Revolución socialista y democrática en Venezuela: ¿existe?

En Venezuela, la élite gobernante que no tiene nada de revolucionaria ni socialista y mucho menos tiene talante democrático, no ejerce gobernanza alguna. Se dedica a aferrarse al poder por instinto de supervivencia

Sobre la locura y el poder
Chavez caudillo: entre la locura y el poder

Conviene revisar el concepto de legitimidad de los gobiernos antes de entrar a responder la pregunta del título.

En la antigüedad, la exhibición de fuerza para defender a la tribu y al clan frente a los enemigos producía unidad alrededor del líder, la aceptación de su mando, y ello le otorgaba legitimidad. No obstante, era de precaria duración porque pronto el empuje individual de un aspirante retaba al líder. Lo vencía y lo substituía. Vinieron luego narrativas mágico-religiosas que alargaban los liderazgos.

Volando a través del tiempo, llegamos al conocido caso de los monarcas absolutistas que reunieron en un estado nacional a los feudos. Alegaban actuar bajo el designio de Dios. Pasaron siglos y existieron reyes bondadosos y justos, pero también bárbaros y crueles, eso sí, todos legítimos por su origen divino.

En 1789 estalló la Revolución Francesa, tal vez la madre de todas las revoluciones. Lo hizo con estruendosa violencia y arrasó con el ancient regime. Pero también creo una visión nueva de la política y la sociedad, plena de humanismo e hija de la Ilustración.

Se reconocieron los derechos humanos, se dio paso a la energía creadora del pueblo que estaba atascada en los burgos entre talleres y aprendices, para dar paso a las empresas con sus patronos y obreros. Con ella arribó el liberalismo con su “dejar hacer, dejar pasar” gubernamental. Este, a la larga dio fundamento al capitalismo corporativo transnacional que es una desviación de aquel.

Fue desde entonces que aparecieron las elecciones como mecanismo de consulta y legitimación. Eran rudimentarias e injustas al principio porque estaban organizadas para que las ejercieran minorías del status de propietarios. Sin embargo, con el tiempo y los reclamos político-sociales, se hicieron universales, directas y secretas, con algunas excepciones por imperfecciones que aún subsisten, verbigracia en EE.UU. donde las elecciones no son directas. De manera que este es el instrumento moderno que otorga legitimidad a los gobiernos. Sólo que además de universales, directas y secretas también deben ser libres.

En Venezuela, el 4 de febrero de 1991, Hugo Chávez insurge mediante un golpe de estado contra cuarenta años de gobierno de los partidos Acción Democrática y Copei. Ambos se turnaban en el poder mediante manipulaciones que excluían la posibilidad de que un tercer participante pudiese acceder a una victoria electoral.

Probablemente, al comienzo -en las elecciones de diciembre de 1958- no fue así, pero como en las de 1963 el ex dictador Marcos Pérez Jiménez* con su partido Cruzada Cívico Nacionalista les metió un susto al alcanzar una nutrida votación, decidieron ponerse de acuerdo para que la contienda comicial en lo adelante, fuese realmente entre ellos dos. Utilizaron mecanismos que por la vía de los hechos dejaban a los otros inscritos para discutir el tercer, cuarto y siguientes lugares, bien lejos de los dos primeros.

A Chávez lo siguió un nutrido grupo de oficiales y soldados que tomaron objetivos de gobierno y militares en el interior del país. Pero no pudieron hacerlo en Caracas donde fueron derrotados y reducidos a prisión.

No hubo ningún movimiento de masas que lo acompañase. De manera que se trató de un golpe de estado fallido.

Otro asunto es el impacto político que tuvo el hecho y que se reflejó en el arrollador apoyo político que le dio el pueblo a un líder que apareció para redimirlo. Es por ello que Hugo Chávez gana las elecciones de diciembre del 1998 impecablemente, porque aun con toda la trampa que le hicieron Acción Democrática y Copei, su triunfo fue abrumador.

Chávez comienza su mandato sometiendo un proyecto de Constitución a la consideración de una Asamblea Nacional Constituyente universalmente electa que le dio cabida a la opinión popular de todo el país haciendo asambleas regionales y sectoriales. De allí surgió y se aprobó en referendo en diciembre de 1999, la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela a la que se opuso férreamente la oligarquía criolla, las transnacionales, los partidos tradicionales y la alta clase media que son los alfiles de la burguesía.

Nuestra Constitución contiene los principios de la Revolución Bolivariana cuyas bases son las del llamado Socialismo del Siglo XXI, proyecto que adapta a Venezuela las tesis socialistas que se imbrican con el respeto a los derechos humanos, la democracia abierta, el pluralismo partidista, la economía mixta con planificación y consulta sectorial, el ejercicio directo de gobierno popular que se elige localmente, recibe atribuciones administrativas de las municipalidades y apoyo financiero del gobierno central.

Además, la Carta Magna recrea las instituciones para combatir la generalizada corrupción de los anteriores gobiernos con el objeto de devolver la ética al manejo del tesoro público.

