaron alrededor de 2,500 hombres, mujeres y adolescentes que, en su gran mayoría, habrían sido extrajudicialmente ejecutados por la dictadura cívico-militar argentina de los 70

Graciela Susana Geuna, una argentina que reside en Suiza fue prisionera política en La Perla, uno de los campos de exterminio más brutales de la dictadura cívico-militar argentina de los 70. Una dictadura que secuestraba torturaba y ejecutaba a opositores políticos.

Desde el exilio, Geuna se convirtió en una voz crítica de los crímenes de la Junta Militar. Asumió, además, la tarea de impulsar la búsqueda de los desaparecidos de La Perla, un sitio ubicado en las afueras de Córdoba que hoy funciona como museo y espacio de memoria histórica.

Esa búsqueda, medio siglo después, lleva a la impostergable necesidad de identificar la ubicación de fosas en donde los terroristas de estado habrían ocultado los cadáveres de los hombres, mujeres y adolescentes desaparecidos.

Se reactiva el caso judicial

Su búsqueda incansable de la verdad y la justicia, junto al colectivo de familiares que la acompaña en esta iniciativa, confrontó innumerables obstáculos. Pero finalmente su tarea se ha visto recientemente facilitada por el juez Hugo Vaca Narvaja, titular del Juzgado Federal Nº 3 de Córdoba, quien en abril reactivó la causa.

El juez, hijo de un abogado fusilado por la dictadura, dio curso a la querella iniciada originalmente por el Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel y María Elba Martínez.

Pero desde mayo, la iniciativa es llevada adelante por un colectivo de 26 querellantes. Entre ellos, Graciela Geuna, Soledad García y otros familiares de desaparecidos que, medio siglo después, continúan buscando a hijas, padres, esposos, que fueron vistos en La Perla.

“Quiero resaltar que esto no es una tarea individual, sino que el esfuerzo de un Colectivo”, aclara Geuna. “Un trabajo de todas y todos, para todos”.

Los desafíos fueron y continúan siendo muchos. Para empezar, la amplia extensión de la Guarnición Militar Córdoba en la que se encuentra La Perla. Por ello, se realizó un análisis detallado de la región y estudios geofísicos para delimitar la búsqueda de fosas.

La contribución del geólogo Guillermo Sagripanti, de la Universidad Nacional de Río Cuarto, fue decisiva. Analizando una fotografía de 1979, Sagripanti logró reducir a 10 hectáreas el área prioritaria de la búsqueda. Una reducción considerable si se tiene en cuenta que se comenzó con las 14,000 hectáreas de la zona. Con ese dato, y el trabajo científico del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), junto a agencias del Gobierno de la Provincia y la Municipalidad de Córdoba, se iniciaron excavaciones que, dados los recursos existentes, pueden extenderse unos 70 días.

Espacio para la Memoria La Perla
El Espacio para la Memoria La Perla se encuentra en las afueras de Córdoba, Argentina. Foto: Néstor Fantini

En los primeros días del proyecto humanitario ya hubo novedades. En el área conocida por los locales como Loma del Torito, ubicada a unos 4 kilómetros de La Perla, se recuperó un fémur, partes de un cráneo humano y otros fragmentos óseos.

Esta no es la primera vez que en las inmediaciones del campo de exterminio se encuentran restos humanos. En octubre de 2014, se hallaron restos óseos en la zona conocida como Hornos de Ochoa. El Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) estableció que pertenecían a un grupo de estudiantes de medicina que había sido secuestrado por la Alianza Anticomunista Argentina (AAA) el 6 de diciembre de 1975.

El secuestro

Geuna, en 1976 tenía 20 años y era una militante estudiantil en la Universidad Nacional de Córdoba en donde estudiaba abogacía. Para la joven, el horror comenzó dos meses después del golpe del 24 de marzo de 1976.

