DESDE HONDURAS: presión y diálogo

¿diálogo en honduras?

Siguen cayendo los días y las noticias en Honduras. Mel se retiró hacia Managua, sin embargo señaló que en los alrededores de Ocotal va a empezar a entrenarse un ejército de resistencia. Ya se liberó la frontera de “Las Manos” y el tránsito de camiones y mercancías hacia Nicaragua vuelve a la normalidad. Informó un portavoz de Puerto Cortés que la actividad en el puerto más importante del país se ha reducido en torno a un 20%.

A pesar de que el tránsito por la frontera del Guasaule hacia Nicaragua y las demás fronteras con El Salvador y Guatemala no se interrumpió, la situación política y la inestabilidad están pasando factura. Guatemala y El Salvador confirmaron por su parte que no cerrarán fronteras con Honduras y que no se romperán relaciones comerciales.

Esta situación se complica ante la cancelación de créditos por parte del Banco Centroamericano de Integración Económica a Honduras, que tomó esta decisión después de la solicitud de la representante de Honduras, la esposa de Flores Lanza –la misma persona que fue propuesta por Zelaya para presidir la Corte Suprema de Justicia, y que generó la primera crisis militar de su periodo-, y cuyo esposo, ministro de la presidencia con Mel, está también en búsqueda y captura por autorizar la retirada de muchos millones de lempiras en metálico para apoyar la cuarta urna. El gobierno de Honduras ha respondido señalando que si una junta de gobernadores no resuelve este problema, retirará del Banco, que se encuentra físicamente en Tegucigalpa, todos sus depósitos.

La respuesta de la comunidad internacional a las acciones de Zelaya en la frontera ha sido de condena discreta; sin embargo la presión contra el gobierno de Micheletti está siendo cada día mayor.

Insulza ya no habla sólo de golpe de estado, sino que ha escalado su discurso, ahora señala que en Honduras se vive en una dictadura, y además afirma con Chávez que si “el régimen establecido” no obedece disciplinadamente las instrucciones emanadas por la comunidad internacional que ni se molesten por convocar elecciones porque éstas no serán reconocidas. Preocupado por el resultado de la Cumbre del Mecanismo de Tutxla, que este año se realizó en Costa Rica, y concluyó con la declaración de Guanacaste, el Secretario General de la OEA viajó por primera vez a la misma, mientras que Nicaragua, también por primera vez, no enviaba representante y por Honduras acudía Arístides Mejía que no firmaba como vicepresidente de Honduras, como lo hacían en su caso los enviados de República Dominicana y Belice, sino como representante del Presidente Manuel Zelaya Rosales.

Por su parte Oscar Arias defiende el “acuerdo de San José”, e insiste en la necesidad de que el gobierno “de facto” acepte los puntos, mientras éste no ha emitido todavía una opinión porque el Congreso Nacional, y otros órganos del sistema judicial hondureño no han respondido sobre la “legalidad” y la “posibilidad” de diferentes aspectos propuestos –a fecha de hoy ya el Tribunal Superior electoral señaló que era muy difícil adelantar las elecciones y la Corte dijo que la amnistía no era posible.

La preocupación de Arias se centra en la opinión del gobierno constituido en Honduras; realmente está “ignorando” la posición de la comisión negociadora de Mel Zelaya que se quedó en los siete puntos iniciales y no se ha movido de allí. Arias no se refiere a esta posición dando la impresión de que ésta no es relevante; su estrategia pasa por que Micheletti acepte que Mel regrese “al trono” bajo cualquier condición; si eso pasa –tarea bien difícil-, parece que piensa que tendrá la capacidad de convencer a los “melistas” para que acepten las condiciones –aunque eso sería tan difícil como que el gobierno actual deje regresar al antiguo presidente-.

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Micheletti por su parte trata de mantener la puerta de la “negociación” abierta, no atacando una “mediación”, que muchos califican como “imposición” sino reconociéndola, agradeciéndola y solicitando que se traslade al interior de Honduras y conduzca un proceso de diálogo interno en el país, que permita que las heridas sanen, y se llegue a un consenso sobre el camino a seguir en el futuro. Parece que la idea del “Pacto de Tegucigalpa” que Juan Ramón Martínez apuntara el otro día estaría abriéndose paso entre las elites políticas hondureñas. Arias ve con buenos ojos esta posibilidad.

Ya señalé en otros reportes que la comunidad internacional debe ser pragmática y pensar en un futuro democrático para Honduras. Ni el régimen salido del 28 de junio puede considerarse dictatorial, ni el anterior puede llamarse democrático. Los dos comparten las fuertes características autoritarias del sistema político tradicional hondureño.

