lunes, julio 26, 2021
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    Ruth Bader Ginsburg y los sinverguenzas en el poder

    Con la muerte de Ruth Bader Ginsburg se fue una de las pioneras modernas de los derechos civiles en general y de la mujer en particular.

    Quien fue jueza de la Suprema Corte de Justicia por 27 años imprimió su sello de progreso mucho antes de su nominación y tenía renombre como luchadora por la justicia.

    El legado de Ruth Bader Ginsburg

    Bader Ginsburg falleció el viernes pasado a los 87 años,  después de luchar muchos años contra la enfermedad.

    Fue solamente la segunda mujer en servir en el tribunal máximo, después de Sandra Day O’Connor.

    La huella de esta jurista se nota cada día. En 1996, Bader Ginsburg escribió la decisión que prohibía segregar mujeres en escuelas militares. Su dictamen en el caso Olmstead, en 1999 afianzó los derechos de las personas con discapacidades mentales. Al año siguiente, estableció los derechos de individuos para presentar demandas en caso de justicia ambiental. Y así sucesivamente.

    Pero más allá de su influencia directa, descolló en hallar común denominador con jueces conservadores en pos del funcionamiento correcto de la institución. Con su figura diminuta fue un ícono cultural estadounidense. Su imagen y citas aparecen desde tazas de café a cubrebocas en tiempos de la pandemia.

    Su ausencia se hará notar en la Suprema Corte y nuestra vida en común aquí.

    Nuestra nación debe reflexionar sobre su vida y su contribución al avance de la mujer.

    Los sinverguenzas y su plan

    Pero en lugar de ello de honrar su memoria, una hora después del anuncio público ya festejaban y llamaban a una sustitución exprés. El presidente Donald Trump, el jefe de la mayoría republicana en el Senado Mitch McConnell y el líder del comité Judicial del mismo Lindsey Graham anunciaban sus planes. Tres días después, ya trascendió el nombre de la candidata favorita. Esto a escasos días de unas elecciones cruciales que podrían resultar en un nuevo presidente y un Senado controlado por los demócratas.

    El argumento de esperar hasta después de que asuma un nuevo presidente es moral, además de político. Hace cuatro años el mismo McConnell impidió por un año que el presidente Obama presentara a su candidato argumentando que estando cerca de las elecciones los votantes deben decidirlo. Ahora, con sorna, aclaran que fue solo un ardid.

    El proceso debería tomarse con seriedad y sin politización. Pero esto no parece posible. Porque el argumento republicano es amoral, además de político.

    He aquí la verdadera y última razón por la que Donald Trump deposita toda su esperanza de victoria en el reemplazo de Ruth Bader Ginsburg por una jueza archiconservadora: ante el resultado de las elecciones, él apelará ante la Corte Suprema, que le dará su aval.

    Una nueva situación

    Hay una nueva situación que cambia la presente campaña electoral. Temas como el derecho al aborto y la tenencia de armas podría cimbrar al electorado y reemplazar las cuestiones del momento.

    Los políticos de buena voluntad en el Senado deberían reaccionar a este intento de derribar lo poco de decoro y colaboración que quedan en nuestra Cámara Alta.

    Y dedicar estos días a honrar la memoria y el legado de Ruth Bader Ginsburg.

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