La retórica antiinmigrante mata

En los meses que conducen a las elecciones nacionales del 8 de noviembre, la retórica anti inmigrante se ha vuelto más y más prominente en el mensaje proselitista republicano.

Parte de la naturaleza republicana

En sus manifestaciones más extremas, ha dejado de ser patrimonio de los márgenes extremistas de la derecha del GOP y pasado gradualmente a ser parte del recitado político regular por parte de sus candidatos, portavoces y funcionarios electos. 

Sí, es parte de la tendencia de ese partido hacia la agresión y la hostilidad, lo que hemos visto tan solo este fin de semana cuando su líder, el expresidente Trump, amenazó a su rival el jefe de la bancada del Senado Mitch McConnell diciendo que “tiene un deseo de muerte”. Característico también es el hecho de que uno o dos republicanos criticaron la expresión mientras que otros daban volteretas tratando de explicar o justificar el ataque de Trump. 

La retórica violenta es hoy, junto con la victimización, el rasgo más característico de esta agrupación, lo que alimenta el temor de que pretenda ganar las elecciones por vía de la intimidación y el fraude. Porque al considerarse como víctimas de ese fraude, que es inexistente, hacen lícito que reaccionen para evitarlo, vale decir, para a su vez cometer fraude, que es lo que se nos está viniendo encima en muchos estados. Especialmente cuando no se trata de personajes marginales dantescos, armados o no, que demanden ver las listas o traten de entrar a las computadoras que cuentan los votos, etc., sino de los encargados de aprobar los resultados, vale decir, secretarios de Estado o legisladores.  

Pero especialmente virulentos están siendo los ataques incesantes contra los inmigrantes, sean indocumentados o aquellos que están aquí legalmente después de haber pedido asilo, una distinción que para estos fanáticos tiene muy poca importancia. 

No les importa ser minoría nominal

El público estadounidense tiene una opinión positiva de los “Dreamers” y apoya su legalización. Y tres de cada cuatro está a favor de recibir a refugiados de países de donde tratan de escapar de la violencia y la guerra. 

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Y sin embargo, numerosos candidatos republicanos exacerban la crisis migratoria para azuzar a sus simpatizantes y granjearse su voto. Compiten entre ellos por quién tiene las palabras más rimbombantes, quién muestra más fanatismo e intransigencia, quién «dice las cosas como son» o «no tiene miedo de la verdad», que es lo que alababan de Donald Trump al comienzo de su campaña electoral en 2016.

En realidad, a partir de ese momento, el expresidente renunció a llevar su mensaje al resto de la población y se enfocó en llevar a las urnas a sus fanáticos, esta es la tendencia imperante en su partido. 

Así, el gobernador de Texas Greg Abbott, que busca la reelección, afirma que su estado es víctima de una maléfica “invasión de ilegales”. 

Las perlas de los candidatos

De la misma manera se manifiestan, por ejemplo, estos candidatos republicanos a senadores federales. 

Blake Masters de Arizona promueve la teoría conspirativa del gran reemplazo, según la cual los demócratas traen inmigrantes al país para diluir el poder de los nativos. Generalmente la acusación se extiende para incluir a los judíos y en general, los liberales o quien piense distinto.

Ted Budd de Carolina del Norte apoya la retención de fondos federales de las agencias de aplicación de la ley que se niegan a cooperar con la agencia policial migratoria ICE. 

Para Katie Britt, de Alabama, los inmigrantes son responsables por la crisis de opiáceos y fentanilo de la nación.

Otro probable ganador en la contienda por el senado es Adam Laxalt, de Nevada, quien haría ilegales las ciudades santuario. 

Todos ellos apoyan “terminar” la construcción del muro fronterizo, que por supuesto no se ha iniciado. 

La actitud republicana contra los inmigrantes es todo menos espontánea. Es una parte importante de una estrategia inicialmente electoral pero ahora permanente de los republicanos.

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Retórica incendiaria

La ofensiva ideológica contra la inmigración como base de la ideología electoral republicana inició en abril, con el envío a políticos republicanos de un documento de 60 páginas escrito por el congresista Jim Jordan. El documento se filtró a la prensa. Jordan es el miembro republicano más importante del importante Comité de Asuntos Judiciales de la Cámara Baja, y de ganar ese partido el control de la cámara, sería su líder. 

El documento, dice el New York Times, recomienda el uso de conceptos «engañosos y provocativos», según los cuales los migrantes y refugiados son perpetradores de crímenes sexuales, mientras el presidente Joe Biden lo acepta, lo estimula y lo esconde a la vez.

Y ya estamos al tanto del gambito de los gobernadores republicanos de Texas, Arizona y Florida de enviar inmigrantes a estados santuario como si fuesen ganado. Les atrajo atención, el visto bueno de los fanáticos, un aumento de defensas en los medios sociales y un soporte para su declarada decisión de seguir haciéndolo. Aunque con ciertas restricciones: Ron DeSantis, el de Florida, tiene un presupuesto máximo de 12 millones de dólares para el jueguito, y los 50 inmigrantes que envió a Massachusetts no eran mexicanos ni salvadoreños ni venezolanos; no eran «ilegales» sino que se habían presentado voluntariamente en la frontera y solicitado asilo, y estaban esperando audiencias judiciales, y finalmente, no eran de Florida sino de Texas… 

Consecuencias y peligro creciente

La retórica venenosa tiene consecuencias. La gente está siendo definida como “ilegal” por el color de su piel, su acento o su bajo dominio del inglés. Incrementa el perfilamiento racial por parte de las agencias del orden. Hay numerosos casos de abusos. 

Lo peor fue la semana pasada, cuando un grupo de inmigrantes que caminaban en el desierto del Oeste de Texas fueron atacados a tiros resultando en un muerto y una herida. Uno de los dos atacantes es ex director de un centro privado de detención para inmigrantes. Relatan los sobrevivientes que los dos – resulta que son hermanos – llegaron en una camioneta blanca adonde ellos buscaban una fuente de agua potable; los insultaron; luego uno de ellos bajó del vehículo y disparó. Ahora se defiende diciendo que fue contra pajaritos y animalitos.  

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Es cierto que el número de pedidos de asilo y de cruces ilegales en la frontera sur ha crecido considerablemente. Pero la demonización de las familias que tratan de cruzar por medio de mentiras y exageraciones solo crea nuevos problemas. 

En lugar de incitar al odio y la violencia, lo lógico es que los republicanos en el Congreso dejen de oponerse a medidas tales como abrir las puertas del país a trabajadores calificados para los puestos vacantes en hoteles, restaurantes y el campo estadounidense y para quienes llegaron aquí de niños y hoy son estadounidenses en todo sentido menos los papeles. 

Quienes incitan al odio no pueden pretender tener control de las consecuencias de su retórica. No lo tienen, y la violencia contra los inmigrantes podría como resultado expandirse y agravarse, generando verdaderas tragedias.

Este artículo fue apoyado en su totalidad, o en parte, por fondos proporcionados por el Estado de California y administrados por la Biblioteca del Estado de California.

Perfil del autor

Fundador y co-editor de HispanicLA. Editor en jefe del diario La Opinión en Los Ángeles hasta enero de 2021.
Nació en Buenos Aires, Argentina, vivió en Israel y reside en Los Ángeles, California. Es periodista, bloguero, poeta, novelista y cuentista. Fue director editorial de Huffington Post Voces entre 2011 y 2014 y editor de noticias, también para La Opinión. Anteriormente, corresponsal de radio. Tiene tres hijos adultos que son, dice, "la luz de mi vida".

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