Por ello no sorprenden algunas de las conclusiones que señalaran el 23 de julio una comisión de “profesionales independientes” que vinieron a “observar imparcialmente” la situación de los derechos humanos en Honduras. Lo que sí que incomoda al observador que trata de ser lo más justo posible, es que la mayoría de los aspectos que señalan en el informe se dan de forma cotidiana en Honduras y que eso no sea distinguido por la comisión de “expertos” y también el que pensaran “ingenuamente” que la violación de buena parte de los derechos humanos señalados, a parte del toque de queda y sus consecuencias, fueran dictados expresamente por parte del Estado, sin evaluarse tampoco la violencia y violación de los derechos humanos de los grupos de la “resistencia”.

Muchos funcionarios públicos en Honduras, antes y ahora, lamentablemente abusan de su poder, eso es cotidiano y debe ser algo sobre lo que se combata en el proceso de reforma; eso escapa al propio gobierno que hasta ahora ha sido el más interesado, como se ha observado en las manifestaciones más noticiosas en dar la imagen de “saldo blanco” –hasta ahora casi lo han logrado-. De la misma forma que Micheletti dio instrucciones de no despedir personal para no incrementar el número de perjudicados descontentos, y algunos funcionarios recién nombrados en puestos claves desobedecieron las instrucciones y cambiaron de trabajadores de confianza, aunque sea para un período de seis meses, de la misma forma hay otros funcionarios que se extralimitan en sus atribuciones y sin duda deben estar violando los derechos humanos. Esta es una característica de un estado débil en el que el poder, la violencia legítima, y muchas de las políticas públicas se “privatizaron” por la falta de eficacia de los controles políticos, y no debe ser confundido con una nueva dictadura especialmente represora.

El principal problema de esta comisión compuesta por “expertos independientes”, es que aunque ellos analicen las acciones del estado, esta forma “violenta” de accionar propia de un sistema autoritario en Honduras se da en todos los sentidos, y ello no es reconocido. Hoy en Honduras se está hablando de “golpistas” y “golpeados”, sin embargo los “golpeados ”, que en su mayoría nunca fueron partidarios del gobierno del partido liberal de Zelaya, son los que tensan más la cuerda, y visiblemente “amenazan” en pintadas, a través de llamadas telefónicas y otros medios y los que “exageran” y faltan a la verdad utilizando los medios de comunicación que se señala son perseguidos, pero que de una forma indudable aparecen al aire y utilizan sus medios para fomentar violencia entre la población, indirectamente generada por voceros internacionales; mientras que los “golpistas” son los que se manifiestan por la paz, la democracia, hablan de civismo, y hasta se ofrecen a llevar alimentos a los que se encuentran en la frontera apoyando a Zelaya.

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Se podría decir que tienen sus razones, y que están luchando por restaurar la democracia; si ello fuera así, y se enfrentaran a un régimen represor diferente al anterior sería peligroso, pero políticamente aceptable, sin embargo a lo que estamos asistiendo con mucha tristeza es al intento por parte de la dirigencia magisterial y de sus seguidores más comprometidos de mantener sus privilegios especiales; y por parte de otros grupos, que nunca fueron “melistas”, de conseguir por la fuerza lo que nunca consiguieron por los votos. Por eso les asusta las elecciones y tratan de generar un ambiente en el que no sea posible concurrir a un proceso tranquilo en el que la gente pueda opinar libremente.

Los grupos de la “resistencia” cada día se vuelven más pequeños, pero más violentos, especialmente en Tegucigalpa, y la respuesta del gobierno cada vez va a volverse más contundente. En los últimos días en Tegucigalpa y alrededores los sindicatos, especialmente el de maestros, están realizando tomas de centros comerciales, hospitales y oficinas públicas. Hoy murió al menos un maestro de un disparo, de una policía que está gradualmente aumentando la represión sobre los manifestantes. Sin embargo en la costa norte, y en el resto del país, la percepción es de una normalidad pasmosa. Si no fuera por los medios de comunicación y la presencia policial en las entradas y salidas de las ciudades parecería que en este país no hubiera pasado nada.

Estamos asistiendo con mucha tristeza al intento por parte de la dirigencia magisterial y de sus seguidores más comprometidos de mantener sus privilegios especiales; y por parte de otros grupos, que nunca fueron “melistas”, de conseguir por la fuerza lo que nunca consiguieron por los votos.

Honduras se quedó sin mediadores internos porque todo el mundo, incluso las iglesias, tomaron partido. Por ello Micheletti cree importante que Arias nombre una comisión para impulsar el diálogo interno. Sería muy importante que la comunidad internacional aceptara este reto, que además cumpliría con el primer punto de la declaración de Guanacaste “Reiterar nuestro firme compromiso con el Estado de Derecho, como modelo que implica la supremacía del imperio de la ley, la existencia de la seguridad jurídica, el efectivo ejercicio de las libertadas ciudadanas, y el principio de subordinación de las fuerzas armadas, de policía y de seguridad pública a las autoridades civiles constitucionalmente establecidas, electas en procesos democráticos, libres, transparentes y pluralistas”.

