viernes, noviembre 27, 2020
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    Por qué seguimos protegiendo a Posada Carriles

    Durante la administración de George W. Bush se cambió el carácter democrático de muchas instituciones, se violaron leyes internacionales, se introdujo la doctrina militar de la Guerra Preventiva y se invadió a otros países bajo el pretexto utilitariano de que el fin justificaba los medios en un mundo amenazado por el terrorismo.  Lo que nunca se pudo entender es cómo al mismo tiempo, y en un claro acto de hipocresía, Estados Unidos le daba protección a uno de los terroristas más notorios de América Latina: el cubano Luis Posada Carriles.  Lo que tampoco se puede entender es por qué, ahora, la administración de Barack Obama no ha hecho nada para arrestar al terrorista.

    En las dos últimas décadas, Luis Posada Carriles fue uno de los fugitivos más buscados del continente americano.  Finalmente, en mayo del 2005, las autoridades estadounidenses lo arrestaron en Texas después de que diera una conferencia de prensa.  Pero en vez de declararlo un terrorista y mantenerlo detenido, como la legislación en vigencia le permitía hacerlo a la administración de George W. Bush, se optó por simplemente hacerle un juicio por entrar ilegalmente al país que, como era de esperar, no condujo a nada.

    Posada Carriles no fue ni es un desconocido para las agencias de inteligencia estadounidenses y de varios otros países.  El hombre de 81 años tiene todo un historial que se remonta a la década de 1960 cuando, después de la Revolución Cubana, emigró a Miami y se unió a la Agencia Central de Inteligencia estadounidense (CIA) que estaba organizando la fracasada invasión de  Cuba de 1961.  Después del desastre de Bahía de Cochinos, Posada estuvo involucrado en la llamada Operación 40 que fundamentalmente eran acciones de contrainteligencia orientadas a detectar agentes castristas en Estados Unidos.  Pero en 1968, su relación con la  CIA aparentemente se enfrió cuando se le cuestionó los contactos que mantenía con elementos criminales.  Después de esta diferencia, Posada decidió irse a Venezuela.

    En el país sudamericano, terminó como jefe de operaciones de la agencia de inteligencia de Venezuela, la DISIP, con la misión de entorpecer las operaciones de los agentes cubanos en América Latina.  Allí fue que conoció a otro terrorista cubano, Orlando Bosch, con el que más tarde uniría fuerzas en algunos de sus actos terroristas más crueles.  Pero al final, también se peleó con los venezolanos que, en 1974, lo terminaron echando. Fue entonces que estableció una agencia privada de investigación desde la que planeó el que sería su acto terrorista más espectacular y sangriento.

    El 6 de octubre de 1976, el vuelo de Cubana de Aviación número 455 salió de Barbados, vía Trinidad, con destino a Cuba.  Las dos bombas de tiempo que estallaron despedazaron al DC-8 y mataron a los 73 pasajeros y tripulantes.  Entre ellos, una delegación atlética de adolescentes muy entusiasmados por los juegos en los que habían participado.

    La colocación de las bombas, de acuerdo a la investigación de funcionarios de Venezuela, Cuba y Estados Unidos, fue realizada por dos venezolanos, Freddy Lugo y Hernán Lozano, que trabajaban para la agencia de investigación de Posada y que, más tarde, terminarían admitiendo su autoría en los hechos.  Una semana después de sus confesiones, Posada y Bosch fueron arrestados y acusados de haber planificado la operación terrorista.  Posada se escapó de las cárceles venezolanas dos veces.  La última vez terminó en El Salvador, en donde se unió al esfuerzo estadounidense que buscaba desestabilizar a una Nicaragua sandinista.  Más específicamente, trabajó como asistente de Félix Rodríguez, jefe operativo de la CIA en la región.  En febrero de 1990, en una estadía en Guatemala, un grupo (que se cree que fueron agentes cubanos) trató de asesinarlo.  Posada, gravemente herido, logró sobrevivir.

    En 1997, Posada vuelve a resurgir en conexión con actos terroristas.  Esta vez él mismo admitirá al periodismo su participación en la colocación de bombas en hoteles en Cuba con el objetivo de entorpecer el flujo del turismo internacional que representa una importante fuente de divisas para el régimen de Fidel Castro. En estas acciones terroristas muere Fabio di Celmo, un turista italiano, y se hiere a otras 11 personas.  Un mercenario cubano, Raúl Ernesto León, terminó admitiendo que puso las bombas después de ser contratado por Posada.

    El 17 de noviembre del 2000, las autoridades panameñas descubren y arrestan a Posada con 200 libras de dinamita que pensaba utilizar para asesinar a Fidel Castro que iba a visitar al país centroamericano.  Otros 3 exiliados cubanos, Gaspar Jiménez, Pedro Rodríguez y Carlos Muñiz Varela, también son detenidos.  Si bien a Posada y a los otros terroristas los encontraron culpable y los sentenciaron, en el 2004 la presidenta Mireya Moscoso los perdonó antes de abandonar el cargo.  Cuatro años más tarde, la Corte Suprema de ese país declaró la ilegalidad de la decisión de Moscoso.

    Y aunque parezca increíble, después de todo este récord de atentados tras atentados,  Estados Unidos se negó a caracterizar a Luis Posada Carriles como un terrorista.  Algo incomprensible si se tiene en cuenta que Estados Unidos, especialmente desde los ataques del 11 de septiembre del 2001, ha dicho que no puede haber ninguna tolerancia con el terrorismo.  Pero eso implica que no puede haber tolerancia ni para los terroristas que atacan los intereses de Estados Unidos ni para los terroristas que los defienden.  En otras palabras, no importa si el terrorista es un agente operativo de Al Qaeda con el que estamos en total desacuerdo ideológicamente o un terrorista cubanoamericano que está en contra de régimen de Raúl Castro y con el que algunos pueden llegar a tener alguna afinidad ideológica (como ocurre con muchos en Miami).  En ambos casos, el matar civiles para promover una causa política es completamente inaceptable.

    Aún más, desde una óptica del derecho internacional, las autoridades estadounidenses no deben olvidar que ellas fueron las que, en el 2001,  promovieron en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas la resolución 1373 que prohíbe que las naciones del mundo den refugio o asistencia a personas involucradas en actos terroristas.  O sea, personas como el terrorista Luis Posada Carriles.  Entonces, ¿qué espera la administración Obama para arrestar a este terrorista?

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    Néstor Fantini
    Néstor Fantinihttps://twitter.com/nestorfantini
    Co-editor de HISPANIC LA, profesor adjunto de sociología en Rio Hondo College, Whittier, CA, y consultor de Knovva Academy, Boston, MA.

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