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Las banderas del odio y por qué son tan populares

¿Qué es una bandera de odio? Es un estandarte alrededor del cual se cobijan los seguidores de una ideología, o doctrina, basada en el odio contra un grupo de personas diferentes.

Esa bandera de por sí no tiene sentimientos ni ideología. Pero contiene símbolos, que distintos grupos interpretan de diferentes maneras, reafirmando su propia identidad. 

La bandera del odio por antonomasia es la de Alemania Nazi, un estandarte rojo con una cruz gamada negra en el centro de un círculo blanco. Esos eran los colores de la antigua bandera del imperio germánico. La svástica era un signo sánscrito característico de varias religiones y culturas antiguas en Eurasia; fue hallada en la antigua Troya. En Alemania fue el símbolo de la pureza de la raza aria antes del nazismo y fue posteriormente apropiada por los nazis En India, Nepal y Tailandia sigue siendo un símbolo de la buena suerte. 

No ha habido una maldad más absoluta que la de los nazis amparados bajo esa bandera. 

Hasta el día de hoy la bandera está prohibida en muchos países, incluyendo Alemania. En nuestro país su uso es ilegal en el contexto de intimidación. 

 

La verdad es que, en manos de un grupo o un individuo dedicado al odio, la violencia y la discriminación, toda bandera se convierte en un estandarte de odio. Inclusive la bandera nacional, la de las 13 franjas, que representan las colonias originales, y las 50 estrellas, en representación de los 50 estados. El himno nacional está dedicado a la bandera.

Una de las fotos históricas más conocidas es la de un manifestante supremacista blanco atacando con una bandera como lanza a un afroamericano durante una marcha que los primeros organizaron contra la integración racial de las escuelas en 1976 en Boston. El fotógrafo, Stanley Forman, ganó un premio Pulitzer. 

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Además, los insurreccionistas que trataron de dar un golpe de estado tomando el Congreso el 6 de enero de 2021 en apoyo de Donald Trump llevaban centenares de banderas estadounidenses. También las izaron los manifestantes en su contra. 

Toma del Congreso de Estados Unidos, el pasado 6 de Enero del 2021.

La simbología del odio es vasta; no le falta imaginación ni incentiva. La Liga contra Difamación (ADL) publicó un catálogo de símbolos de odio. De los 214, 27 son numerales. 

En el asalto al Congreso y centenares de mítines de los seguidores de Donald Trump dos bandera más aparecen. Una, que lleva el nombre del ex presidente. La otra es la bandera de batalla de la Confederación, conocida también como la Navy Jack. Son característicos su fondo rojo, su cruz diagonal o de San Andrés y las 13 estrellas que simbolizan a los estados confederados o esclavistas. 

Se ha convertido en el símbolo del supremacismo blanco, del racismo antiafroamericano, de los impulsos secesionistas abrigados por numerosos grupos en el Sur. 

Pero no es la bandera de la confederación. Ni siquiera es la bandera de la secesión. Este último honor le corresponde a una gran cantidad de diseños, diferentes en distintos estados, épocas y grupos. 

La bandera confederada es el orgullo de la mitad derecha de la nación. De quienes todavía sueñan con una revancha de la Guerra Civil, que no fue hace tanto, en términos históricos. 

Y escribo e insisto, “mitad”, porque para quienes estamos del lado de la democracia, la integración, el desarrollo, la tolerancia nos parece demasiado a menudo que quienes piensan distinto y votan por Trump están o locos, o engañados, o alienados, o perdidos en un maelstrom de maldades. Pero no es así, o al menos, “ellos” nos ven igual. Perdidos. Tal como es el nombre de la bandera, la de la Causa Perdida.

La firma de análisis británica YouGov llevó a cabo una encuesta en la que participaron 34,000 personas a quienes se les interrogó sobre el significado que para ellos tiene la bandera confederada. 

En los resultados, bajo el título de “Lo que significa la bandera confederada en Estados Unidos hoy”, la analista Linley Sanders trajo los hallazgos del estudio de 2020. 