Hay que buscar en la comunidad internacional quién quiera aprovechar este debate para mejorar las condiciones de calidad de la democracia en Honduras.
Quizás si el resultado de este proceso es creíble y ello se une a la celebración de elecciones libres, se pueda salir de este impasse , sin imposiciones sobre el sistema político hondureño y de la crisis haya resultado al fin una reconstrucción de un sistema político que quebró por sus propias deficiencias. La comunidad “natural” más cercana a Honduras, e interesada en el éxito del proceso es la del mecanismo de Tuxtla. México, Colombia, los países centroamericanos, de los que parece autoexcluirse Nicaragua, y República Dominicana pueden fungir como grupo de trabajo para generar las condiciones que faciliten el diálogo, y la convivencia que tanto necesitan todos ellos para poder seguir trabajando en sus procesos de integración regional democrática. Quizás los europeos pueden supervisar diferentes procesos para garantizar la “neutralidad”.

Honduras se quedó sin mediadores internos porque todo el mundo, incluso las iglesias, tomaron partido.

No debe caerse en la tentación de empujar a los estadounidenses. Esta vez Honduras debe olvidarse de su “patrón” tradicional. Obama debe recuperar el respeto de la comunidad internacional, y para ello debe someterse a la multilateralidad; no se le debe pedir más, porque no puede darlo. Zelaya aprovecha la debilidad en la que Bush dejó a la política exterior estadounidense, y recurre a los “gringos” de la misma manera que lo hace con Chávez y el ALBA. El Departamento de Estado, para demostrar su voluntad de apoyar el “regreso” de la democracia canceló algunas visas diplomáticas. Esa presión, igual que el congelamiento de las cuentas bancarias que demanda Zelaya, es importante para las elites económicas privadas, de las que forma parte Zelaya, pero buena parte de los funcionarios públicos hondureños, no tienen esos recursos ni esas posibilidades y aguantarán sin problema esas “presiones” que les harán presentarse ante sus ciudadanos como patriotas a los que no les importan los beneficios del imperio.

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Es muy posible que el diálogo en Honduras sea difícil, sobre todo en este momento, pero si la comunidad internacional apuesta por el entendimiento, y no por la imposición de las ideas de personas que se anclaron en la guerra fría, éste es posible y será buscado por una mayoría muy grande de hondureños, ideológicamente distintos, pero que buscan una convivencia posible. Los grupos extremistas se diluirán poco a poco, conforme vean que las elites quieren un cambio político real, y acabarán apoyando un proceso que no tendrá que ver con “golpistas”, ni con “golpeados”, sino con hondureños con ideas diferentes que pretenden buscar la gobernabilidad de una sociedad con grandes desigualdades, y con enormes dificultades para lograr escapar de la definición de estado fallido.

Si la comunidad internacional consolida la idea de que este fue un golpe de estado clásico y el régimen hondureño se consolida y no se quiebra, están abonando los golpes de estados clásicos en la región

Es necesario abordar los problemas de la gobernabilidad latinoamericana con humildad, y utilizando ideas frescas. Si la comunidad internacional consolida la idea de que este fue un golpe de estado clásico y el régimen hondureño se consolida y no se quiebra, están abonando los golpes de estados clásicos en la región, en lugar de disuadir a los militares a ello. La OEA ya cometió un error histórico al darle más misiones a los militares con la Declaración de Seguridad Hemisférica del 2003, sólo faltaría que ahora les enseñase a los militares latinoamericanos que sí es posible que un golpe militar triunfe y se consolide.

La crisis hondureña refleja la crisis de un sistema autoritario que utilizaba las elecciones para reproducirse, y su salida debe tratarse como un nuevo proceso de transición a la democracia, en el que existe una voluntad mayoritaria del pueblo para vivir en una sistema democrático que de resultados y se aleje del autoritarismo tradicional. Para ello es necesario un diálogo abierto de la mayoría de los actores. Ello será posible si la comunidad internacional lo apoya; en otro caso será mucho más difícil, y es posible que el autoritarismo no sólo no se diluya, sino que se profundice.

Por ello hay que insistir en la necesidad de entender las razones de la crisis política hondureña. Hay que diagnosticar la enfermedad adecuadamente para poderla enfrentar con éxito. Insulza, Arias y otros actores deberán releer el informe del PNUD del 2004, especialmente lo que se señala sobre la globalización, el poder de los estados nación, y la “delicadeza” que se recomienda las organizaciones internacionales para no frustrar el deseo democrático de los ciudadanos con imposiciones alejadas a las voluntades del pueblo.

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