Dicho esto, retomemos la pregunta del título: ¿Existe una revolución socialista y democrática en Venezuela?

Somos militantes de la revolución desde nuestra temprana juventud universitaria y con Chávez vimos un nuevo amanecer en nuestro país, con la esperanza de un futuro pleno de justicia social, libertades cívicas, empresarios emprendedores ganados para entender su rol social, una democracia viva, con fuerzas del orden que respetan los derechos humanos, con un sistema judicial independiente para que la ley impere con igualdad, en fin, una sociedad que prospere y que brinde a cada quien lo que le corresponde según su capacidad, sus méritos y sus necesidades.

¡Ojala! Y fuese así. No lo es. Brevemente, veamos por qué.

Aclaremos primero, las instituciones del Gobierno de Venezuela comenzaron a ser sancionadas por el Presidente y el Departamento de Estado de EE.UU. desde mediados del año 2017 y se fueron intensificando hasta la actualidad con un severo bloqueo financiero y comercial que abarca operaciones petroleras, bancarias, importaciones de bienes de capital, piezas y repuestos, entre otras.

Antes, incluso desde el mandato de Chávez, existieron sanciones impuestas por el Departamento del Tesoro estadounidense dirigidas a civiles y militares venezolanos que eran o se relacionaban con el Gobierno y que consistían en anulación de visas y paralización de cuentas bancarias personales.

Comencemos por la industria petrolera. Chávez encontró la producción petrolera en 3 millones de B/D, realizó inversiones en la Faja Petrolífera del Orinoco para producir más crudo y gas directo ya que el gas estaba asociado a la extracción de petróleo. Anunció que tendríamos la producción petrolera en 5 millones de B/D para 2015 y en 9 millones para el 2020.

No obstante, el resultado es que la producción desde 2013 entró en franco declive bajando sucesivamente a 2.5 millones B/D ese año, pasando a 1.7 millones el siguiente, cayendo a un millón y más tarde a 850,000 , hasta llegar a menos de 650,000 barriles diarios el 2020 y últimamente a su casi paralización, al extremo de que ya no existe gas asociado y los pozos de extracción de gas producen muy poco por la falta de mantenimiento.

Eso se traduce en ausencia de gas de cilindro para las cocinas de los hogares venezolanos, lo que comienza a ocurrir en este momento y no precisamente por las sanciones, sino por la falta de pericia en el manejo de la industria, además de los gastos exagerados que nada tienen que ver con el negocio petrolero y una voraz corrupción.

Venezuela tiene cinco refinerías importantes, el presidente Chávez ofreció dos más. No obstante, existen las mismas cinco pero paralizadas porque nunca hicieron paradas de mantenimiento y dedicaron los recursos para ello en asuntos ajenos a la industria o fueron consumidos por la rampante corrupción.

Hoy, es universalmente conocida la ausencia de gasolina en Venezuela, pero no debido a las sanciones, sino a un proceso degenerativo y corrupto que comenzó a causar estragos desde hace unos cuantos años atrás.

Las industrias básicas del acero están reducidas a su mínima expresión y las del aluminio están cerradas. Mandaron a generales a gerenciarlas, no necesitamos añadir más.

El servicio eléctrico se ha ido reduciendo por la falta de mantenimiento de centrales de producción, líneas de transmisión y redes de distribución. Comenzando la presidencia de Chávez se le dio continuidad al “Plan Nacional de Electrificación de 1956” en el Bajo Río Caroní.

Así, la represa de Caruachi que comenzó a ser construida en 1997, en el Gobierno de Rafael Caldera, fue inaugurada en el 2006 por el Presidente Chávez, contando con 12 turbinas que en ese momento aportaban 2.160 GWh al sistema eléctrico. Todo el proyecto costó US$2,533 millones. No conocemos su estado actual.

El gobierno del Comandante contrató la otra represa prevista en el Plan de 1956 en el Bajo Río Caroní, de nombre Tocoma. Su construcción comenzó en el 2002. Se contrataron 10 turbinas a la firma Argentina IMPSA que sólo entregó 2. Debió entrar en funcionamiento en 2012/2014, sin embargo a esta fecha el proyecto presenta 87.19% de avance. Comenzó con un presupuesto de US$3,061 millones y en 2013 el presidente Maduro agregó US$9,363 millones adicionales. De estar funcionando, estaría generando en este momento 12.100 GWh.

La represa del Guri es la segunda mayor de América, un gigante de 20 turbinas que aportaban 45,000GWh de energía. Comenzó a operar en 1978 con 10 generadores y en 1985 con 10 más. Para la fecha no hay manera de obtener información oficial de su estado actual, mas ingenieros que prestaron servicio hasta hace relativamente poco tiempo en Guri, han informado que sólo hay 8 generadores operando.

Pero hay un agravante a la disminución de la producción de energía y es que la corriente eléctrica entra en unas líneas de transmisión estiradas y laxas por el tiempo que rozan árboles y alta maleza por falta de atención. Esta es otra de las razones por las que ocurren largos apagones en todo el país. Nada que ver con las sanciones. Son años de desidia, impericia y la inefable corrupción.

