No votar es no merecer ser estadounidense

Hace unas semanas, 53 personas fueron encontradas en un tráiler muertas a la entrada de Estados Unidos por Texas. Ellos no lograron el objetivo de trabajar para ganar en dólares, enviar dinero a su familia y tratar de tener una vida más tranquila en términos económicos. Desafortunadamente, la muerte los encontró a medio camino.

Ahora, en su lugar de origen, sus familiares no recibirán el beneficio de su trabajo; peor aún, tendrán que lidiar con el dolor de la tragedia que le quitó la vida a su hijo, hija, esposa, esposo, padre o madre.

No votar es no luchar

Lo triste es que hoy, en Estados Unidos, hay millones de latinos, muchos de ellos migrantes o hijos de migrantes que sí lograron cruzar la frontera, que tienen un empleo.  Muchos aprendieron el idioma y se han instalado más o menos bien en la sociedad estadounidense como ciudadanos. Pero han dejado de luchar. No votar lo demuestra. 

Cuando digo que dejaron de luchar, me refiero a que no votan. Ese otro aspecto de la vida estadounidense que completaría el cuadro de una vida plena en este país, sobre todo porque se trata del ejercicio de un derecho.

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No votar

No nos damos cuenta que sin participar en las elecciones, simplemente dejamos el camino libre para otra gente o grupo que pueda tener intenciones adversas a las de la comunidad latina.

Si no participamos, queramos o no, terminamos siendo víctimas de muchas leyes draconianas que hacen mucho daño a nuestras familias, a los migrantes y a las personas que todavía no llegan a este país, pero que su necesidad de alcanzar una vida mejor es tan grande, que no les importa arriesgar la vida.

No terminamos de aprender que en Estados Unidos nuestra voz es nuestro voto, independientemente de lo que pensemos sobre la legalidad de las elecciones. Mientras menos gente participe, más fácil será manipular una elección. Por ejemplo, el pasado 7 de junio hubo elecciones en California y solo participó el 15% de los seis millones de latinos registrados para votar.

Estamos hablando de que más de cinco millones de latinos de los seis millones decidieron ignorar una elección en la que la alcaldía, uno de los puestos más importantes de Los Ángeles, estaba en juego. Y luego nos quejamos de los políticos que no trabajan para el pueblo, pero el día que teníamos que levantar nuestra voz no lo hicimos.

Las corporaciones y nuestra indiferencia

Debemos de entender que el sistema estadounidense está estructurado para que las corporaciones que financian las campañas de los políticos ganen. Es por eso que, en la mayoría de los casos, los funcionarios terminan haciendo más caso a las corporaciones que a sus votantes. Al final, lo que las corporaciones quieren es tu indiferencia y tu apatía en los procesos electorales. De esa forma, no tendrán que hacer fraude porque tú mismo anulas tu voz y tu voto.

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No votar

Debido a nuestra falta de participación hemos tenido leyes como la 187 en California, con la que prácticamente a los hijos de inmigrantes se les negaba cualquier servicio de salud y educativo, además de prohibir a las familias inmigrantes recibir cualquier servicio público. O leyes como la SB1070 de Arizona, que criminalizaba a los inmigrantes, pedía a la población denunciar a las personas sin documentos y castigaba a las personas que les daban hospedaje o trabajo.

No olvidemos que el hecho de cruzar la frontera sin documentos es un delito civil. Pero si a una persona la vuelven a detener las autoridades, la multa y cárcel son inevitables, como si intentar llegar a un lugar a pedir trabajo fuera en sí mismo un crimen. Todas estas medidas y otras igual de dañinas fueron aprobadas porque muchos de nosotros decidimos no votar y dejamos que otro pequeño grupo con ideas extremistas hiciera su voluntad.

Es por ello que digo que no merecemos ser estadounidenses, porque una vez que logramos llegar a este país e incluso nos convertimos en ciudadanos, dejamos de luchar. Y dejamos de luchar porque desconocemos todavía la importancia del voto y decidimos no participar sin saber cuánto nos afectamos nosotros mismos, a nuestras familias y a los migrantes, como los 53 encontrados muertos en Texas hace unas semanas.

Perfil del autor

Agustín Durán es un inmigrante que ha ejercido el periodismo en diferentes medios de Los Ángeles por 23 años y actualmente es editor de Metro de La Opinión. Es graduado de Ciencias de Comunicación en Ciudad de México y tiene una maestría en Comunicación Masiva de la universidad de Northridge. Es padre, esposo y es tan escéptico que no le cree ni a su madre cuando le dice ´te quiero´, se lo tiene que probar.

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