No en nombre del pueblo estadounidense
No podemos permitir que un pequeño grupo de extremistas en la Casa Blanca siga provocando dolor, muerte, pobreza y migración, dentro y fuera de las fronteras, en nombre de los estadounidenses
Creo que ya no se necesita explicar que en gran medida la culpa de lo que pasa y ha pasado en los últimos 100 años en América Latina se debe a Estados Unidos.
Con la llegada del presidente Donald Trump salió a la luz todo lo que muchos estadounidenses sabíamos y los que tenían dudas, lo comprobaron. Al gobierno de Estados Unidos no le interesa la democracia y la libertad, ni siquiera en su propio país con sus constituyentes.
Al interior de la nación, y con todos los recortes que ha venido realizando la administración Trump, es claro que quieren tener un país más ignorante, menos democrático y con menos servicios para los más necesitados, muchos de ellos básicos como la vivienda y la salud. Los mismos veteranos de guerra, aquellos que dieron la vida por este país, se han encontrado despedidos o con menos fondos para mantener su diario vivir.
El autoritarismo del presidente es casi diario, ya sea con decretos, con órdenes de intervención sin consultar al Congreso y amenazas a instituciones tanto educativas o de cualquier otro rubro, si es que no se someten a sus decisiones.
En cuestión migratoria, el cinismo, el abuso y la humillación con la que se trata a los inmigrantes, muchos de ellos ciudadanos, lo revela todo. Eso es lo que verdaderamente ha sido y es Estados Unidos, con sus matices en diferentes formas y tiempos, pero eso es lo que ha hecho el sistema estadounidense, principalmente con las minorías a las que les ha declarado la guerra desde sus inicios como nación.
La tradición de arrasar con los pueblos
Como olvidar el exterminio de los indios nativos, la esclavización de los negros, la segregación y más de 4,000 linchamientos, incluyendo mexicanos; las deportaciones masivas en las décadas de los 30, 50 y una vez más, desde Obama a la fecha, es simplemente algunas de las historias oscuras contra las minorías del pasado y presente de esta nación.
Esto sin incluir el dolor causado a los familiares estadounidenses que ven con el corazón destrozado el arresto y deportación de un padre, una madre o un hermano, sin poder hacer nada.
Y si las cosas son crueles en el interior del país, que podemos decir del financiamiento y ayuda con armas a un país que lleva a cabo un genocidio en tiempo real en Gaza, el impulso y mantenimiento de una guerra proxi en Ucrania, y ahora los intentos de guerra contra Colombia y Venezuela, con el único objetivo de quedarse con el petróleo y el oro de este último país de casi 30 millones de habitantes. Y todo sin importar el dolor y muerte que se generarán tanto de soldados estadounidenses como de otras naciones.
Estas fueron las palabras del president Trump en una conferencia de prensa.
“Cuando me fui (primer término), Venezuela estaba a punto de derrumbarse. Nos la habríamos apoderado; habríamos conseguido todo ese petróleo…
Es claro que las intervenciones de los Estados Unidos en Latinoamérica no han sido para llevar paz, democracia y libertad, han sido para apoderarse de los recursos naturales, controlar gobiernos con golpes de Estado o guerras, situaciones que siempre provocan dolor, muerte y migración de minorías de la que siempre se queja EEUU.
Y que podemos decir de México, donde las corporaciones ya tienen bajo su poder el 60% del suelo mexicano, gracias a los gobiernos neoliberales del PRI y el PAN antes del 2018; además, entregaron casi todo el petróleo, el gas y la energía a las corporaciones internacionales, muchas de ellas estadounidenses.
Recordemos que en México se inició una guerra contra el narco, que terminó siendo una guerra contra su propia gente, asesinando a cientos de miles de mexicanos inocentes con armas que llegaron desde Estados Unidos. Los narcos han limpiado comunidades enteras para después darle paso a grandes corporaciones que llegan a apoderarse de minerales, agua o cualquier otro recurso en la zona.
Los presidentes de México han dicho «No»
Fue hasta ahora con el presidente Obrador y la presidenta Claudia Sheinbaum que se les ha puesto un freno, pero los abusos no se han podido detener del todo. No es nuevo que ex agentes de la CIA aseguren que prácticamente el narco lo manejen desde Estados Unidos, incluyendo a los banqueros, que son los que se llevan las grandes ganancias y nadie los investiga.
Ejemplos de abusos hay de sobra, el objetivo de esta columna no es para recordar solo el daño que ha hecho el gobierno de Estados Unidos con el objetivo de obtener recursos de otras naciones, sino que para recordar que esos beneficios no llegan al pueblo estadounidense, sino que son para las grandes corporaciones.
Ya lo dijo el general Smedley D. Butler, uno de los militares más condecorados en la historia de los Estados Unidos, quien denunció públicamente que las intervenciones militares estadounidenses en el extranjero no se hacían por el bien del pueblo de los Estados Unidos, sino para proteger los intereses de corporaciones privadas.
En su libro, La Guerra es un negocio, Butler publicó:
“Pasé 33 años y cuatro meses en servicio activo… y durante ese tiempo actué como un matón de primera clase para los grandes negocios, para Wall Street y para los banqueros”.
También subrayó:
“Ayudé a hacer de México y especialmente de Tampico un lugar seguro para los intereses petroleros estadounidenses en 1914. Ayudé a hacer de Haití y Cuba lugares decentes para que los muchachos del National City Bank cobraran sus ganancias. Ayudé a violar media docena de repúblicas centroamericanas para beneficio de Wall Street”.
El objetivo de esta columna es para reflexionar del daño que muchos gobiernos estadounidenses han y siguen haciendo a nombre de su pueblo. No podemos permitir que un grupo de extremistas en la Casa Blanca siga generando dolor, muerte, pobreza y migración de otros países para luego simplemente humillar, encarcelar y deportar a los migrantes.
Es tiempo de manifestarnos en Estados Unidos para evitar que en nuestro nombre estas historias se sigan repitiendo, especialmente ahora que los inmigrantes de color ya no son bienvenidos en los Estados Unidos.