El servicio de agua es otro que tiene pasando penurias a la población.

Chávez inauguró unos cuantos acueductos regionales y locales. Nos atreveríamos a decir que casi el 90% de los venezolanos tenían agua corriente o acceso cercano a fuentes de abastecimiento de agua. Desde hace unos años hacia acá, el suministro de agua está racionado en el mejor de los casos, cuando no es que falta por semanas y meses.

La razón es la ausencia de gas o diesel o electricidad para operar las bombas de los acueductos y las que envían agua a los reservorios y redes. También la omnipresente falta de mantenimiento y rampante corrupción.

El sistema de salud es un desastre. Chávez mejoró los hospitales existentes y creó una red de CDI (Centros de Rehabilitación Integral), todos bien dotados, incluso con tomógrafos y resonadores que se dañaban constantemente para “verse obligados” a comprarlos nuevos.

A título de ejemplo, el presidente Chávez le encargó a una Ministra de Salud la construcción de 12 hospitales tipo A con total dotación presupuestaria. Todo resultó en algunos a medio construir, otros iniciados y ninguno terminado. La ministra entregó el cargo y el Ministerio Público le abrió una averiguación que súbitamente se detuvo.

En la actualidad, la gran mayoría de hospitales del país lucen arruinados. Sin agua corriente, sometidos a los avatares de una energía eléctrica que llega por horas, sin generador de electricidad, ascensores fuera de servicio, con poco personal e insumos médicos. Las camas de cuidados intensivos en los nosocomios públicos del país no llegan a 200.

Así estamos para atender a los pacientes de Covid19 en estado crítico.

El hambre es un problema colosal. Mientras el gobierno tenía divisas, llenaba las cajas CLAP con comida importada de México, Brasil, Centroamérica y Turquía. Con la caída de la producción petrolera, luego de los precios del petróleo, y finalmente –ahora si- con las sanciones de Estados Unidos, las bolsas CLAP (ya no son cajas) se volvieron esporádicas y menguadas de contenido.

Las últimas que entregaron contra una modesta suma de bolívares, las surtieron con comida requisada a dos empresas productoras privadas en Venezuela que tenían existencias en sus almacenes. No obstante, es de sentido común estimar que para lo que resta de mayo y meses siguientes no habrá como entregar esta ayuda en los barrios más necesitados que son muchísimos.

Esto se debe a la falta de dinero del gobierno para importar y a que difícilmente esas dos empresas tendrán una existencia en bodega similar a la que se vieron obligados a entregar sin pago alguno.

Añadan a esto que la élite gobernante que no tiene nada de revolucionaria ni socialista y mucho menos tiene talante democrático, no ejerce gobernanza alguna. Se dedica a aferrarse al poder por instinto de supervivencia. Es un gobierno controlador, con medios de comunicación a su servicio y otros neutralizados con amenazas de cierre.

En Venezuela sólo se dice en los medios lo que el gobierno permite para poder aducir puntualmente en los organismos multilaterales que hay libertad de expresión, algo fácil de rebatir con la cantidad de periodistas presos en la cárcel o en sus casas, o libres bajo condición de no referirse a algún tema en particular.

La represión es constante y cruel.

Hay cerca de 500 presos políticos y más de la mitad son militares. A todos los imputan con traición a la Patria por el sólo hecho de redactar mensajes contrarios al gobierno.

Esta es la apretada síntesis de la situación que aflige a la población y revela que Venezuela es un polvorín que en cualquier momento puede estallar con consecuencias que incluso pueden llevar a un escenario de guerra civil que probablemente terminaría en un país territorialmente dividido. Este, al menos para nosotros, no es un desenlace deseable.

Claro, hay otros escenarios como el del golpe de estado de la Fuerza Armada de Venezuela para restablecer la vigencia de la Constitución, la invasión de una fuerza militar foránea que es tan indeseable como -por similares causas- lo es el escenario de guerra civil.

Finalmente, está la solución ideal que es la salida negociada del gobierno con garantías personales y la conformación de un gobierno de transición y salvación nacional.

Entendemos que no deja de ser un problema la fama actual de la oposición venezolana que está pasando por mucho descrédito debido a la actuación errática y, en varios casos, reñida con el tema moral de algunos de sus personeros. De forma tal que debe ser muy atinada la selección de la contraparte que negocie con el gobierno.

Queda un par de temas en el tintero que son necesarios para definir en sentido positivo o negativo la legitimidad de un gobierno como el de Nicolás Maduro. Las elecciones en Venezuela a partir del año 2000 y las consideraciones bajo las cuales un golpe de estados puede estar justificado. Ambos quedan para una próxima entrega.

  • El General Marcos Pérez Jiménez gobernó en Venezuela como dictador entre 1952 y el 23 de enero de 1958, cuando fue depuesto por un movimiento que combinó grandes manifestaciones populares y pronunciamientos de la aviación, la marina y el ejército.

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