Somos migrantes; ¿por qué nos odian?

Somos migrantes; ¿por qué nos odian?
Somos migrantes; ¿por qué nos odian?

¿Por qué nos odian? Quienes migran –migramos- siempre anhelamos volver a la tierra. Pero no se puede. No así. No por ahora. En nuestro terruño pervive lo que nos hizo alejarnos. La violencia, la carestía, un modelo de explotación que parece interminable. Eso por lo cual nos echamos a andar sin volver la vista atrás. El sistema nos arrojó de ahí. Fuimos lo suficientemente temerarios como para lanzarnos en búsqueda de una nueva oportunidad. Pero nadie, mucho menos nosotros, sabe si lo lograremos.

Luego aquí están quienes llegaron antes. Somos apenas la cola de la serpiente. Un animal tan grande y tan largo que se extiende por siglos, milenios. Quienes aquí yacen no son diferentes a nosotros. Son apenas otra parte del monstruo.  Pero el hecho de que llegaran primero les otorga un derecho sobre el suelo que hoy nosotros pisamos por primera vez. Esa es su conquista. Se la arrebataron a otros antes que ellos o bien escarbaron el piso para conseguirla. Y no nos la cederán, porque es apenas su primera esperanza luego de haber huido. Como nosotros lo vinimos haciendo. Es su salvación. Su renacer.

Por eso nos odian a pesar de ser iguales. Nos quieren lejos de aquí. Ese cuarto que habitan, ese trabajo en el cual son explotados, lo ganaron cuando la suerte les apostaba que no lo lograrían. No se dan cuenta que reproducen la misma miseria de la cual huyeron. Pero no importa, porque este es otro cielo. Y como ya no tienen la tierra, les sobra ese mirar a las nubes imaginando que ahora es diferente. Que ya no son esos, los excluidos, los que un día salieron del hoyo al que renunciaron. Ellos y nosotros ahora somos extranjeros, refugiados, emigrados. Usamos un apellido distinto a nuestro nombre común: los desechados.  

Nos fuimos porque no había paz, ni futuro. Y acá tampoco, pero al menos el dinero vale más. Por esa bicoca venimos. Porque bajo este capitalismo, un poco más de paga es un poco más de libertad. Esa que allá no teníamos porque no podíamos ni pagar el gas. Claro que allá, como aquí, la policía igual nos perseguía, porque aunque éramos legales, también eramos pobres. Entendimos entonces que la plata compra la vida. Y nos echamos a andar a otra tierra, para que nuestra sangre tuviera más valor.  

Por eso, quienes aquí están, odian a quienes vamos llegando. Ahora tienen otro precio y otro patrón. Nos toca conseguir el propio. Si no es aquí, cerca de aquí. Quizá alguien nos ayude, no lo sé. Siempre hay buenas almas, las que saben reconocerse en nuestra mirada cristalina, confundida, inundada de miedo. Lo que sí sé, es que no hay vuelta atrás.

Twitter: @albertobuitre

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Acerca de Alberto Buitre 14 Articles
Periodista mexicano, autor, bloguero, profesor de filosofía y comunicación. Mitiga escribiendo cuentos su irremediable adicción a la política. Ganador del Premio Nacional de Periodismo contra la discriminación, por la Oficina de la ONU para los derechos humanos en México. Amante de la cerveza, del metal y del buen comer, se pregunta: ¿La humanidad tendrá remedio o, simplemente --como dijo Schopenhauer--, el destino está marcado por nuestra estupidez?