Testimonio de Graciela Geuna. Foto: Captura de pantalla, Condor-atlanta.org

En la tarde del 10 de junio, 20 civiles fuertemente armados arribaron en 5 automóviles e irrumpieron en su casa del barrio General Paz y la secuestraron junto a su esposoJorge Omar Cazorla, de 22 años, con quien se había casado apenas siete meses antes.

“Entró un grupo de hombres disfrazados con ponchos, con armas largas, petardos, a los gritos. Era una patota mafiosa”, recuerda Geuna.

Con el tiempo se sabría que el operativo lo ejecutó la 3ª Sección de Operaciones Especiales, dependiente del Destacamento de Inteligencia “General Irribarren”, del III Cuerpo de Ejército que comandaba el general de división Luciano Benjamín Menéndez, uno de los emblemas del terrorismo de Estado.

El salto al vacío… y el asfalto

Ante la impotencia de vecinos que querían intervenir, pero que fueron amenazados con tiros al aire, Geuna fue encapuchada, esposada y arrojada en el baúl de uno de los autos. Su esposo sufrió la misma suerte y terminó en el baúl de un segundo vehículo.

Geuna gritando y resistiendo fue violentamente reducida hasta que un puñetazo en el estómago la desmayó. Al recobrar la conciencia, comenzó a golpear con las rodillas la tapa del baúl hasta que logró abrirla y sin pensarlo mucho, y a pesar de la velocidad del automóvil, se arrojó al asfalto.

“Rodaba y rodaba como si no terminara de deslizarme…”, relata.

Casi al mismo tiempo, su esposo aparentemente también logró forzar el baúl y tirarse a la ruta.

“Y lo veo a Jorge… a 50 metros mío, que se había tirado en el mismo momento que yo… Siempre digo, no es nada mágico, pero hay una cierta conexión entre los seres humanos”, dice Geuna tratando de entender el momento.

Ella corrió. Jorge Cazorla también corrió, pero en dirección opuesta.

A Geuna la recapturan frente al arco de Industrias Mecánicas del Estado (IME) en donde había un soldado de guardia y trabajadores salían del establecimiento. A Cazorla, que estaba a solo metros de ella, lo asesinan con tiros por la espalda.

La Perla: “Yo era el número 252”

En el campo, Geuna fue torturada, entre otros, por el teniente primero Ernesto Barreiro.

“Yo era el número 252”, dice.

La llevaron a un pabellón de unos 40 metros, donde habría unas 70 personas detenidas. Allí pasaría diez meses, entre gritos, tortura, traslados. Estaba vendada con algodón bajo los ojos para impedir el parpadeo. Dormía en una colchoneta de tela rellena con paja, aguardando lo inevitable.

En la colchoneta contigua se encontraba una jovencita de solo 17 años. Era Alejandra Jaimovich, de 17 años. También estaba María Elena Gómez de Argañaraz. Un día recibieron con alegría la noticia que serían trasladadas al Centro de Detención Buen Pastor en donde al documentarse su entrada pasaban de desaparecidas a prisoneras políticas. Pero Jaimovich y Gómez nunca llegaron. Pasaron a engrosar la lista de los 30,000 desaparecidos.

“Yo creo que más allá de La Perla, el infierno no existe”, declaró Geuna años después pensando en sus días en el centro de exterminio.

Pero una de esas casualidades de la vida, la salvó del “traslado”, un eufemismo de lo que era la indefectible ejecución extrajudicial.  Un día, un oficial del ejército la reconoció como nieta de un compañero de fútbol de su abuelo. Se trataba de nada menos que el teniente coronel Raúl Fierro, el todopoderoso jefe de inteligencia del IIIer Cuerpo de Ejército que, como el Gral. Menéndez, tenía poder de decidir quien vivía y quien moría. Y fue eso lo que debe haber determinado que la reclasificaran para cumplir funciones administrativas.