Para el 41% de los participantes la bandera significa racismo. Para el 34% del país, significa “heritage”: patrimonio cultural, herencia, tradición. El resto o no sabía o no quería opinar. 

Los componentes de esa tercera parte del país son más entre los estadounidenses mayores de 65 años de edad, residentes de comunidades rurales y blancos sin educación universitaria. El mismo segmento que vota ardientemente por Trump. 

En cambio quienes ven en esa bandera un símbolo de odio abundan los afroamericanos, 73% de los que tienen educación terciaria y 61% de quienes no la tienen; el 45% de los blancos con educación universitaria, el 54% de los asiáticos educados y el 29% de los asiáticos no educados. Y entre jóvenes menores de 24 años, el 51%. 

¿Y entre los encuestados latinos? 

Uno de cada cinco hispanos sin educación superior identifican la bandera de la Confederación con el legado histórico. Entre quienes sí tienen esa educación son más: un mayor porcentaje no identifica la bandera con el racismo: el 27%, es decir, más de uno de cada cuatro. 

El 47% para los latinos educados y el 32% para los que no piensan que es una bandera de racismo. 

La confusión respecto al significado de los símbolos históricos no es casualidad. Es parte del intento de afirmar que la secesión no se debió a que los estados esclavistas no querían dejar de serlo, sino a que apoyaban “los derechos de los estados” y en general, la “libertad”. 

Y un dato histórico curioso y aleccionador. Después de la invasión de Normandía, en 1944, cuando los ejércitos estadounidenses recuperaban Francia y ocupaban Alemania, unidades estadounidenses con soldados del Sur enarbolaron la bandera de la confederación, de los que se rebelaron contra Estados Unidos, de los esclavistas. Como explicó uno de ellos, un oficial, llevaba consigo la bandera que su propio abuelo izó durante la Guerra Civil y que para él significaba… si, otra vez, la libertad. 


Este artículo fue apoyado en su totalidad, o en parte, por fondos proporcionados por el Estado de California y administrados por la Biblioteca del Estado de California.

Autor

  • Gabriel Lerner

    Fundador y co-editor de HispanicLA. Editor en jefe del diario La Opinión en Los Ángeles hasta enero de 2021 y su actual Editor Emérito. Nació en Buenos Aires, Argentina, vivió en Israel y reside en Los Ángeles, California. Es periodista, bloguero, poeta, novelista y cuentista. Fue director editorial de Huffington Post Voces entre 2011 y 2014 y editor de noticias, también para La Opinión. Anteriormente, corresponsal de radio. -- Founder and co-editor of HispanicLA. Editor-in-chief of the newspaper La Opinión in Los Angeles until January 2021 and Editor Emeritus since then. Born in Buenos Aires, Argentina, lived in Israel and resides in Los Angeles, California. Journalist, blogger, poet, novelist and short story writer. He was editorial director of Huffington Post Voces between 2011 and 2014 and news editor, also for La Opinión. Previously, he was a radio correspondent.

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Gabriel Lerner

Fundador y co-editor de HispanicLA. Editor en jefe del diario La Opinión en Los Ángeles hasta enero de 2021 y su actual Editor Emérito. Nació en Buenos Aires, Argentina, vivió en Israel y reside en Los Ángeles, California. Es periodista, bloguero, poeta, novelista y cuentista. Fue director editorial de Huffington Post Voces entre 2011 y 2014 y editor de noticias, también para La Opinión. Anteriormente, corresponsal de radio. -- Founder and co-editor of HispanicLA. Editor-in-chief of the newspaper La Opinión in Los Angeles until January 2021 and Editor Emeritus since then. Born in Buenos Aires, Argentina, lived in Israel and resides in Los Angeles, California. Journalist, blogger, poet, novelist and short story writer. He was editorial director of Huffington Post Voces between 2011 and 2014 and news editor, also for La Opinión. Previously, he was a radio correspondent. More »

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