Venezuela: entre el gobierno y el pueblo

Si se tratara de defender la libertad, EE.UU. debería invadir y detener a los líderes de Myanmar, Nigeria, Mali, Burkina Faso, Guinea, Chad, Egipto, Tailandia, Corea del Norte...

Los pueblos tienen los gobiernos que se merecen y los gobiernos tienen los pueblos que se merecen. Los pueblos eligen gobernantes tóxicos y esos gobernantes moldean a sus pueblos a su imagen y semejanza.
La cuestión de la gobernación es muy complicada. Solamente en las mentes existe el modelo ideal de que existe la democracia, como el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, formulación estadounidense del principio griego del gobierno del pueblo.
Los griegos generaron esta propuesta para contraponerla a las nociones de:
Monarquía – gobierno de un individuo que ha heredado el puesto.
Oligarquía – gobierno de un grupo selecto de individuos.
Tiranía – gobierno de un individuo que se ha hecho con el poder de manera anticonstitucional.
Pero la Democracia – era el gobierno del pueblo, compuesto por los ciudadanos varones.
El truco está en la definición de pueblo, que se basa en exclusiones.
Pero también está la cuestión de la elección.
Conforme avanza la civilización occidental, las formas de elección/selección de los gobernantes se va modificando.
En la época de las monarquías pesaba mucho la mano que imponía la corona, por ejemplo, la del Papa.
Llega la Revolución Francesa, que le regala al mundo la elección por el pueblo acompañada con la guillotina, para los disidentes.
Y junto con las elecciones llegaron las trampas para asegurarse que ganara quien los grandes poderes querían que ganara. Dicen que el patriarca de los Kennedy compró la elección de su carismático hijo John, aunque antes llegaron los golpes para deponer al gobierno que no le gustaba a ciertos intereses.
El golpe se fue refinando, desde los grupos militares que daban un golpe certero deponiendo a la persona electa (Allende), hasta las doctrinas de desplazamiento del poder cultivadas por el ejército de Estados Unidos en su larga e inútil batalla en contra del comunismo y hasta llegar hoy en día, a los golpes suaves, que consisten de cinco etapas, a saber:
  • Primera: promover acciones no violentas para generar y promover un clima de malestar en la sociedad, destacando denuncias de corrupción, promoción de intrigas o divulgación de falsos rumores.
  • Segunda: desarrollar intensas campañas en “defensa de la libertad de prensa y de los derechos humanos”, acompañadas de acusaciones de totalitarismo contra el gobierno en el poder.
  • Tercera: lucha activa por reivindicaciones políticas y sociales y en la manipulación del colectivo para que emprenda manifestaciones y protestas violentas, amenazando a las instituciones.
  • Cuarta: ejecutar operaciones de guerra psicológica y desestabilización del gobierno, creando un clima de «ingobernabilidad».
  • Quinta: forzar la renuncia del presidente de turno, mediante revueltas callejeras para controlar las instituciones, mientras se mantiene la presión en la calle. Paralelamente, se prepara el terreno para una intervención militar, mientras se desarrolla una guerra civil prolongada y se logra el aislamiento internacional del país.
Hay un proceso por medio del cual un golpe instaura a militares o a un títere de ellos, que llega a normalizarse por medio de la aceptación de grupos influyentes, como por ejemplo la oligarquía, y posteriormente se legítima en las urnas. Este es el caso de Panamá.
Y es el caso de la Venezuela actual.
Los chavistas usaron las mismas trampas que usó en México el PRI durante décadas para mantenerse en el poder: fraude electoral, cooptación, clientelismo, represión. Y la sociedad por más esfuerzos que hacía, no podía derrotarlos en el terreno político electoral.
Pero a Estados Unidos se le ocurrió que no quería a ese presidente, en buena medida por la doctrina anti comunista y posiblemente por un desdén personal entre gobernantes.
Recurrió a muchos recursos para deponer al presidente, desde intentos de asesinato, hasta la promoción del golpe blando, y finalmente, recuperando su sentimiento de policía del mundo: invadió el país, bombardeo instalaciones y detuvo al gobernante con su esposa, para llevárselo y ponerlo ante un tribunal. Falta ver si tendrá un juicio justo, o si podrán probarle que es la cabeza de un cartel de narcotraficantes.
Hay una seria violación a las leyes internacionales, establecidas para respetar a los demás (países y sociedades), acción que no se justifica ni siquiera ante el reclamo de sectores sociales por mucho reconocimiento que hayan recibido líderes opositores. Ya Estados Unidos reconoció en una ocasión a un presidente de facto.
Si se tratara de defender la libertad, Estados Unidos debería invadir y detener a los líderes por golpe militar por lo menos en Myanmar, Nigeria, Mali, Burkina Faso, Guinea, Chad, o con dominio militar abrumador, Egipto, Tailandia, Corea del Norte.
Pero resulta que la posible nueva líder venezolana le ofreció a Estados Unidos el acceso a las grandes riquezas del país y entonces encontramos que la lucha parece no ser, ni por humanismo, ni por libertad, ni por democracia, sino por petróleo.
El oro negro que se convierte en la maldición de un pueblo.

Autor

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    SAMUEL SCHMIDT. Research Fellow en LLILAS, University of Texas, Austin. Miembro fundador del Instituto para Estudios del Futuro. Pos doctorado en Historia Latinoamericana por la Universidad de California en Los Angeles, Dr. En Ciencia política por la UNAM. Maestría en Ciencias Sociales, Universidad Hebrea de Jerusalén. Autor de 52 libros, más de 1,000 artículos. Creador de los conceptos crimen autorizado, tejido político, estado suplantado. Experto en humor político, análisis de redes políticas y crimen autorizado o la relación entre crimen y política.

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