Opioides, la maldición de nuestro tiempo

Opioides, la maldición de nuestro tiempo
Opioides

Es la maldición de nuestro tiempo. Mortífero y omnipresente: está en todas partes.

Ataca a cualquiera. Y se esconde detrás de una fachada legal y una imagen seria, académica, profesional.

Son las drogas, los opioides. Parecen remedios y quizás lo fueron, pero sirven para sumir al usuario en un mundo de fantasía, al que entra cada vez más, sacrificándolo todo: dinero, familia, lazos de amistad, capacidad de trabajo y finalmente, la vida misma.

Desgracias sin fin

Quien haya experimentado esto reconoce ese túnel de desesperación y desgracia sin fin.

En los años 1990 los médicos cambiaron su tratamiento contra el dolor, un problema del que sufren 100 millones de estadounidenses. Paulatinamente, las empresas farmacéuticas llevaron a que los doctores recetaran productos como Oxycontin y Percocet o Vicodin. Premiaron a quienes las recetaban e inundaron el mercado. La aprobación médica de opioides se hizo fácil y frecuente. De ahí a la adicción y el paso a drogas ilegales el camino fue corto: la heroína es “el primo” químico de estos remedios.

Han matado a 72,000, solamente en 2017, según datos oficiales. De ellos, las ⅔ partes, de sobredosis de opioides. Esto es más que las muertes de soldados estadounidenses en la guerra de Vietnam, o por armas de fuego, o choques de automóviles o HIV/AIDS. Mucho más.

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La maldición entre latinos

Entre los latinos, la cantidad de sobredosis por opioides crece cada año. En algunos estados como Massachusetts, se ha duplicado en tres años, más que entre blancos o afroamericanos. Las muertes a consecuencia de una sobredosis subieron en un 52% entre 2014 y 2016, mientras que entre blancos subieron en 45%. No digo “solo” en 45%, porque es un aumento terrible. Lo que los latinos sufrieron, aún más.

El presidente Trump reconoció este jueves el terrible peligro que pende sobre la población de Estados Unidos y firmó la ley de Iniciativa para Detener el Abuso de Opioides.

Trump calificó la ley como un “parteaguas”, un cambio histórico. Aunque no lo es, se trata de un avance en la dirección correcta.

La ley tiene amplio apoyo tanto de Republicanos como Demócratas en el Congreso.

Una buena noticia

La firma de la pieza de legislación es una buena noticia. Aunque sea calibrada a una semana antes de las elecciones nacionales. También fue positivo que Trump declarara el problema una emergencia nacional, hace un año. Y que ayer dijera que “juntos traeremos el fin de la maldición de adicción a las drogas en Estados Unidos”.

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Entre otras medidas, la ley expande el tratamiento de adicciones, acelera la investigación científica de remedios alternativos, provee fondos de Medicaid (MediCal en California) para centros de tratamiento, estimulando la creación de nuevas instituciones. Y se enfoca en la prevención de más casos. El gobierno destinará un total de 6,000 millones de dólares para esta lucha.

Aquí termina la alabanza. Para la mayoría de expertos en el tema, la suma es irrisoria. Sirve para simular que hacemos algo. Es claramente insuficiente; según ellos, se requieren al menos 100,000 millones de dólares para terminar con la espiral de la muerte de las drogas.

La ley firmada crea una nueva situación, en la que el país reconoce la epidemia y combina los esfuerzos de las organización de cumplimiento de la ley, junto con jueces, gobiernos locales, médicos y enfermeras, psicólogos especialistas y más que nada, las familias alcanzadas por el mal.

Esperanza para el futuro

Es una estructura sobre la cual administraciones venideras, menos comprometidas con el simulacro de acción y más con las soluciones, podrán construir.

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Además de adjudicar más fondos, el gobierno puede hacer más, como aprobar el nombramiento de un nuevo director de la Oficina Nacional de Control de Drogas (ONDCP), vacante desde hace dos años. O dar a conocer de una vez el informe anual sobre la Estrategia Nacional de Control de Drogas.

Contra esta emergencia nacional, nuestros gobernantes deben lanzar un plan similar al que logró reducir la mortalidad del HIV/AIDS. También deberían hurgar en las motivaciones y lucro de las farmacéuticas que incitaron al suministro de los opioides.

En ese camino van la ciudad de Nueva York y una serie de estados. Si no logran obtener el reemplazo de los opioides peligrosos por medicina para el dolor que no lo es, al menos harán pagar a los responsables.

Gabriel Lerner
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Editor en jefe del diario La Opinión en Los Angeles. Fundador y co-editor de HispanicLA. Nació en Buenos Aires, Argentina, vivió en Israel y reside en Los Ángeles, California desde 1989. Es periodista, bloguero, poeta, novelista y cuentista. Fue director editorial de Huffington Post Voces entre 2011 y 2014 y anteriormente editor de noticias, también para La Opinión.