Loma del Torito: un testimonio sobre masacres

Lo que ocurrió en La Perla entre 1976 y 1978, los años más álgidos de la represión, es una cronología tétrica de la crueldad humana. Nada más elocuente para ilustrar los hechos que el relato de José Solanille, un trabajador que cuidaba animales y sembraba y que vivía con su esposa y seis hijos a solo 500 metros del campo de exterminio.

Excavaciones realizadas en Lomas del Torito ordenadas el 1 de marzo de 1984 durante el reconocimiento in situ realizado por el testigo Julián Solanille. Foto: Enrique Ezequiel Shore, Archivo Nacional de la Memoria

“Desde el 24 de marzo, lo que ya venía viendo empeoró”, dijo Solanille. “Se llenó de gente la cárcel y empezaron los gritos todas las noches. Desgarradores”.

En su testimonio ante la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP) y en el juicio de la Megacausa La Perla. Solanille habla específicamente de la Loma del Torito:

“Estaba con otro compañero en la Loma del Torito. Habíamos visto la fosa cavada, unos cuatro por cuatro metros. Tenían a la gente en dos filas, serían como cien. Algunos vestidos, otros desnudos. Estaba Menéndez. Llegó en un Falcon blanco. No lo vi disparar, pero dio la orden”, relató Solanille. “Muchos estaban encapuchados o vendados o con anteojos. Algunos que podían ver, corrieron. Los mataron por la espalda. Después los quemaron. Tiraron explosivos. El humo, con un olor insoportable, llegó hasta mi casa.”

¿Por qué seguir buscando, medio siglo después?

Las excavaciones actuales no son un mero acto simbólico. Tienen un objetivo legal y humano. La idea se basa en el derecho internacional. El Comité de las Naciones Unidas sobre Desapariciones Forzadas (CED) dice que la desaparición equivale a la tortura para los familiares.

“El delito no culmina hasta que se encuentren los cuerpos”, explica Ramiro Fresneda, abogado de los querellantes y una figura clave en que se lleve adelante la iniciativa.

Para Geuna, la memoria, la verdad y la justicia no se negocian. Su voz, nacida del dolor y la resistencia, encuentra hoy un hilo de luz en unas pocas hectáreas donde por fin la tierra está empezando a devolver nombres.

“Hay que encontrar los cuerpos, porque una sociedad democrática no se puede construir sobre 2,000 cuerpos insepultos en Córdoba”, afirma Graciela Geuna, convencida de la importancia humana e histórica de su trabajo.

Autor

  • Néstor M. Fantini , M.A., Ph.D. (ABD), es un periodista, educador y activista de derechos humanos argentino-estadounidense que es coeditor de la revista online HispanicLA.com y profesor adjunto de sociología, en Rio Hondo College, Whittier, California. Fantini se graduó de Woodsworth College y de la Universidad de Toronto.    ////.

    Nestor M. Fantini, M.A., Ph.D. (ABD), is an Argentine-American journalist, educator, and human rights activist who is co-editor of the online magazine HispanicLA.com, and adjunct professor of sociology at Rio Hondo College, Whittier, California. Fantini graduated from Woodsworth College and the University of Toronto.

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Un comentario

  1. ´Gracias! Contame si hubo ecos pues con la realidad pesada de ustedes no se si la gente se interesará por esto. Ojalá que sí.

    No se si aceptaste algun comentario mio creo que no. Te aclara que es la primera vez que el trabajo de un equipo los encuentra, antes fue lejos, en la ruta a la calera y por denuncia de un campesino. Y sabes por qué insisto que es la primera vez que \»encuentran\» ? Porque no hay EAAF en Córdoba, trabajan en todo el mundo y vienen poco a Cba. Estamos trabajando con la Universidad de Córdoba para hacer un equipo estable de búsqueda en Córdoba como el que hay en Tucumán.

    teneme al tanto de los ecos,

    Abrazo, Graciela

    El lun, 29 sept 2025 a las 18:41, HispanicLA: la vida latina desde Los

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