América Latina y El Caribe condicionados por la deuda externa

Entre los grandes retos se cuentan la refinanciación y los vencimientos concentrados

Fortalecida aún más por los requerimientos de financiamiento extraordinario que implicaron los años de la pandemia – 2020 y 2021 – la deuda externa total de Latinoamérica y el Caribe se acerca ahora a fines de 2025 a 2 millones de millones (10 a la 12 potencia) de dólares. Desde 2019 el aumento de este indicador en la totalidad de países de la región ha sido de casi 110,000 millones de dólares.

Un problema creciente

No se han tenido problemas que pudieron haber saltado a los titulares de la gran prensa debido a que los países deudores en general, han cumplido con los pagos del servicio de los empréstitos. Los acreedores no se han sentido, en medio de todo, defraudados en el cumplimiento de contratos. Sin embargo, según las estadísticas del International Debt Statistics del Banco Mundial, el monto total de deuda externa de la región creció de forma sostenida en los últimos diez años. Este incremento refleja tanto emisiones soberanas en mercados internacionales como mayor endeudamiento de empresas y bancos en moneda extranjera.

Tal y como se puntualizaba al inicio de esta nota, la pandemia del Covid-19 actuó como punto de inflexión. Con el fin de contener la crisis sanitaria y la caída de la actividad, los gobiernos implementaron paquetes fiscales y programas sociales que elevaron rápidamente el gasto público y, en muchos casos, el déficit fiscal. El Fondo Monetario Internacional y otros organismos registraron un alza generalizada de la deuda pública en la región durante y después de la crisis sanitaria: la pandemia no solo aumentó los niveles de deuda, sino que también deterioró las cuentas fiscales -reducción de ingresos y mayor gasto- que han dejado a varios países en una posición de mayor vulnerabilidad.

Como parte de las más importantes repercusiones de la deuda externa regional, el servicio de los préstamos -pagos de intereses y amortizaciones- es una porción relevante del gasto público en varios países. En algunos de los países analizados por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, el servicio de la deuda pública absorbía ya cerca del 10% del gasto público en grupos representativos de economías de la región, reduciendo espacio fiscal para inversión en infraestructura, salud y educación.

Los riesgosos costos de ser países deudores

Esto es particularmente preocupante, dado que estos pilares de inversión son factores que asegurarían lo sostenibles respecto a los esfuerzos de desarrollo económico y social, de superación sostenida de las condiciones de pobreza, tanto total como extrema o indigencia.

Cuando los datos se analizan en términos más específicos, es posible notar que los grandes deudores de Latinoamérica evidencian situaciones heterogéneas. Brasil, por ejemplo, la economía que constituye un 32% del Producto Interno Bruto (PIB) regional, mantiene un alto nivel de deuda pública en relación con su producción total. Esta nación ha visto elevar los costos de financiamiento doméstico y externo en contextos de tasas internacionales más altas. No obstante, buena parte de su pasivo está en moneda local, lo que reduce el riesgo cambiario, pero no elimina la presión por intereses crecientes.

Por otra parte, Argentina – la tercera economía regional luego de Brasil y México – vive una situación más tensa: combinaciones de deuda externa con vencimientos concentrados, presiones sobre reservas y necesidad de apoyo multilateral han marcado su agenda en los últimos años. Todos sabemos los costos notables que están teniendo los programas de ajuste del mandatario Milei desde Buenos Aires.

Otros países – como Colombia, Chile, Perú o México – enfrentan distintos grados de exposición a deuda externa y riesgos cambiarios, pero en general han visto una carga mayor por el servicio de la deuda frente a una perspectiva de crecimiento moderado. Informes recientes y colocaciones / operaciones financieras de esos países ilustran la variedad de estrategias que están utilizando, como reestructuración de deudas, ajuste de plazos de pago, emisiones, financiamiento multilateral.

Las crisis sociales sin soluciones mágicas

Existen varios riesgos y retos que deben enfrentar los países deudores. Entre ellos primero, los problemas de refinanciación y vencimientos concentrados. Esto se refiere a que, si muchos vencimientos se concentran en períodos cortos, los países pueden enfrentar tensiones cuando los mercados estrechan liquidez; es decir se deben enfrentar condiciones de poco acceso a financiamientos frescos.

Otro riesgo es el relativo a la vulnerabilidad cambiaria; en este caso, los pasivos en dólares, por ejemplo, exponen a los países a depreciaciones cambiarias, lo que eleva el costo real de los empréstitos. Otro aspecto es que los elevados montos de servicio de la deuda reducen las capacidades de inversión pública, haciendo decaer los niveles de crecimiento,  y promoviendo la existencia de ciclos viciosos de subdesarrollo.

Además, con las dificultades de la deuda se profundizan las condiciones de problemas sociales y políticos. Los ajustes fiscales bruscos pueden aumentar desigualdad y tensiones entre grupos sociales, con lo que se ven rápidamente comprometidas la gobernabilidad y la efectividad institucional.

Es una práctica por demás arriesgada para los países que algunos gobiernos, con base en lo limitado de los períodos presidenciales, aumenten la deuda y dejen problemas cada vez mayores a los líderes que los substituyan en los diferentes poderes del Estado. Se trata de una práctica irresponsable.

No hay soluciones mágicas pero sí rutas prudentes: manejo de vencimientos, cooperación internacional y una estrategia de inversión pública orientada a productividad. Estos  elementos pueden reducir el riesgo de que la deuda se convierta en una genuina bomba de tiempo.

Autor

  • Giovanni E. Reyes

    Giovanni Efrain Reyes Ortiz, Ph.D. en Economía para el Desarrollo y Relaciones Internacionales, de la Universidad de Pittsburgh, con post-grados de la Escuela de Altos Estudios Comerciales -HEC- en París, Francia, y de la Universidad de Harvard. Ha sido Director de Integración Latinoamericana y del Caribe en el Sistema Económico Latinoamericano y Director de Informe en Naciones Unidas.

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