Trump y Echeverría: Candil de la calle

Donald Trump llegó al poder anunciando que era el presidente de la paz, el sería capaz de promover la paz en Ucrania y Gaza, el sentía que tenía el poder para orillar a las partes a una situación de la que la única salida era la paz.

Trump no fortalece la paz y promueve la guerra interna

Según el periódico israelí Haaretz, Trump le ordenó a Netaniahu que terminará la guerra y por otra parte, le lanzó una serie de amenazas a Hamas, que tenían mucha credibilidad.
Con Putin no pudo. En primer lugar, Putin ha aprovechado la problemática para acercarse a China y formar un bloque económico-político que tendrá fuertes repercusiones para el futuro del mundo. Pero además, le queda y requiere fortalecer a Zelensky, lo que no solamente no conduce a la paz sino a la prolongación de la guerra.
Los optimistas dirían, un 50% de éxito no está mal.
Pero la visión de Trump se alejó de los Houthies que son un peligro para el comercio mundial como ya lo demostraron atacando barcos y porque mantiene viva la estrategia de irán para desequilibrar el Golfo Pérsico y el Medio Oriente, tampoco se mete para frenar el genocidio en Sudán. O sea que interviene en dos de las 60 guerras actuales en el mundo, lo que lo lleva a un porcentaje de éxito muy bajo, aunque simbólicamente muy importante.
Pero en la oscuridad en casa, Trump ataca con denuedo las posibilidades democráticas, se ensaña en contra de los estados y ciudades gobernadas por demócratas, trata de ahorcarlas financieramente y lanza a las tropas para atacar un problema de seguridad inexistente.
Al mismo tiempo, atenta contra lo que se pensaba era un sólido sistema judicial. Indultó a los que invadieron el Congreso en 2020, y utiliza el sistema judicial para atacar a sus “enemigos”, o sea, a todos aquellos que tienen que ver con los procesos judiciales en los que se le encontró culpable, y contra los que se atreven o atrevieron a criticarlo.
Hasta la Migra revisa celulares para ver si contienen críticas a Trump y si las encuentran, prohíben la entrada al país.

Trump promueve miedo, mucho miedo

Paz afuera y guerra adentro. Y se queja junto con sus corifeos porque no le dieron el Premio Nobel de la Paz.
Analizando a Trump me vino a la mente Luis Echeverría que hizo básicamente lo mismo, aunque con menos fuerza y con resultados simbólicos de poca relevancia política.
Fue corriendo a apoyar a Salvador Allende y a abrirle la puerta a los perseguidos de las dictaduras militares en Sudamérica.
Rompió con Franco después de la ejecución de opositores al régimen. Según el trataba de tirar al gobierno.
Se enfrentó a Estados Unidos, con el tema del mar patrimonial, con el abrazo a Arafat y varias acciones judeófobas como equiparar al sionismo con el racismo.
Aquí no tuvo el menor porcentaje de éxito, ni tiró a Franco, ni debilitó a las dictaduras latinoamericanas y en cambio, creó injusticias contra académicos mexicanos y tuvo que sacrificar a su secretario de Relaciones Exteriores frente a la presión de Estados Unidos.
Pero su oscuridad en casa fue la persecución y asesinato de estudiantes (10 de junio) y la guerra sucia, muy parecida o inspirada en las dictaduras que supuestamente atacaba.
Echeverría no quería el Nobel, él quería ser secretario general de la ONU, aspiración apropiada a su megalomanía.
Una de las teorías de la guerra dice que hay que buscar un enemigo externo para distraer la acción contra el enemigo interno.
Los militares argentinos lo hicieron con las Malvinas. Y Echeverría arma una agenda internacional, mientras asesina a la disidencia interna.
Los críticos de Echeverría lo acusaron de genocidio y el abogado encargado del encausamiento enderezó tal acusación, tal vez a sabiendas de que perdería el caso.
Echeverría fue culpable de crímenes de lesa humanidad y Trump es culpable de tratar de destrozar el sistema jurídico y la democracia estadounidense.
Si ponemos en la balanza las acciones de ambos, aunque el cese del fuego en Gaza merece reconocimiento, no solamente no merecen premio alguno, sino que se han ganado el repudio mundial.

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