Cómo serán las cosas al final de la pandemia

Abunda la impresión de que nada será igual al paso de la pandemia. Muchos aspiran/desean/anhelan que la pandemia sea una suerte de parteaguas para corregir las múltiples distorsiones/males que nos aquejan. Esta actitud puede muy bien mostrar el nivel de descontento/agobio con la situación de las cosas bajo las que vivimos.

El mismo mundo de desigualdad

Nos habíamos acostumbrado, aunque lo rechazáramos, a un mundo de desigualdad, de capitalismo salvaje dónde todo se valía con tal de enriquecerse rápido y sin considerar a quién se afecta. Muchos se lanzaban al infierno de las drogas para enriquecerse muy rápido aunque supieran que la vida era corta y que esa época hedonista duraría poco tiempo. Las sobredosis de todo, de heroína, met y dinero eran el pan de cada día aunque no todas fueran igual de mortíferas en lo individual pero hicieran grandes daños sociales.

Vivimos tiempos de egoísmo exacerbado. Que importa si el vecino se hunde mientras yo me eleve. Qué importa que la mayoría de muera de hambre y pierdan el futuro si yo puedo comprar residencias en varias partes del mundo o viajar en jet privado. Aquel que quiera flotar se lo puede llevar el demonio. Vivimos bajo la ley del gallinero, el de arriba caga al de abajo, pero cada día son menos los de arriba.

Caminamos por tiempos de falta de respeto a las reglas, dónde la realidad hace ver a la ficción como un juego de niños. Abundan las series de televisión que muestran policías corruptos, maestros de química que pueden elaborar drogas en la cocina de la casa y personas que les importa un carajo la alerta sanitaria y deberá ser el Estado quién tendrá que hacerse cargo de su atención.

Si es distinto, es peor

Cada día nos alarmamos ante los religiosos que se juntan a rezar para que dios pare el contagio y se convierten en bomba de tiempo para los que creen que solamente la distancia lo frena. La ciencia sigue enfrentada a la superstición y el fanatismo.

Vivimos tiempos de ambición desmedida, dónde abundan quienes incrementan los precios frente a la demanda aumentada por el pánico apabullando la economía familiar y políticos que buscan más poder aunque pisoteen la democracia.

¿Por qué esperar que el mundo sea distinto cuándo la pandemia pase? Consideremos que aquellos que piensan que el mundo sea distinto es porque desean que sea mejor, pero puede ser lo contrario y que como resultado de la pandemia empeore.

¿Acaso la oligarquía se volverá humanista?

En México ya le ha declarado la guerra abiertamente a un gobierno electo y hasta le reclama a las fuerzas armadas por ponerse del lado de la institucionalidad. Un empresario famoso por recibir una fortuna del gobierno, por financiar a Maciel, el cura pederasta, a la ultraderecha, ahora anuncia que incrementará su lucha contra un gobierno electo, tratando de usar la pandemia para impulsar un golpe de Estado que lo beneficie.

Los placeres más perversos

¿Acaso el paso de la pandemia nos liberará de las actitudes auto gratificadoras que facilitan la explotación y corrupción? O eliminará la búsqueda de placeres perversos, como los de esos jóvenes que van a escupir sobre productos perecederos, a toserle encima a la gente, o los animales que intervienen en las comunicaciones en línea que se desarrollan para paliar el encierro: un joven vio arruinada la defensa de su tesis doctoral porque un enfermo puso marcas pornográficas en la comunicación.

Ante la pandemia muchos gobiernos están lanzando grandes cantidades de dinero y los empresarios exigen rescate y liberación de cargas. Aunque no ofrecen regresar la fortuna que han fugado durante décadas. ¿Quién garantizará que los abusadores de siempre no se hagan de los grandes recursos que estarán disponibles? Ya se encontró a funcionarios robando a los pensionados. ¿Acaso después de la pandemia se reducirá la distancia económica y social?

El altruismo parece estar relegado a un lugar muy menor. Muy pocos continúan con sus acciones filantrópicas, pero muchos más le exigen al gobierno los recursos que le corresponden a las grandes mayorías desposeídas. Algunos para tranquilizar sus conciencias arman despensas precarias ¡bravo! Pero no hacen y tal vez ni harán lo posible porque el sistema funcione de otra manera. No renunciarán al régimen de privilegio e impunidad. Lo que tratan es de reducir sus perdidas o anularlas, y por supuesto, como siempre han hecho, trasladarle a otros la responsabilidad socializando las perdidas que ayudaron a crear.

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Autor

  • Samuel Schmidt

    Investigador visitante en UT Austin. Chair, International Advisory Board for Immigration Studies. U.S.-Mexico Research Program. UCLA. Director asociado de la revista Araucaria. Director del semanario El Reto. Testigo experto en juicios de asilo político y para frenar deportación de mexicanos en Estados Unidos. Posdoctorado en Historia, University of California, Los Angeles. Doctor en Ciencias Política (UNAM). 35 libros publicados y más de 1,000 artículos. Traducido al inglés, francés e italiano. Pionero en varias áreas de investigación: análisis de redes políticas, estudios sobre humor político, democratización en México, temas fronterizos (agua, migración y seguridad) y sobre Crimen Autorizado.

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