La ruta sangrienta del ERP: Ernesto Regalado, Roque Dalton y Roberto Poma

“Los asesinos de Roque Dalton pertenecen al servicio secreto del enemigo y trabajan para la CIA.” — del libro: El grito del más pequeño, publicado en México 1985, del periodista Jorge Pinto.

El 11 de febrero de 1971 fue secuestrado en San Salvador Ernesto Regalado Dueñas, joven heredero de una de las familias más poderosas del país. Esa mañana se había despedido de su esposa, Helen O’Sullivan, con la rutina de siempre: un beso en la mejilla antes de abordar su pequeño Volkswagen gris. Nunca llegó a su oficina.

Horas después, el vehículo apareció abandonado, con las puertas abiertas y una nota exigiendo dos millones de colones de rescate, supuestamente firmada por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Guatemala (FAR). El mensaje parecía claro: un secuestro con fines económicos. Pero en la práctica, fue el inicio de una trama política y de sangre mucho más oscura.

El 19 de febrero, su cuerpo apareció en San Antonio Abad. Había sido brutalmente torturado: los ojos vendados con cinta adhesiva, el rostro desfigurado, los testículos destrozados con saña. Era el mensaje sangriento de un magnicidio político, comparable con los asesinatos de dictadores en otros países de Centroamérica.

El gobierno culpó de inmediato a un movimiento clandestino, “El Grupo”, supuestamente formado por estudiantes y jóvenes de izquierda. Pero como escribió Jorge Pinto en el libro titulado, El grito del más pequeño:

“He sostenido la tesis de que El Grupo nunca existió… y reafirmo que Regalado Dueñas fue capturado y asesinado por el régimen, por una guerrilla creada y financiada por la misma Guardia Nacional.”

La familia Regalado Dueñas estaba dispuesta a pagar el rescate, pero jamás se gestionó su liberación. Todo apuntaba a que no se trataba de un secuestro insurgente, sino de una operación de inteligencia militar, disfrazada de guerrilla, con un doble objetivo: aterrorizar a la oligarquía y justificar una ola de represión.

El trasfondo político

El general José Alberto Medrano, exdirector de la Guardia Nacional, fue arrestado en medio de estos hechos. Documentos lo vinculaban a un plan para usar a Ernesto Regalado como figura presidencial con apoyo de la élite empresarial, mientras él mantenía el control desde los cuarteles. Su captura y posterior caída mostraron un choque interno de facciones militares.

El magnicidio sirvió para disciplinar a los sectores empresariales críticos y, al mismo tiempo, para criminalizar a estudiantes y opositores acusados falsamente de integrar “El Grupo”. Aquella farsa judicial llenó cárceles y sembró miedo. En esa sombra de sospechas, nació el germen de lo que luego se conocería como el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), organización que desde el inicio cargó con la marca de la infiltración y la manipulación estatal.

De la mentira oficial a la violencia insurgente

Cinco años después, en mayo de 1975, la espiral se cerró con la muerte de Roque Dalton, poeta y militante del ERP.

Dalton había regresado clandestinamente en 1973, convencido de que la lucha armada era la única salida. Pero su prestigio y su espíritu crítico incomodaron a la dirigencia del ERP, dominada por jóvenes comandantes radicales de tendencia maoísta.

El 10 de mayo de 1975, en la víspera de su cumpleaños 40, Dalton fue ejecutado junto a Armando Arteaga, “Pancho”, acusado de traición. El ERP justificó la ejecución alegando que ambos eran agentes de la CIA. Pero Jorge Pinto, amigo de Roque Dalton, viajó a Cuba para entrevistar a Fidel Castro sobre la muerte del poeta, este en la entrevista repuso: “A Roque Dalton solo pudieron asesinarlo los policías del imperio”.

Pinto concluyó: “Roque Dalton, mi querido Roque, había sido vilmente asesinado por unos fascinerosos que se decían revolucionarios.”

La indignación continental

La reacción fue inmediata. El poeta mexicano Efraín Huerta escribió:

“Roque Dalton no fue fusilado por las fuerzas del ERP, que él había fundado; Roque Dalton García fue asesinado por las fuerzas secretas de la CIA que operan en El Salvador.”

Pinto no coincidía plenamente, pero advertía que la mano del Estado estaba presente, incluso en los crímenes de la insurgencia:

“Las guerrillas gubernamentales, implementadas para asesinar a Ernesto Regalado Dueñas, y el ulterior asesinato de Roque, me hicieron poner a los guerrilleros en un solo costal como agentes del gobierno.”

Incluso relató cómo un grupo de jóvenes encapuchados, identificándose como ERP, irrumpió en su periódico para exigir la publicación de un comunicado donde Dalton era señalado como agente de la CIA. Semanas después, el mismo ERP rectificó la acusación y tildó a Roque Dalton de haber sido agente cubano, revelando la incoherencia de una versión armada sobre la marcha.

El secuestro y asesinato de Roberto Poma

En 1977, la violencia escaló nuevamente. Esta vez la víctima fue Roberto Poma, joven empresario hotelero e hijo del exvicepresidente de la República. El ERP lo secuestró mientras se dirigía a su residencia en San Salvador.

Durante semanas, el grupo guerrillero exigió un rescate millonario y la liberación de presos políticos. El caso conmocionó al país y a la élite empresarial, que ya veía en el ERP una amenaza directa. Sin embargo, pese a las negociaciones, Poma fue asesinado en cautiverio. Su cuerpo apareció con huellas de tortura, sumando otro crimen emblemático a la lista de la década.

Años más tarde, un exmiembro del ERP confesó haber participado en el operativo y aseguró que recibió la orden directa de asesinar a Poma. Según su testimonio, no fue un accidente ni un exceso en el cautiverio, sino una decisión política planificada por la cúpula del ERP.

El asesinato de Poma marcó un quiebre definitivo: el ERP dejó de ser visto como un movimiento insurgente con motivaciones políticas para convertirse, en los ojos de muchos, en una organización dedicada al secuestro, la extorsión y el asesinato. La violencia que había nacido en la manipulación del régimen militar se había convertido en un ciclo autónomo de terror que ya no distinguía entre objetivos militares o civiles.

Un mismo hilo de violencia

El magnicidio de Regalado Dueñas, el asesinato de Roque Dalton y el secuestro de Roberto Poma forman parte de un mismo entramado: la instrumentalización del asesinato político como mecanismo de poder.

En el primero, un grupo insurgente fantasma —posiblemente creado por los mismos aparatos militares— encubrió el crimen de un empresario. En el segundo, una guerrilla nacida bajo sospecha de infiltración gubernamental devoró a su propio poeta. Y en el tercero, esa misma organización mostró su rostro más brutal, eliminando a un joven empresario por orden directa de su dirigencia.

Asesinatos fundacionales

La muerte de Regalado Dueñas en 1971, la de Roque Dalton en 1975 y la de Roberto Poma en 1977 no fueron hechos aislados. Fueron asesinatos fundacionales: cada uno marcó un hito en la escalada de violencia que terminaría por sumir a El Salvador en la guerra civil.

El primero inauguró el magnicidio como herramienta de control estatal; el segundo mostró que la insurgencia, incubada bajo la sombra del régimen, podía reproducir esa misma lógica; el tercero reveló que la violencia ya se había institucionalizado como método político.

A más de medio siglo, esas muertes siguen recordando que en El Salvador la historia se escribió con sangre, silencio e impunidad, y que la verdad fue siempre la primera víctima.


Publicado inicialmente en Contrapunto, El Salvador, aqui.

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